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El reto de María Gualdrón

Apure.- Después de una detención arbitraria, hay historias que quedan marcadas en silencio. La de María José Gualdrón es también la historia de sus hijos, quienes crecieron sin ella durante casi cinco años, enfrentando carencias, ansiedad y hasta la interrupción de sus estudios.

Fue reportada inicialmente como desaparecida el 7 abril del 2021 durante un viaje de San Cristóbal a Guasdualito. Luego se supo que había sido detenida por la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) en la alcabala de la Pedrera Estado Táchira. No se sabe el hecho por el cual fue arrestada, solo que María José ha participado en obras sociales y comunitarias vinculadas a actividades políticas. En casa la esperaban cuatro hijos pequeños y dos sobrinos que estaban bajo su cuidado, quienes pudieron verla de nuevo el 23 de febrero de 2026. Ese día fue excarcelada. 

La ausencia materna se sintió en los momentos más sencillos. Los niños estaban acostumbrados a dormir en la misma cama de su madre y los primeros días lloraban por ella. Después de la detención no hubo más abrazos ni contacto físico. María José prefirió que no la visitaran en la cárcel de Santa Ana, en el estado Táchira, donde estuvo recluida. 

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María José es madre soltera y tras su detención la familia enfrentó dificultades económicas. Los niños quedaron al cuidado de su abuela, de 54 años, quien lavaba y planchaba ropa ajena para poder costear la alimentación en casa.

A los 15 años, el hijo mayor de María José se vio obligado a abandonar sus estudios en cuarto año de bachillerato. “Él me decía: ‘mamá, yo quiero dejar de estudiar porque no tengo quién me ayude, quién me revise un cuaderno, quién me apoye’, relata María José.

El joven, que ahora tiene 18 años, también recibía comentarios hirientes de otros compañeros y tenía sensación de abandono. Todo esto afectó su autoestima. “Le dolía que le preguntaran por mí, que le dijeran por qué no tenía lo mismo que otros niños. Eso lo llevó a sentirse mal”, cuenta.

La situación llegó a un punto alarmante cuando el adolescente expresó deseos de no seguir viviendo, demostrando el impacto psicológico que dejó la separación.

Pero no fue el único afectado. Sus hermanos también enfrentaron el proceso en silencio. La adolescente de 13 años, operada del corazón, sentía como ansiedad y tristeza. El más pequeño, de 11 años, al reencontrarse con su madre tembló de nervios al abrazarla.

Volver a empezar y reconstruir la dinámica familiar

La decisión de la excarcelación tomó por sorpresa a María José. Así que regresó a casa por su cuenta. Al salir a la calle tomó un mototaxi y le pidió una llamada para avisar a la familia, llegó al terminal de San Cristóbal y tomó un bus hasta Guasdualito. El recorrido, de 212 kilómetros, representaba 4 horas de viaje. 

El camino se hizo más largo de lo habitual. En la alcabala de El Remolino la unidad de transporte se accidentó, alargando la espera de la familia. Su hermano fue buscarla en su carro. El reencuentro estuvo marcado por emociones tan intensas que no se podía bajar del vehículo, mientras los hijos lloraban y la abuela gritaba. 

Cinco años después de la detención arbitraria la familia enfrenta el reto de reconstruirse. Los niños ya no son los mismos, antes dormían en la cama con la mamá, ahora cada uno tiene su espacio. Han crecido con otras dinámicas y María José intenta recuperar el tiempo perdido. “Quiero abrazarlos como cuando eran pequeños, pero ya crecieron, me perdí muchos momentos de sus vidas”, dice.

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En este «comenzar de nuevo» mantiene la esperanza. Asegura que viven un proceso de reorganización familiar para asumir nuevamente el liderazgo en el hogar, tratando de colocar normas. Paso a paso trata de encajar porque no quiere que sus hijos la rechacen. El mayor ha decidido retomar los estudios en un centro de educación para jóvenes y adultos, impulsado ahora por el regreso de su madre.

El aprendizaje más significativo del proceso de reclusión fue la transición del rencor al agradecimiento, dice María José, una evolución que hoy le permite exigir justicia y respeto a su integridad desde una posición de paz y reconciliación. Bajo la convicción de que el país atraviesa un cambio, confía en que la protección de la dignidad humana será el eje central de un nuevo ciclo. 

Juan Carlos Rosales

Juan Carlos Rosales

Corresponsal de la Agencia de Periodistas Amigos de la Niñez y la Adolescencia en Apure.

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