Su vida dio un giro de 180 grados, no solo para ella, también para su entorno. Su mayor temor se hacía realidad: la posibilidad de una detención era inminente y el tiempo jugaba en contra. En menos de cinco días, tuvo que armar un pequeño bolso y emprender la salida hacia el país más cercano; en su caso, Brasil.
Salió de Ciudad Guayana el 21 de julio del 2025. “Pasaba las alcabalas con el temor de que ya tuvieran mi orden de aprehensión y me detuvieran. Atrás dejaba a mi familia, pero sobre todo a mi hija; una conversación que no fue nada fácil de tener”, relató María*, quien estaba vinculada a un partido opositor y vivía en el municipio Caroní del estado Bolívar, al sur de Venezuela.
La joven madre habla sobre la relación con su hija tras 7 meses en el exilio. Admite que, en general, la niña de 7 años está bien: “Lo único que ha cambiado es que ahora tiene muchos episodios de berrinches que mi familia no sabe controlar, pero siempre terminan en lo mismo: ‘extraño a mi mamá’, ‘quiero a mi mamá’. Ella sigue siendo la misma, pero con esos episodios”.
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Ante la interrogante de si la niña manifiesta sentimientos de abandono, María dice que su hija “sabe que es algo temporal. Constantemente me pregunta cuánto falta para que regrese”.
“Trato de ser lo más neutral posible y darle a entender que es un proceso momentáneo, que no va a durar toda la vida y que, cuando volvamos a estar juntas, va a ser para siempre”, sumó con la voz entrecortada.

La dura realidad
María era muy activa en el partido: asistía a reuniones en el comando, movilizaciones de calle, logística, concentraciones y todo lo que ameritaba estar ligada a un partido político. Para su hija esto no era algo extraño: sabía a qué se dedicaba su mamá, escuchaba conversaciones y “tenía una idea bastante clara sobre lo que estaba pasando”.
“Ella sabía lo que ocurría porque cuando me tocaba pasar días sin hacer ruido ni prender las luces en mi propia casa, porque afuera estaban vigilando, ella estaba conmigo”.
Ante la pregunta de cuándo va a volver, María respira y responde: “Le digo que aún hay personas que no me quieren allá y puede ser peligroso porque puedo terminar en la cárcel. Trato de ser muy clara; no me gusta mentirle ni disfrazarle las cosas. Definitivamente hablo con la verdad adaptada a su edad”.
Adaptarse a la nueva realidad
El celular se ha vuelto su mejor aliado en estos tiempos de maternidad a distancia. A través de videollamadas diarias, María acompaña a su hija durante las horas de ocio. Al mismo tiempo, la red de apoyo en el país ha sido clave para que la niña gestione una vida normal, ya que las actividades escolares y cotidianas las cumple con sus familiares en casa.
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“Realmente yo no soy su sustento económico diario; su padrastro, más padre que nada, es quien la ayuda. Yo estoy para contribuciones muy específicas: algún aporte para el colegio, un paseo extra… cositas así. Gracias a Dios, mi expareja entiende bastante bien el proceso por el que estoy pasando y no ha sido un problema. La vida de la niña sigue siendo igual, solo que sin mi presencia y pasando un poco más de tiempo en casa de sus abuelas”, relató.
Los planes de encontrarse pronto están latentes: “Si todo sale como quiero, puede que en sus vacaciones venga de visita. La esperanza la mantengo con la verdad, nunca con metáforas o historias inventadas. Siempre es: ‘Hija, yo quiero volver, voy a volver, te extraño mucho, pero aún no es el momento’”.
El miedo sigue allí a pesar de estar a kilómetros de distancia, pero a eso se le suma el temor de que su hija empiece a sentir abandono o que, al crecer, “tenga la idea de que me fui por gusto o por razones tergiversadas”.
Para María, la frontera es una línea en el mapa. La realidad es que se ha convertido en el único puente que mantiene a salvo el mundo de su hija. Mientras el regreso sigue siendo una promesa suspendida en el tiempo, ella se aferra a la pantalla del celular sabiendo que, aunque hoy solo sea una voz y una imagen pixelada, su exilio es una lucha para que el día de mañana la libertad no sea un recuerdo, sino el lugar donde ambas puedan volver a abrazarse.
***
*María es un nombre ficticio, utilizado para proteger la identidad de quien relata esta historia.
Pableysa Ostos
Corresponsal de la Agencia de Periodistas Amigos de la Niñez y Adolescencia en Ciudad Bolívar (Bolívar)
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