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Amar a Venezuela es preservar su herencia natural

A los venezolanos nos enseñan desde la niñez un canto a nuestra tierra, con un fuerte sentido de identidad y un orgullo inmenso por haber nacido aquí: “Venezuela”, la versión de Luis Silva, explica con detalle la belleza del extenso territorio, nuestra identidad caribeña y la calidez humana del venezolano. Sin embargo, pareciera que en la práctica de ser ciudadanos dejamos de lado la responsabilidad de cuidar, preservar y proteger los ecosistemas naturales que forman parte de nuestros hermosos paisajes.

Siempre fue importante cantar esos versos, pero nunca igual de prioritario activar la consciencia cómo una responsabilidad compartida: la preservación de la belleza está en nuestras manos. Por lo tanto, así como nos enseñan a sentirnos orgullosos de nuestra patria, debemos aprender a cuidarla desde que somos niños. La educación ambiental es un derecho humano y medio fundamental en la construcción de un país más consciente.

En cayo Los Juanes, la celebración de los pasados carnavales de 2026 fue el escenario de una convivencia sin conciencia. Cientos de personas priorizaron el disfrute sin considerar el cuidado del entorno.

Según la Ley Orgánica Ambiental y la Ley Orgánica para la Ordenación del Territorio de 1983, el Parque Nacional Morrocoy es uno de los más de 40 parques nacionales del país, es decir, son áreas protegidas de alto valor ecológico establecidas para preservar ecosistemas, biodiversidad y recursos naturales de intervenciones humanas y junto a los 38 monumentos naturales, y demás Áreas Bajo Régimen de Administración Especial (ABRAE), cubren más de 47% del territorio nacional. En este sentido, tienen el permiso para desarrollar actividades controladas de turismo sustentable, investigación y educación. Los mecanismos de protección no son únicamente para mantener lugares turísticos en las condiciones idóneas y así, ser lugar de encuentros familiares o junto amigos, divertirse y sacarse fotos. Las leyes establecidas tienen cómo objetivo proteger y defender estas áreas donde la vida prevalece a través de ecosistemas que enriquecen la biodiversidad de Venezuela.

Las imágenes fueron compartidas en Tik Tok. Los Carnavales 2026 se salieron de control en Los Juanes, un cayo de aguas cristalinas dentro del Parque Nacional Morrocoy, en el estado Falcón.

En la pasada celebración de Carnaval no se cumplieron las normas y medidas de uso responsable. En el caso de Morrocoy se hizo caso omiso al Plan de Ordenamiento y Reglamento de Uso (PORU) y se detallaron daños ambientales en cuatro aspectos generales: 

  1. La tangana y su impacto en el manglar y coral. Según la fundación Azul Ambientalistas, la tangana en spray al hacer contacto con el manglar crea una pared pegajosa que obstruye sus poros, impidiéndole respirar. En el coral también existe una afectación, pues los compuestos químicos de la sustancia en spray, derivados del petróleo, son absorbidos por sus tejidos. 
  2. El ruido excesivo. Ahuyenta a las especies e interrumpe su comunicación, en especial a las aves que desovan entre islotes o cayos o intentan anidar entre manglares y otras plantas. Afecta directamente en la reproducción de la fauna habitante. Por lo tanto, la recomendación es no superar los 60 decibeles de sonido.
  3. Superación de la capacidad de carga. Hay una cantidad de población límite que un hábitat puede soportar conforme a sus recursos. Exceder el límite es un daño significativo, por ejemplo: si repetidamente las lanchas y embarcaciones hacen trayectos ocasionan que se levante, atropelle, y arrastre la vida marina.
  4. La contaminación por desechos. No solamente aumenta el plástico y otros materiales erosivos en los mares sino que también obstruye la movilización de la fauna y ocasiona el surgimiento de virus y enfermedades en todo el área. Los Juanes es un ejemplo de ecosistema de manglares muy importante que no puede estar en la exposición de basura. 

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La educación ambiental es obligatoria en todos los niveles educativos, según la Constitución. Y se refiere a un “proceso continuo, interactivo e integrador, mediante el cual el ser humano adquiere conocimientos y experiencias, los comprende y analiza, los internaliza y los traduce en comportamientos, valores y actitudes que lo preparen para participar protagonicamente en la gestión del ambiente y el desarrollo sustentable” (Ley Orgánica del Ambiente).

Si queremos lograr que niñas, niños y adolescentes sean conscientes de su rol en la preservación de la naturaleza, opino que la educación ambiental debe reforzar en su pensum curricular la importancia de entender los parques nacionales y las ABRAE desde valores éticos y morales que activen la conciencia individual con el debido respeto a las leyes establecidas. La sensibilización de cada ser humano florece al tener información sobre la realidad del entorno y son las instituciones educativas el espacio más adecuado para empezar a debatir acerca de las problemáticas ambientales que nos rodean cómo sociedad desde una mirada crítica y consciente.

Se trata de guiar a los niños, niñas y adolescentes a entender la importancia de los parques nacionales y las ABRAE dentro de la biodiversidad venezolana a través del intercambio de conocimiento. Por lo tanto, sí se debe tener en cuenta las consecuencias de la sobreexplotación de los recursos naturales y su impacto en la interacción de los ecosistemas, pero también es fundamental la enseñanza de las leyes establecidas de protección. De esta manera, la niñez y adolescencia son el centro de una formación integral como ciudadanos competentes, comprometidos y conscientes en proteger y defender al país mientras ejercen sus derechos humanos.

Como visitantes de los ecosistemas debemos de ser partícipes del desarrollo sustentable, término consolidado en la Cumbre de la Tierra de Río en 1992 y se refiere a la capacidad de gestionar los recursos propios de esta generación sin perjudicar su existencia en el futuro. Solo así es posible preservar el ambiente sin acabar con los recursos naturales que nos benefician.

No tiene sentido ahuyentar los peces, si la pesca es una fuente de ingresos para innumerables poblaciones. Tampoco es entendible contaminar los ríos de químicos dónde yace el agua de manantial. Ni mucho menos talar los árboles donde crece el plátano, cacao y alimentos básicos. Se trata de entender que los humanos somos seres vivos al igual que los otros, pero con la característica principal de tener uso de razón sobre las acciones. Somos capaces de pensar antes de actuar y así considerar las consecuencias de nuestros actos para dejar una huella que incentive otros actos de responsabilidad.

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Desde niños escuchamos que las playas más hermosas del mundo se encuentran en nuestras costas, pero tal vez no tenemos la información de que muchas de ellas conforman parques nacionales y están bajo la protección de leyes especiales que hay que seguir. Cayo Sombrero en el Parque Nacional Morrocoy, Isla Larga en San Esteban, La Ciénaga en Henri Pittier o Cayo Francisquí en el Archipiélago de Los Roques.

También, tenemos en cuenta que el Salto Ángel es la caída de agua más alta del mundo y está dentro del Parque Nacional Canaima, en el estado Bolívar donde también convergen más de 40 lenguas indígenas. ¿Somos capaces de recordar al menos cinco dialectos? No profundizaremos en saber sobre la cultura pemón predominante, sus costumbres y creencias, pero sí deberíamos aprender de ellos con principal enfoque en su forma de convivir priorizando la preservación de su hogar, entre la naturaleza. No es un dato nuevo, que el teleférico más alto del planeta está sobre las montañas de Mérida, en la región andina dentro del Parque Nacional Sierra Nevada. Un estado conocido por su caballerosidad y su gente amable, por el frío de sus picos y, entre otras cualidades, por ser sitio del primer campeonato nacional de esquí en 1956 pero dónde hoy, ya no queda ningún glaciar.  

Mi mamá una vez me dijo: “¿Tú quieres conocer la belleza del mundo? Entonces, recorre Venezuela.” Y cuánta razón tiene. Sí, somos un país con innumerables maravillas naturales y sabemos que la calidez de su gente lo hace especial.

Somos un país con un alto porcentaje de biodiversidad y lo ideal es que cada venezolano tenga la educación necesaria para cuidar de ello. Solo así es posible recorrer cada rincón con la responsabilidad de preservar los 916.445 km de extensión territorial. No es solamente decir que vivimos en el país más bello del mundo, también hay que ser coherentes. Si nos convertimos en una sociedad apartada de la conciencia ambiental, a medida que el tiempo transcurra veremos cómo los paisajes de nuestra infancia serán un recuerdo desvanecido. Ojalá que cuando yo cumpla mi sueño de recorrer Venezuela, mi amada tierra, aún siga siendo igual de bella.

Amanda Isturriaga

Amanda Isturriaga

Parte del grupo Jóvenes Defensores de Cecodap. Estudiante de Educación.

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