Falcón.- Cuando le preguntas a Kristian Lugo de 11 años qué le regalaría a su escuela si tuviera un superpoder mágico no titubea al responder que le daría “un techo, puertas, cemento y una cancha deportiva para jugar al fútbol” durante el recreo.
A sus 11 años su etapa educativa está marcada por mudanzas forzadas para cumplir con el calendario escolar. Él es un estudiante de la Escuela Primaria Elsy López, ubicada en el pueblo Viento Suave del municipio Acosta, a 148 kilómetros de la capital de Falcón. Desde el año 2015 la escuela no tiene techo luego que una fuerte brisa se lo llevara. Desde entonces, ha recibido sus clases en el patio del ambulatorio de la comunidad, la casa de un representante y “debajo de una mata”, cómo dice él.
Una vaguada con fuertes ráfagas de viento terminó de arrancar el techo de La Escuela Primaria Elsy López, municipio Acosta. Foto de Jhonattam Petit.
Para llegar a Viento Suave, un pueblo conformado por 83 familias y 197 personas, se deben transitar nueve kilómetros de carretera sin asfalto. Para llegar aquí, sus habitantes deben cruzar un trayecto incómodo de tierra, piedras y quebradas. Durante el recorrido se observa niños y adolescentes pelando maíz, cargando sacos de naranja y arreando vacas. La infancia aquí trabaja antes de aprender.
Al final de la ruta, el pueblo se asienta en un territorio de casas pequeñas, paredes estrechas donde el hacinamiento es la norma y hasta tres generaciones comparten el mismo techo.
Cuando cae la tarde, los niños y adolescentes confluyen en su único refugio. Un estadio rural que es poco más que un claro de tierra limpia. Allí no hay gradas que alberguen aplausos, ni estacionamiento, ni cercas que prometan seguridad. Es solo un pedazo de suelo baldío donde la juventud de este pueblo se inventa el juego, resistiendo al olvido.
Viento Suave es un caserío rural ubicado en el municipio Acosta, una zona que produce alimentos, pero la escuela no tiene acceso a ellos por falta de una cocina escolar en óptimas condiciones. Foto de Jhonattam Petit.
“Tratamos de hacer lo más armonioso. Con la caída de la escuela ya no querían venir a clases, no tenían ánimo”, dice su maestra de deportes, Carmén Bracho. “Ellos quieren una escuela digna. Cuando salen con sus papás fuera del pueblo, los niños comentan en casa que les gustaría tener una escuela digna”.
La matrícula consta de 25 niños, quienes hoy reciben educación en tres espacios distintos: un salón parcialmente recuperado, el patio trasero del plantel y una casa prestada por una familia de la comunidad.
“Ese techo empezó a deteriorarse hace más de 15 años”, recuerda Anais Salas, directora del plantel con dos décadas de servicio. La situación empezó en el año escolar 2014-2015, cuando una vaguada con fuertes ráfagas de viento terminó de arrancar la mayor parte. Dos salones quedaron completamente dañados y por seguridad la comunidad decidió desmontar los restos inservibles.
El espacio con techo es el único lugar donde un grupo de niños y adolescentes pueden ver sus clases, al lado hay una frase del Libertador Simón Bolívar que evoca a la falta de unión para alcanzar un mejor futuro. Foto de Jhonattam Petit.
El único espacio techado fue reparado por la comunidad luego que decidieron hacer rifas, bingos y hablar con un destacado empresario de la zona para concretar la compra. “La misma comunidad lo reparó”, dice la maestra Carmen Bracho.
Pero la reparación fue provisional, ya que el pequeño espacio recuperado solo se puede utilizar por turnos. En la mañana atiende a siete niños de preescolar. En la tarde, entre la 1:00 p.m. y las 5:00 p.m., recibe a los 11 estudiantes de cuarto a sexto grado.
Los otros siete niños de primero a tercer grado asisten a clases en una vivienda familiar cercana ubicada en un cerro.
La sala de esta vivienda es el espacio donde los niños de primero a sexto grado reciben sus clases por falta de techo en el edificio de la escuela. Foto de Jhonattam Petit.
Juan Carlos, de 11 años, cursa quinto grado. Se imagina en las grandes ligas del béisbol en otro país. Cuando se le pregunta qué es lo que más les gusta de la escuela, la respuesta es inmediata: “Jugar”, pero no tienen un espacio para hacerlo. Sus clases de educación física las ve en una vía sin asfalto, o en un espacio muy precario lleno de polvo y escombros cerca de la estructura sin techo de la escuela.
Sin agua y electricidad
“No tenemos electricidad en la escuela, no tenemos un buen acueducto”, explica la directora.
Los baños existen, pero solo pueden utilizarse cuando hay agua disponible. Las puertas de la cocina están rotas, deterioradas, y el área carece de condiciones adecuadas para la preparación de alimentos.
Un congelador donado por el Instituto Internacional de Nutrición permanece nuevo y sin uso. Fue entregado para almacenar proteínas y alimentos perecederos. “Ahí está nuevecito porque no lo podemos utilizar. Era para congelar los pollos y la comida”, dice la directora.
La falta de servicios básicos se extiende a la conectividad porque no hay acceso a internet.
Clases en el patio del ambulatorio. Foto de Jhonattam Petit.
11 niños con bajo peso
La directora identificó recientemente 11 niños con bajo peso dentro de una matrícula de 25. Es decir, un tercio de los alumnos presenta algún grado de déficit nutricional.
La respuesta institucional es limitada. Solo tres niños varones reciben apoyo alimentario de la alcaldía bolivariana, es decir, una bolsa de comida que llega una vez al mes o en el peor de los casos, cada dos meses.
El resto de los niños, niñas y adolescentes dependen de lo que sus familias puedan garantizar en casa. La comida que les corresponde por el Programa de Alimentación Escolar (PAE) se las dejan a 20 kilómetros de distancia de la escuela y solo son dos kilos de arroz, 2 kilos de pasta, 2 kilos de sal, 2 kilos de garbanzos, 01 chicha por bolsa y 10 kilos de pollo en tota. La Escuela solo puede dar una comida al día en la hora del almuerzo.
Enseñar cuando todo falta
Los niños y adolescentes acuden a sus actividades regulares con materiales donados por los docentes que no abandonan su vocación de enseñar.
«No es fácil trabajar así porque uno no planifica a gusto, no trabaja a gusto; no son las cosas igual. Que bonito sería enseñar en un ambiente de aprendizaje en mejores condiciones y decorarlo a su gusto y trabajar en eso”, expresa Carmen.
De acuerdo con cifras divulgadas por la Zona Educativa y la gobernación de Falcón, cerca de 500 escuelas han sido rehabilitadas en Falcón en el marco del programa de Brigadas Comunitarias Militares para la Educación y la Salud (Bricomiles), sobre un aproximado de 1.403 instituciones educativas en la entidad. El propio despacho regional de educación ha señalado que la intervención no ha concluido y que la meta sigue siendo la recuperación total de la infraestructura escolar.
La Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes (LOPNNA) reconoce el derecho pleno a la educación, no solo como acceso a clases, sino como un proceso que debe garantizar condiciones adecuadas para el aprendizaje. El Estado debe garantizar el desarrollo educativo en condiciones que permitan a los niños, niñas y adolescentes el desarrollo integral.
El comedor de la Escuela Primaria Elsy López dejó de funcionar desde el año 2018 por falta de cocina, nevera y sistema de aguas. Aquí solo laboraban dos madres colaboradoras. Ahora cocinan en la casa de un representante. Foto de Jhonattam Petit.
La próxima etapa está a 9 kilómetros
Kristian de 11 años está próximo a graduarse. Su trayectoria escolar lo llevará al liceo más cercano, ubicado a aproximadamente nueve kilómetros de su casa. La distancia implica un recorrido diario de ida y vuelta de 18 kilómetros caminando.
“No quiero caminar con este sol”, dice Chris con pesar en su voz.
En el municipio Acosta, existe un autobús destinado al transporte estudiantil que permanece fuera de servicio por fallas mecánicas y no ha sido reparado. Su inoperatividad ha dejado sin alternativa formal de traslado a estudiantes de varias comunidades rurales.
Al techo, las paredes y los servicios públicos para la escuela se agrega la necesidad de un transporte escolar que garantice el acceso a la educación secundaria y la continuidad de los estudios para Kristian y sus 24 amigos de Viento Suave.
Jhonattam Petit
Corresponsal de la Agencia de Periodistas Amigos de la Niñez y la Adolescencia en Falcón.
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