Aragua.- Con dos hijos; Israel, de 4 años, y Milan, de uno, Adriangelis Mendoza intenta rehacer su vida en Montaña Fresca, en el estado Aragua, a 150 kilómetros de su hogar. La urbanización, parte del municipio Santiago Mariño, es su nuevo refugio desde el 25 de junio de 2026. El doble sismo que sacudió a Venezuela desplomó gran parte de su casa en Caraballeda, una de las parroquias más afectadas por el desastre en el estado La Guaira.
Adriangelis tiene 23 años y aporta parte del sustento de su familia. Los terremotos también afectaron su fuente de ingresos, lo que es parte de sus mayores preocupaciones. En La Guaira había consolidado un emprendimiento de cejas y pestañas que ya contaba con una sólida clientela.
“De verdad que era un negocio bastante próspero. Uno creía que la vida iba marchando bien”, dice.
Su esposo acompañó a la familia en la mudanza a Montaña Fresca, pero tuvo que regresar a La Guaira porque no podía dejar su puesto de trabajo en el puerto de la ciudad.
Sus dos hijos son su principal motor. Motivada por el bienestar de su familia, comenzó a ofrecer sus servicios como lashista en Montaña Fresca y también ha recibido el apoyo de quienes conocen su historia en Aragua. Vecinos y voluntarios se han organizado para donarle pañales, artículos de aseo personal y otros insumos básicos.
“¿Cómo uno regresa con el miedo de que vuelva a ocurrir otro desastre? Aquí tenemos comida, gracias a Dios. La primera semana nos traían el desayuno, almuerzo y cena, todo hecho. Allá ya no tenemos nada alrededor. Mi trabajo no es primera necesidad en La Guaira”.
Adriangelis vivía en Caraballeda con su esposo y dos hijos. Foto de archivo (cortesía).
¡A correr!
La abuela de Adriangelis, sobreviviente de la tragedia de Vargas de 1999, estaba de visita cuando el doblete sísmico sorprendió a todos. El 24 de junio se quedó cuidando a sus bisnietos, mientras Adriangelis celebraba junto a su esposo el tradicional toque de los tambores de San Juan.
Cerca de las 5:00 p.m., la joven sacó su teléfono para grabar un video y tomar fotos, cuando empezó a escuchar gritos de las personas a su alrededor. La tierra se movía. Su esposo no reaccionó. Ella solo pensaba en sus hijos.
Adriangelis estaba a 15 minutos de su casa, así que comenzó a correr con todas sus fuerzas mientras pensaba en lo peor: ver su hogar hecho escombros. Todavía no sabía que su abuela se había convertido en un escudo humano, cubriendo a los niños con sus brazos mientras los terremotos desprendían parte del techo y agrietaba los cuartos. Cuando la joven madre llegó a casa, sus familiares ya se encontraban fuera de la vivienda.
“Yo imaginé que mi casa había quedado aplastada. Vi que la calle empezó a abrirse, pero yo seguía mi camino para llegar. Ellos [mis hijos y mi abuela] pasaron todo el terremoto dentro de la casa”.
Los amigos ya no están
Adriangelis y sus hijos vivían cerca de un ambulatorio y ella fue testigo directo de las muertes en la zona. Al pasar cerca de allí vio cuerpos de niños envueltos en sábanas y sintió una enorme tristeza. Aquello jamás se le olvida.
Su hijo mayor, Israel, no para de llorar. Quiere regresar a su hogar y no deja de preguntar por sus amigos. La mayoría de ellos vivían en edificios cercanos y fallecieron en la tragedia… una verdad que la madre aún no se atreve a contarle.
“No sé cómo explicarle la situación. Ahorita nos ayuda mucho que se la pasa jugando con una perrita y que también tenemos ayuda psicológica”, dijo Adriangelis.
La madre de 23 años vive hoy entre Aragua y La Guaira. Foto de Glenn Requena.
¿Por qué migrar a Montaña Fresca?
Después de la tragedia de Vargas de 1999, el gobierno de Hugo Chávez construyó viviendas en la urbanización Montaña Fresca para la población damnificada. Allí llegaron los abuelos de Adriangelis, quienes hoy la reciben tras una nueva emergencia.
Desde el pasado 24 de junio no han dejado de llegar afectados por los terremotos que tienen familiares en el sector. Hay vecinos que se han organizado para ayudar a 25 familias que han llegado a Montaña Fresca.
Ropa, calzado, insumos médicos, alimentos no perecederos y productos de aseo personal, son algunas de las ayudas que han recibido las personas que han llegado de La Guaira por parte del sector privado, organizaciones no gubernamentales, la iglesia y las autoridades regionales.
A mediados de julio, Adriangelis regresó a La Guaira. Necesitaba solicitar una inspección para su casa. A pesar de los daños, las autoridades la declararon habitable. Su vida se ha convertido en un vaivén entre Aragua y La Guaira, trabajando en Montaña Fresca para ganar el dinero que necesita para su familia.
Glenn Requena
Corresponsal de la Agencia de Periodistas Amigos de la Niñez y la Adolescencia en Aragua.
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