Ante la reanudación progresiva de las actividades escolares, desde Cecodap reiteramos que el derecho a la educación debe garantizarse en condiciones de seguridad, protección y bienestar para todos los niños, niñas y adolescentes.
Los recientes terremotos del 24 de junio de 2026 han dejado pérdidas humanas, familias desplazadas, viviendas destruidas, escuelas afectadas y comunidades profundamente golpeadas. En este contexto, el regreso a clases no puede entenderse únicamente como la reactivación del calendario escolar. Debe formar parte del proceso de recuperación integral de la niñez y la adolescencia.
Nos encontramos en las últimas semanas del año escolar. Por ello, la principal misión de la escuela en este momento no es solo culminar contenidos académicos o completar procesos administrativos. Hoy la escuela es más necesaria que nunca porque constituye un espacio de protección, estabilidad, encuentro y esperanza para niños, niñas, adolescentes, docentes y familias.
Sabemos que no todos los hogares ni todos los y las estudiantes están en condiciones para continuar el año escolar. Pero para quienes tienen la posibilidad de volver al aula, esto significa recuperar rutinas, reencontrarse con compañeros y docentes, expresar emociones, reconstruir vínculos comunitarios e identificar oportunamente a quienes requieren apoyos especializados. Después de un desastre, la escuela puede convertirse en uno de los principales factores de protección para la infancia, siempre que existan condiciones adecuadas para ello.
En este sentido, consideramos que el proceso de retorno debe orientarse por los siguientes principios:
1. Escuelas seguras:
El reinicio de las actividades educativas debe realizarse únicamente cuando existan condiciones que garanticen la seguridad de toda la comunidad educativa. La protección de la vida y la integridad de estudiantes, docentes y trabajadores constituye la primera prioridad.
2. Bienestar socioemocional como prioridad educativa:
Estas semanas deben aprovecharse para brindar contención emocional, acompañar procesos de duelo, fortalecer la resiliencia e identificar tempranamente a quienes requieran atención especializada. El cuidado del bienestar emocional es hoy tan importante como la continuidad de los aprendizajes.
3. Flexibilidad pedagógica y administrativa:
Las consecuencias del desastre no han sido iguales para todas las familias. Las decisiones relacionadas con evaluaciones, actividades pedagógicas, promoción y cierre del año escolar deben considerar las distintas realidades que viven niños, niñas y adolescentes, evitando que la emergencia genere nuevas situaciones de exclusión o rezago educativo.
4. Corresponsabilidad y solidaridad en la educación privada:
La emergencia también ha impactado los presupuestos de muchas familias. Si bien las instituciones educativas privadas requieren recursos para garantizar su funcionamiento, resulta necesario construir acuerdos equilibrados, cronogramas flexibles y modalidades de pago que no representen una carga adicional para quienes han sido afectados por el desastre. La permanencia escolar debe ser una prioridad compartida.
5. Protección integral:
El regreso a clases debe fortalecer la articulación entre escuelas, familias, Consejos de Protección, servicios de salud, protección civil y organizaciones humanitarias, con el fin de identificar y atender oportunamente situaciones de vulnerabilidad o riesgo.
6. Cuidado integral del personal docente y directivo:
Reconocemos que las y los educadores también son víctimas de esta emergencia. Es indispensable generar espacios de apoyo psicológico para el personal educativo, así como flexibilizar las exigencias administrativas hacia ellos, priorizando su bienestar para que puedan brindar el apoyo necesario a sus alumnos.
7. Prepararnos para futuras emergencias:
La experiencia vivida debe convertirse en una oportunidad para fortalecer la educación en gestión del riesgo, promoviendo conocimientos, capacidades y prácticas que permitan a las comunidades educativas responder de manera más segura ante futuros eventos.
La recuperación de un país no comienza únicamente con la reconstrucción de edificios o servicios. También requiere reconstruir confianza, vínculos y sentido de comunidad. En esa tarea, la escuela desempeña un papel insustituible.
Desde Cecodap hacemos un llamado a que estas últimas semanas del año escolar sean asumidas como un tiempo para cuidar, escuchar y acompañar. Más allá del cierre pedagógico y administrativo, este es el momento de reafirmar que la educación también protege, que la escuela también sostiene y que ninguna niña, niño o adolescente debe enfrentar solo las consecuencias de esta tragedia.
Hoy, más que nunca, la escuela debe ser un lugar donde cada niño, niña y adolescente encuentre seguridad, apoyo, afecto y la posibilidad de comenzar a reconstruir su proyecto de vida
Cecodap
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