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En Antímano el regreso a clases va por el carril lento

Caracas.- Pisa la mitad de octubre y aún las clases del período escolar 2026-2027 van por el carril lento. Antímano, una de las zonas más vulnerables y pobladas del oeste de la ciudad capital, enfrenta uno de los momentos más críticos de su historia reciente. El impacto de un severo doblete sísmico, del 24 de junio de este año, dejó profundas grietas en su tejido urbano, afectando en especial a las edificaciones del sector educativo: de los 66 centros escolares que funcionan en la parroquia, 49 resultaron afectados en su infraestructura*.

Hoy, entre escombros, polvo y órdenes de demolición, las comunidades educativas hacen un esfuerzo heroico para mantener abiertas las puertas de los planteles. Uno de ellos es el Colegio Dr. Prisco Villasmil —institución con más de seis décadas de trayectoria ligada a la red Fe y Alegría—, donde se refleja la magnitud del desastre.

La evaluación de riesgos allí fue contundente: de sus cuatro módulos, dos están en condición “amarilla” y los dos restantes, que albergan la totalidad de las aulas de clase, tienen etiqueta “roja”. En la institución trabajan 58 personas entre obreros (10), empleados (seis) y docentes de educación inicial, primaria, técnica y directivos.

“La decisión es demoler”, confirma la profesora Rosa Mazzarella, integrante de la directiva del plantel. La matrícula original era de 662 alumnos. Para el 5 de octubre tenían casi 400 inscritos. Faltaba concretar el proceso con más de 262 estudiantes. “Muchos representantes aún no tienen los recursos económicos o temen regresar a la zona, aunque nos han prometido reincorporarse progresivamente”.

La reconstrucción total exige una inversión estimada en 400.000 dólares y un plazo de hasta un año. La esperanza de la comunidad escolar está puesta en la ayuda que se recaude a través del evento nacional Teletón, programado para este 17 de octubre en alianza con el canal televisivo Venevisión. Mientras tanto, la respuesta de los padres ha sido masiva: “Están totalmente comprometidos para que los alumnos no pierdan el año escolar; los pocos que se han retirado han sido exclusivamente por mudanza”, destaca la directiva.

El abrigo de la escuela hermana

Ante la imposibilidad de iniciar el año en sus propias instalaciones, la solución no vino de complejos e inviables planes de rezonificación oficial, sino de la hermandad comunitaria. El Colegio San José Obrero (Fe y Alegría), ubicado justo al frente del Prisco Villasmil, abrió sus puertas para albergar a los estudiantes afectados.

“A principios de septiembre nos reunimos los directores de Antímano para evaluar las instalaciones. La propuesta ministerial de enviar niños a zonas lejanas como Mamera o Carapita era muy compleja para las familias de una parroquia ya colapsada”, explica el director del San José Obrero, Rafael Peña. “Decidimos asumir la contingencia y ser el colegio receptor”.

El San José Obrero, que cuenta con una matrícula propia de 532 estudiantes en educación técnica y 60 en la modalidad de jóvenes y adultos, reestructuró su carga horaria. Para dar cabida al Prisco Villasmil en el turno de la tarde, redujo su jornada matutina hasta las 12:20 p.m.

Producto del financiamiento de Empresas Polar y la Compañía de Jesús («Unidos en la Misión»), la infraestructura dañada del San José Obrero fue reparada y se están tramitando proyectos de adecuación para instalar los laboratorios de Telemática e Informática que requería la institución albergada.

Polvo, pintura y aulas al aire libre

La contingencia educativa en la parroquia se vive con diferentes matices. La experiencia de Arlet Bolívar, madre de cuatro estudiantes distribuidos en tres instituciones de la zona, refleja el malestar diario de las familias.

En la Unidad Educativa Nacional Mercedes Limardo, los niños de primaria solo asisten una o dos veces por semana debido a las obras de reparación. “Hay mucho polvo y un fuerte olor a pintura y químicos”, relata Bolívar. “Mis dos hijos de primaria sufren de asma y este ambiente les afecta la salud, por eso no los he mandado a la escuela. Además, la estructura es muy antigua; hay escaleras despegadas. Tras el susto del terremoto, la presencia en esas condiciones genera mucho impacto emocional. Hemos pedido que se dicten clases virtuales mientras concluyen las obras”.

La incertidumbre se extiende a los liceos secundarios. En el Liceo Felipe Fermín Paúl la reincorporación presencial se ha pospuesto de forma reiterada, mientras que en el Liceo Pedro Ledesma —cuya estructura se encuentra visiblemente ladeada y con amenaza de demolición— el proceso de preinscripción se ha tenido que realizar al aire libre, en el patio, arrancando las actividades estrictamente a distancia. 

En el caso del San José Obrero, los estudiantes han dado muestras de un profundo sentido de pertenencia. Juan Ruiz, estudiante de 6.º año de Educación Media Técnica en Electrónica, acudió por iniciativa propia a su centro de estudios para trabajar como voluntario en la reparación de los espacios.

“Vine a ayudar por mi cuenta al enterarme de que el liceo necesitaba apoyo. Como estudiante, considero que es mi deber aportar un granito de arena para que las obras avancen”, afirma. “Lo veo como un proceso de altibajos: por un lado da alegría colaborar, pero por otro faltan muchas cosas por reparar. En nuestro año nos corresponderá combinar algunas clases preparatorias con el inicio de las pasantías”.

A la par de los arreglos físicos, el abordaje de la salud mental se ha vuelto prioritario. “Estudios anteriores nos revelaron que 7 de cada 10 de nuestros estudiantes prefieren estar en el colegio antes que en sus casas debido a las presiones del entorno”, advierte el director del San José Obrero. Por ello, antes de retomar la presencialidad, implementaron un plan de acompañamiento socioemocional mediante guías virtuales, talleres de arteterapia, dinámicas de meditación y la prohibición del uso de teléfonos móviles en los recesos para forzar la interacción cara a cara y reducir la ansiedad.

La crisis invisible: inflación, salarios y falta de políticas públicas

A los daños materiales dejados por el terremoto se le suma una devastadora crisis económica y social que asfixia a las escuelas. Por primera vez en casi dos décadas, las asambleas de padres en planteles subvencionados han presionado para bajar el monto de las matrículas debido a la pérdida de poder adquisitivo y la inflación.

A su vez, los docentes enfrentan condiciones salariales críticas. “El salario mínimo sigue congelado en 130 bolívares mientras el pasaje y la canasta alimentaria aumentan todos los días”, denuncia el cuerpo directivo. Esta situación dificulta enormemente la retención de profesionales especializados en áreas técnicas y científicas, y provoca la renuncia de profesores con décadas de experiencia que migran al sector privado o al comercio informal.

Sumado a esto, las defensorías escolares y los Consejos de Protección de la parroquia se encuentran desbordados para atender casos de violencia familiar o embarazos precoces en un contexto donde el trabajo informal predomina.

A pesar del panorama adverso, la comunidad educativa del Colegio San José Obrero se niega a rendirse. A través de alianzas con la empresa privada y organizaciones de la sociedad civil, han logrado poner en marcha programas de robótica y pensamiento lógico; atienden a más de 20 estudiantes neuro diversos con apoyo psicológico especializado, y tienen convenios de becas universitarias del 100% en instituciones como la UCAB y la UNIMET para sus egresados.

El inicio de este año escolar en Antímano no queda registrado simplemente en una lista de asistencia. Representa una contienda diaria donde la escuela actúa como el último refugio de protección social para cientos de niños y adolescentes. Como resume, el profesor Peña: “Aquí un estudiante no es un número; es una familia. Salvar a un muchacho y garantizar su continuidad educativa hace que todo este esfuerzo valga la pena”.

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*Este dato se obtuvo de forma extraoficial. 

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Mabel Sarmiento

Mabel Sarmiento

Corresponsal de la Agencia de Periodistas Amigos de la Niñez y la Adolescencia en Distrito Capital.

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