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El último adiós al “niño de la orquesta”

La Guaira.– Amir Ismael Infante Galván, de 16 años, logró sobrevivir 14 horas en medio de la oscuridad, respirando polvo entre los escombros después de los terremotos del 24 de junio. 

La torre A de la urbanización Luisa Cáceres de Arismendi en Playa Grande (La Guaira), donde vivía, se vino abajo. Amir quedó atrapado en el apartamento 05, debajo de toneladas de concreto y una nevera de dos puertas que presionaba su cuerpo. 

Lograron sacarlo con vida, pero murió horas después en el hospital. En medio del duelo, una nueva pesadilla quebró a su familia: el cuerpo de Amir desapareció.

Amor paternal

Durante los terremotos del 24 de junio, Jaime Infante también estaba en el apartamento y vio cómo el edificio se desplomaba sobre su hijo. Escuchó que Amir le advertía: “Papá, está temblando”.

En un intento por auxiliarlo, Jaime saltó al vacío por la parte trasera del inmueble y se fracturó ambos pies. Al intentar levantarse, la impotencia lo congeló: su hijo estaba atrapado en las ruinas.

Ante la falta de rescatistas oficiales, Jaime pasó las siguientes 14 horas removiendo bloques y tierra con el apoyo de sus vecinos, sin importarle el dolor que sentía en sus extremidades.  

El esfuerzo dio resultado a las seis de la mañana del 25 de junio, cuando logró rescatar a Amir de los restos de la estructura. El adolescente reaccionó, conversó con su padre y bebió un poco de agua. 

En medio de la urgencia, y arrastrando sus propias lesiones, Jaime lo cargó en brazos para trasladarlo en motocicleta al ambulatorio de El Caney y luego al Hospital Dr. Alfredo Machado de Catia La Mar. Al llegar, el personal médico vio al adolescente y tuvo que dar una oscura noticia: sus lesiones internas eran muy graves. Amir falleció.

Las fallas en el proceso forense

La muerte de Amir marcó el inicio de un complejo proceso administrativo. Horas después del fallecimiento, sus padres identificaron el cuerpo en la medicatura local, como indica el protocolo. Los funcionarios del Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Senamecf) registraron los datos del adolescente y escribieron con tinta el código 3426 en el brazo de su madre, Carmen Galván. 

El dolor de la familia se transformó en desconcierto al día siguiente. Cuando acudieron a retirar el cuerpo para el sepelio, el personal de guardia les notificó que ya no estaba en el lugar y que la numeración entregada tenía un error administrativo.

Los parientes de Amir comenzaron un peregrinaje por diferentes sedes forenses de la región central. Sus padres se vieron obligados a examinar decenas de cadáveres y en avanzado estado de descomposición en un intento desesperado por localizar a su hijo. 

La búsqueda concluyó el martes 28 de julio, tras cuatro semanas y media de incertidumbre. Una llamada telefónica de un funcionario policial notificó a los deudos que Amir se encontraba en la morgue de Bello Monte, en Caracas. Aquello mezcló sorpresa, tristeza y rabia. Los familiares ya habían visitado la medicatura semanas atrás, recibiendo respuestas negativas, escuchando una y otra vez que el cuerpo estaba registrado bajo nomenclaturas erróneas.

Finalmente, tras la confirmación de la identidad, la familia procedió a la cremación. 

La pasión por las partituras

Amir era conocido cariñosamente como “el niño de la orquesta”. El arte y las melodías definían su vida. El estudiante de cuarto año de bachillerato formaba parte del Sistema de Orquestas del estado La Guaira, donde se preparaba con ilusión para dar el salto a la escuela superior de música. 

Sus manos daban vida a la trompeta, la mandolina y los instrumentos de viento y fue su padre, trabajador en El Sistema, quien le inculcó el amor por la música.

Aunque Jaime Infante continúa en proceso de sanación por las fracturas de sus piernas y enfrenta las secuelas psicológicas, la recuperación del cuerpo de su hijo trajo un espacio que podría llamarse consuelo: “Gracias a Dios mi hijo ya descansa en paz”.

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Rosanna Battistelli

Rosanna Battistelli

Corresponsal de la Agencia de Periodistas Amigos de la Niñez y la Adolescencia en el estado Miranda.

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