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Andrés, el reflejo de un sistema que no educa

Miranda.- Andrés tiene 11 años y cursa 6to grado en una escuela pública de Ocumare del Tuy, estado Miranda. Está por terminar el año escolar, pero lee con dificultad, se detiene en palabras sencillas, se enreda al hablar. Cuando copia del pizarrón, confunde las letras y el orden de las palabras. En los dictados, escribe lo que alcanza a escuchar, aunque casi nunca coincide con lo que la maestra pronunció.

Vive con su mamá en una zona de veredas estrechas y casas amontonadas, donde el acceso a los servicios básicos es intermitente. Hay días en que Andrés se despierta y la encuentra en el sillón, con una botella vacía en la mano y la televisión encendida desde la noche anterior. En mañanas como esas, Andrés no asiste a la escuela.

Cuando sí va, casi siempre acude con hambre. El Programa de Alimentación Escolar (PAE) debería garantizar una comida diaria balanceada —según lo establecido en el Decreto N° 1.376—, pero en el colegio el suministro de alimentos es irregular.  El menú varía: unos días hay bollitos con queso o arroz con pollo; otros, solo un vaso de chicha. Cuando es así, Andrés se toma al menos tres. Dice, con una sonrisa tímida, que lo que más le gusta de la escuela es la comida y cuando la maestra lee cuentos. 

Su maestra —que prefiere no ser identificada —cuenta que Andrés no es el único con dificultades. De los 23 alumnos, seis presentan las mismas fallas: falta de fluidez al leer, escriben con abundantes errores, y no logran escribir oraciones completas. Y en matemáticas, las operaciones básicas les resultan muy difíciles.

“En sexto grado ya deberían leer corrido, entender lo que leen, escribir un texto con sentido, explicar una idea, resolver problemas con fracciones y decimales. Y nada de esto ocurre”, dice la maestra.

Añade que los estudiantes también deberían ser autónomos, trabajar en grupo, tener responsabilidad en la entrega de tareas y organizarse solos. 

«Están a un paso de la educación secundaria, y esta transición será más exigente en cuanto a las responsabilidades académicas; sin embargo, la mayoría no está preparada  para asumir esos nuevos compromisos y Andrés es uno de ellos”, dice la educadora. 

El apoyo en el hogar

Durante el primer lapso, la maestra conversó con la mamá de Andrés. Le explicó la necesidad de que lo apoyara  y la importancia de que lo acompañara a repasar los contenidos que se ven en el aula. 

“Ella prometió estar pendiente, pero no ha habido cooperación”, cuenta la docente. 

La Agencia Pana consultó a una coordinadora académica del Ministerio de Educación sobre la normativa que rige al finalizar el año escolar. Según explicó, en el sistema educativo actual resulta complejo reprobar a un alumno: la Ley Orgánica de Educación y su Reglamento General le dan al estudiante múltiples oportunidades para aprobar; incluso, permiten que avancen de año con competencias pendientes. 

“El objetivo es que el alumno no abandone la escuela. En primaria lo manejamos como ‘prolongación de grado’. En lugar de ‘reprobar’ o ‘raspar’, el sistema considera que el niño necesita más tiempo (prolongar su estadía en ese grado) para alcanzar los objetivos que no logró en el año escolar. Luego, se hace una nueva evaluación en el primer trimestre del año con miras a promoverlo”, explicó. 

Esta es una medida excepcional que requiere el consentimiento de los padres. Y es por ello que, en la práctica, esto rara vez ocurre. “Muchos padres se niegan porque lo ven como un ‘atraso’ o temen el juicio social, entonces los estudiantes son promovidos, ya que el sistema prioriza la promoción y continuidad escolar”, acotó.

Asimismo, la coordinadora detalló que, aunque durante el año escolar se brinda apoyo pedagógico y se mantiene una comunicación constante con los representantes, los resultados no siempre son los esperados. Esto genera que el estudiante avance aunque tenga deficiencias educativas. 

La directora de otro plantel público en Santa Teresa del Tuy explica que en estos casos se levanta un informe dejando constancia de que el alumno no cumplió con las expectativas, pero aun así es promovido al bachillerato con ‘D’ como calificación cualitativa.  

Una realidad en cifras

El informe más reciente del Sistema de Evaluación de Conocimientos en Línea (SECEL) de la Universidad Católica Andrés Bello, correspondiente al período 2023–2024, da cuenta de que lo que ocurre en el salón de clases de Andrés es una realidad extendida. De acuerdo con las estadísticas, los estudiantes de sexto grado a quinto año están aplazados en áreas fundamentales. 

El estudio aplicó casi diez mil pruebas aplicadas en colegios (públicos y privados) de Caracas, Miranda, Bolívar, Nueva Esparta, Falcón, Lara y Zulia. Sobre 20 puntos, los alumnos obtuvieron promedios de 7,84 en habilidad verbal y 7,51 en matemáticas. 

La investigación detalla que los alumnos de escuelas privadas muestran una leve ventaja, pero la crisis es generalizada. Si bien estos estudiantes obtuvieron notas ligeramente más altas y menores tasas de reprobación, ambos sectores están lejos de la mínima aprobatoria (10/20), lo que indica que la falla es estructural en todo el sistema educativo.  

El análisis reportó deficiencias en geometría, estadística y comprensión lectora. Los estudiantes mostraron dificultades para entender textos, sacar conclusiones lógicas y expresar opiniones.

De acuerdo con este estudio, las fallas podrían deberse a una combinación de factores externos: insuficientes sueldos docentes, infraestructuras precarias, programas de estudio obsoletos y la influencia de las plataformas digitales.

José Javier Salas, coordinador del estudio, considera necesario actualizar a los maestros y reforzar el trabajo en aula con actividades como debates y mapas mentales.

Los datos también coinciden con lo declarado por las tres educadoras que conversaron con la Agencia Pana:  niños que avanzan sin alcanzar las competencias básicas, maestros que trabajan con recursos limitados y en espacios inadecuados, familias que no siempre pueden acompañar y una normativa que promueve sin garantizar que se haya aprendido.

Andrés es un reflejo de esta crisis silenciosaAunque el sistema le permite avanzar de grado, su aprendizaje acumula vacíos que comprometen su futuro académico y profesional.

Rosanna Battistelli R.

Rosanna Battistelli R.

Corresponsal de la Agencia de Periodistas Amigos de la Niñez y la Adolescencia en el estado Miranda.

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