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Dos veces testigo: un adolescente, un padre y dos detenciones arbitrarias

Caracas.- A sus 12 años, Nicmer Daniel Evans Cambero ha aprendido a leer la realidad del país a través de las dos encarcelaciones arbitrarias de su padre. Mientras la mayoría de los adolescentes dividen su atención entre el siguiente nivel de un videojuego o el primer amor, él ha tenido que forzar su madurez entre el llanto, la depresión en su entorno y una incertidumbre que se volvió rutina.

Nicmer Daniel estudia primer año de bachillerato y en sus ratos libres programa software. También ayuda a su papá, quien es periodista, a grabar las cápsulas informativas de su programa y apoya en las transmisiones en vivo para diferentes plataformas. 

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Su padre, Nicmer Evans, es politólogo con Doctorado en Comunicaciones. Militó en las filas del partido de gobierno hasta 2013. Luego de esa etapa se incorporó al partido Marea Socialista y más tarde fundó el Movimiento por la Democracia y la Inclusión. En 2017 se postuló como candidato a la alcaldía del municipio Libertador apoyado por el partido Nueva Visión para mi País (Nuvipa). Ese mismo año, una comisión del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) llegó a su residencia en Caracas. Lo buscaban “para interrogarlo”. Actualmente,  Evans es director del portal de noticias Punto de Corte.

La detención arbitraria en 2025

“Sabía que se lo iban a llevar detenido”, dice con una serenidad que estremece. Por alguna razón, presentía que los mensajes de su papá estaban generando un “ruido” peligroso. Sin embargo, admiraba su valentía, en medio de un contexto caracterizado por la censura, el hostigamiento y la aplicación de leyes restrictivas como la “Ley contra el Odio”. “Mi papá nos había preparado para esto”.

Corría el 13 de diciembre de 2025. Nicmer Daniel tenía los audífonos puestos cuando el estruendo de los puños contra la puerta puso a su madre en alerta; ella le  advirtió que no hiciera ruido. 

Su padre, quien en ese preciso momento grababa un episodio de su programa, intentó que mantuvieran la calma y les indicó cómo actuar ante el asedio del Sebin.

Para Nicmer Daniel y su familia la historia se repetía. La arbitrariedad, la intimidación, la violencia de los cuerpos de seguridad son situaciones fijas en su memoria. No obstante, en medio del shock, el teléfono fue su única herramienta para denunciar la arbitrariedad en tiempo real. 

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Cuando tenía  6 años vio por primera vez a los policías irrumpir en su hogar. El episodio duró cinco horas. En aquella ocasión, la violencia no fue sólo física, también psicológica. Una funcionaria lo sentó en sus piernas para interrogarlo: “¿Dónde está tu papá? ¿Qué hiciste ayer con él? Nos vamos a llevar a tu mamá”.

El 13 de julio de 2020, funcionarios no identificados del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) allanaron su casa y se llevaron a su tío detenido. Luego localizaron a su papá, lo acusaron de instigación al odio y lo arrestaron.

Ese día, no sólo detuvieron a un adulto sin garantías claras, sino que instrumentalizaron al niño al vulnerar su integridad emocional y sus derechos fundamentales bajo un esquema de presión psicológica, que busca quebrar el entorno familiar. Seis años más tarde, el ahora adolescente dice que ha ido superando esos episodios y que ve el día a día de forma “normal”. 

“De pequeño le tenía mucho miedo a la policía. Si estábamos en un restaurante y entraba alguien con uniforme, hacíamos el juego de cambiarnos los nombres. Le decíamos: ‘tú eres José, yo soy María, tu papá Jesús’. Si estábamos en la casa y tocaban la puerta, salía corriendo y se escondía en el closet. Luego, comenzó su proceso de sanación y de recomposición emocional con un equipo de psicólogos especializados en niñez y adolescencia. Pasó por muchos episodios de paranoia. Cuando su papá regresó luego de 52 días lloraba y me decía que ese no era su papá, que se lo habían cambiado”, cuenta Martha Cambero, su mamá.

Esa situación, añade, fue mejorando. “Las terapias lo ayudaban mucho con la ansiedad y el manejo de la ira, dándole herramientas para canalizar sus emociones. A la par hace actividades extracurriculares, como la programación y el deporte y eso lo mantiene estable y tranquilo”.

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Al llegar el 13 de diciembre de 2025, Nicmer Daniel contaba con más información sobre su entorno. Conocía el patrón de las detenciones arbitrarias y el riesgo de expresar ideas que podrían ser consideradas contrarias al gobierno. Por ello, supo que hacer una transmisión en vivo era la forma más expedita para denunciar la arbitrariedad que ocurría en su hogar.

También ocupó el lugar de protector: aunque su papá accedió a irse con los funcionarios, su mamá entró en una crisis. El adolescente lo cuenta así: “Tuve que controlarla, incluso arrastrarme con ella por el piso para que se quedara tranquila, pues amenazaron con llevársela también”.   

El silencio del 31 de diciembre

El arresto de 2025 dejó un 31 de diciembre desolado. “Me acosté a dormir”, responde cuando le preguntan por la noche de Año Nuevo. En su casa, la festividad fue sustituida por el vacío: su papá faltaba desde hacía 18 días.

La situación de los presos vinculados con la libertad de expresión y del periodismo marcaron un hito en 2025. Según la organización Espacio Público, ese año cerró con un total de 217 violaciones al derecho a expresarse y con 36 personas detenidas por ejercer ese derecho.

Cuando un periodista es encarcelado, el mensaje es claro: la crítica tiene un costo físico, y Nicmer Daniel ya lo sabía. Incluso entendía que la encarcelación podía ser por mucho tiempo. 

“Mi papá decía que iba a durar más o menos un tiempo intermedio, entre 10 meses a un año. Yo no quiero ser periodista. Primero se pasa mucho trabajo y, segundo, se cobra muy poco. Prefiero estudiar ingeniería, mecánica o programador”.

Durante el tiempo de la segunda encarcelación de su papá, fue cuatro o cinco veces a verlo. “No me gustaba ir, pero acompañaba a mi mamá para que no fuera sola. A mí nunca me tocaban, pasaba directo. Era una sensación fea. La visita era de 10:00 a.m. a 4:00 a.m. Algunas veces estuvimos solo tres horas. El 24 de diciembre nos quedamos todo el día”.

El sueño de vivir sin miedo

Cuenta que siempre tuvo presentimientos de que su papá salía el 14 de enero de 2026. Y así fue. Bajo el amparo de la Virgen de la Pastora, su padre regresó. Pero el regreso no borra las secuelas. Nicmer Daniel tuvo que retomar sus terapias. También está reanudando el contacto con viejos amigos que ya ni siquiera tenía en los contactos de WhatsApp.

Ahora imagina un país donde pueda sentirse libre, y donde salir a la calle no implique peligros. “Quiero justicia, porque lo que vivimos mi familia y yo no se lo deseo a nadie. A mi mamá y a mí nos secuestraron para llevarse a mi papá por política, luego pasamos un mes sin estar con él porque se lo llevaron a una entrevista los del Sebin y no aparecía. Ningún niño debería vivir con ese miedo”.

“Me gustaría que todos tuviéramos las mismas oportunidades de estudio y recreación. Mi vida social hoy es limitada, casi siempre en el colegio o con mis papás, si salimos a lugares lo hacemos con mucha cautela y siempre en horas del día, por miedo. Viví dos años y medio en la Colonia Tovar y tenía un poco más de libertad, de movimiento, viví en una casa rodeada de montañas, podía caminar, montar bicicleta y sembrar. Pero debimos regresar de nuevo a Caracas”. 

Por ahora, está practicando básquet en el colegio. “Tengo buenos compañeros de estudios que han sido muy solidarios conmigo, me encanta mi colegio de Caracas y espero pronto volver a la natación, cuando la situación económica en casa mejore un poco”.

A la espera de la amnistía

Nicmer Daniel no es un caso aislado, evidencia de una violación sistemática de la doctrina de protección integral de los niños, niñas y adolescentes: interrogatorios sin presencia de defensores, amenaza de separación familiar y asedio. Ningún niño debe verse obligado a “cambiarse de nombre” para sobrevivir al miedo, ni arrastrar a su madre por el suelo para evitar que se la lleven presa.

La justicia que busca Nicmer Daniel no reside solo en la liberación de su padre, sino en la restitución de un entorno en el que pensar, informar y crecer no sean actos de valentía, sino derechos naturales garantizados. 

En la actualidad, su padre espera respuesta de la Comisión de Seguimiento a la Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática para obtener su libertad plena. 

Mabel Sarmiento Garmendia

Mabel Sarmiento Garmendia

Corresponsal de la Agencia de Periodistas Amigos de la Niñez y la Adolescencia en Distrito Capital.

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