Cuando la tierra ruge y el miedo se instala, los adultos suelen buscar respuestas en las cifras, en la reconstrucción material y en los planes de emergencia. Sin embargo, en medio del caos que dejaron los recientes terremotos en Venezuela, una respuesta surge desde el rincón más inesperado: la mirada de la niñez.
Ellos no solo experimentan la tragedia; también son parte fundamental de las soluciones, transformando el dolor en empatía.
Amelie, una niña de 9 años nacida en Mérida y que actualmente vive en Valencia, es un testimonio de resiliencia, empatía y creatividad. Su historia demuestra cómo la niñez puede ser parte activa de la reconstrucción emocional tras una emergencia.

Guiada por el amor de su hogar, decidió crear, con sus propias manos, títeres que ayuden a contrarrestar la tristeza de quienes lo perdieron todo. Tomó algunas medias, ojos saltarines, cartulinas, foami, lana, pompones de colores, silicón, tijeras, cintas, agujas e hilo, y empezó a trabajar.
Eligió hacer títeres con medias porque es algo que su mamá le enseñó desde muy pequeña; disfruta decorarlos y jugar con sus manos mientras los elabora.
Juntas, Amelie y su mamá, en un trabajo en equipo impecable, transforman simples calcetines en personajes listos para abrazar.

Mientras su madre maneja la pistola de silicón para la base y diseña pelucas o lazos, Amelie vierte en cada pieza su ingrediente principal: el amor y la alegría de una niña que busca que otros niños, niñas y adolescentes vuelvan a sonreír.
“Unos títeres superpoderosos”
A medida que los materiales toman forma, nacen las identidades. Elmo, Lucía, Ternurita, Draguin, Cariñosa, Colmillín, Pelirroja, Amorosita, Abracito, Amori, Felicit y Risita son algunos de los nombres que surgen según lo que dicta su corazón en el momento de la creación.
Mientras trabaja en ellos, Amelie les habla.

En medio de esa inocencia mágica y a la vez sabia de la infancia, los títeres le responden y le revelan sus «superpoderes».
No vuelan ni tienen visión láser; sus dones son mucho más urgentes para la Venezuela de hoy: el poder de dar superabrazos, la fuerza del país, la capacidad de sentir el amor de mamá y papá, y el superpoder de nunca rendirse y seguir adelante.
Su personaje favorito es Ternurita, creado específicamente para dar afecto. «Es mi favorito porque ella está allí para darte un abrazo y hacerte sentir el amor de mamá y papá», explica la pequeña, consciente de que muchos niños y niñas en las zonas afectadas sufren hoy la ausencia o el dolor de sus familias.
La niñez, parte activa de la reconstrucción del país
La iniciativa de Amelie demuestra que la niñez no debe ser vista únicamente como una población vulnerable, pasiva o indiferente ante los desastres naturales. Su capacidad para procesar el trauma a través de la solidaridad y la creatividad la convierte en un actor clave de la sociedad.
Un títere en manos de un niño herido o triste no es solo una forma de entretenimiento; es una herramienta de soporte psicoemocional, un canalizador de afectos y un recordatorio de que no están solos.
Al preguntarle cómo imagina el momento en que sus creaciones lleguen a los refugios, el rostro de Amelie se ilumina: «Me gustaría ver las caras de todos los niños contentos al recibir un títere. Ellos tenían todo antes del terremoto y después lo perdieron todo».
Lo que Amelie está haciendo nos recuerda que la reconstrucción de un país no solo se hace con cemento y bloques, sino también con sonrisas.
No hay ayuda pequeña ni edad mínima para transformar el dolor en esperanza. En cada media decorada, en cada personaje que viaja hacia las zonas afectadas, va un pedacito del corazón de una niñez que, a pesar de las adversidades y el dolor, se niega a rendirse.
Hoy están en la «etapa de producción». Cuando tengan un número cuantioso para niños, niñas y adolescentes sobrevivientes planificarán la posibilidad de llevarlos a algún refugio de Caracas o a donde se reciba a las infancias afectadas en Valencia.
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Emmanuel Rivas
Corresponsal de la Agencia de Periodistas Amigos de la Niñez y la Adolescencia en Mérida.
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