La Guaira.- “Jamás habíamos escuchado algo así. Mi hermano y yo nos abrazamos, mientras que mi mamá nos lanzaba un cobertor por encima del cuerpo porque los vidrios de las ventanas nos podían cortar. Comenzaron a romperse por el ruido y el movimiento del edificio”, recordó Eider.
Los hermanos Eider Mayora y Gabriel Mayora, de 8 años, estaban en la habitación de su madre, Cira González, listos para dormir la madrugada del sábado 3 de enero, cuando inesperadamente un estruendo acabó con la calma dentro del cuarto y todo quedó completamente oscuro.
Cira pidió a los niños mantener la calma, recordándoles que no era la primera vez que se quedaban sin electricidad. Sin embargo, ella sabía que afuera sucedía algo más. En medio del pánico y la inseguridad comenzó a buscar su celular. Necesitaba alumbrar la habitación. Saber qué había pasado.
Escombos de la fachada de los edificios afectados en la mañana del 4 de enero. Foto: Gabriel Hernández.
“Había vidrios por todos lados. Una de las ventanas del cuarto de los niños se desplomó y cayó en una de las camas. Nos quedamos sin puertas. El apartamento estaba lleno de esquirlas de las bombas. De inmediato comencé a gritar para pedir ayuda, pues tres de mis tíos vivían en el edificio”, dijo Cira, con manos temblorosas.
Con ayuda de los familiares lograron salir del bloque 12, de la urbanización Rómulo Gallegos, en La Soublette, parroquia Catia La Mar, en donde vivía la familia Mayora González desde hace un año y dos meses. Junto con otros vecinos se acercaron hasta una plaza a menos de 50 metros para mantenerse alejados de la edificación, pero aún no lograban calmarse. Había muchos gritos, olor a quemado y miedo entre los vecinos.
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“Estando en la plaza se escuchó otra explosión y Eider comenzó a correr y gritar, cuando logré abrazarlo estaba temblando y llorando. En ese momento comprendí que debíamos irnos del lugar. Aunque habíamos logrado salir del edificio no era posible sentirnos a salvo y en calma”.
La madre decidió trasladarse hasta el ambulatorio Dr. Alfredo Machado, ubicado en el sector. Luego, en la mañana, decidieron irse hasta el apartamento de un tío de Cira a 4 kilómetros de su casa, el urbanismo Hugo Chávez, en la parroquia Urimare.
Ese día las 16 familias que vivían en el bloque quedaron damnificadas, entre ellas hay una niña de 6 años y un adolescente de 15 años. Ocho de los dieciséis apartamentos quedaron en ruinas. Vecinos todavía se encuentran hospitalizados por fracturas y quemaduras. La tía de Cira, Rosa Elena Gonzalez, de 80 años, falleció.
Los ataques
Esa madrugada y tras meses de acumular tropas y buques en las costas venezolanas, Estados Unidos bombardeó Venezuela y capturó a Nicolás Maduro y Cilia Flores.
Alrededor de las 2:00 am, al menos siete explosiones y aeronaves estuvieron volando a baja altura en Miranda, Distrito Capital y La Guaira. Los objetivos incluyeron la Base Aérea de La Carlota, la Base Aérea de Charallave y el aeropuerto de Higuerote (Miranda); el Comando de la Milicia Bolivariana, Fuerte Guaicaipuro y el Fuerte Tiuna (Caracas); el Puerto de La Guaira, el centro de adiestramiento policial, en Carmen de Uria; y la Meseta de Mamo, sede de la Infantería de Marina de Venezuela (La Guaira). Esta última comandancia está a 2 kilómetros de la vivienda de la familia Mayora González.
Cinco días después, el ministro para las Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Diosdado Cabello informó que, al menos, 100 personas fallecieron. Por otra parte, el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) denunció que fueron bombardeados los almacenes del programa de diálisis y nefrología ubicados dentro de las instalaciones del Puerto de La Guaira, lo que afectó directamente la disponibilidad de insumos médicos destinados a más de 9 mil pacientes de todo el país. Además, autoridades regionales reportaron daños en infraestructuras y pérdidas en bienes de la Fuerza Armada Nacional.
Nada será igual
Eider y Gabriel han utilizado la música como medio de escape ante tanto miedo e incertidumbre después del bombardeo. Ambos niños tocan el cuatro en El Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de La Guaira.
“La música nos ayuda a drenar y a estar entretenidos, ya que no contamos con muchas de nuestras pertenencias, pues algunas se dañaron y otras se perdieron aquella madrugada. Gracias a Dios estamos vivos”, dijo Gabriel.
La familia se encuentra bajo atención psicológica gracias al apoyo brindado por la Cruz Roja de Venezuela, no solo para procesar la experiencia de aquella madrugada, también porque la familia teme regresar al edificio que se encuentra en reparación. Al lugar han asistido el Gobernador, el Alcalde y el ministro de Vivienda.
Obreros trabajan para reconstruir la estructura. Foto: Cruz Sojo
Por ahora, el futuro de la familia Mayora González es incierto. No tienen seguro un lugar de residencia. Incluso, Cira pensó en emigrar a España, país al que migró el padre de los niños. Sin embargo, él solo tiene tres meses viviendo allá, por lo que ella no cree que pueda ofrecerle una gran estabilidad al núcleo familiar.
Ingenieros vestidos de uniformes identificados con la gobernación de La Guaira trabajaban entre los escombros el jueves 8 de enero. “La infraestructura quedó en muy mal estado. Los ingenieros encargados de la recuperación aseguran que en 15 días ya podríamos volver, pero yo no me sentiría muy segura viviendo allí luego de lo sucedido y los posibles nuevos ataques. Además, yo estaba en condición de alquilada. Debo esperar la decisión de la propietaria”.
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Fotografía principal de Cruz Sojo
Gabriel Hernández
Corresponsal de la Agencia de Periodistas Amigos de la Niñez y la Adolescencia en La Guaira.
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