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Niñez y adolescencia en contextos de tensión o crisis: 6 claves para una cobertura respetuosa y novedosa

Sin duda, la tensión político-social en la que se ha visto envuelta el país tiene una alta carga de impacto en la niñez y adolescencia, de forma directa o indirecta. Pero, ¿lo estamos cubriendo? Es necesario visibilizar estas historias y los temas circundantes, considerando que esta población es una de las más vulnerables en contextos adversos.

De forma progresiva, y obligadas también por las necesidades de cada hogar, las personas buscan una ruta hacia la normalización (los padres y madres van a sus trabajos, vemos más personas en las calles, ya no hay colas en los comercios…), pero es un proceso que puede ser lento tras la alteración de lo cotidiano y no es igual para todos.

En este reto que se nos plantea al iniciar 2026, debemos prestar atención a nuestros enfoques sobre la infancia, para lograr una cobertura novedosa que permita mostrar la dimensión del problema: la historia del niño, niña o adolescente herido o de la familia que perdió su vivienda es tan importante como los testimonios de aquellos que escucharon las explosiones y sienten temor al pensar que puede repetirse o que no comprenden por qué, de pronto, la carne dejó de comprarse en casa.

Existe una tendencia mediática a buscar la «cara de la noticia» a través de un protagonista individual, pero la realidad es que la infancia no vive en una burbuja. Los niños y las niñas son receptores sensibles de todo lo que ocurre en su entorno sistémico. 

La cobertura también se nutre de las posibles soluciones, no solo del problema: recomendaciones para padres, entrevistas con expertos en salud mental, recopilación de historias de recuperación o resiliencia y de apoyo entre familias y comunidades. 

Las personas adultas deben estar en capacidad de ofrecer respuestas a niños, niñas y adolescentes acordes con los temores e inquietudes que puedan surgirles. Independientemente de la posición social, postura política o credo religioso lo que se vive en el país nos afecta y envuelve a todos, por lo que nuestras opiniones, actitudes, creencias y comportamientos tienen influencia en quienes nos rodean. 

1. La niñez y la adolescencia es una población heterogénea 

Visibilizar el impacto de los contextos de inestabilidad institucional y social en la niñez y la adolescencia pasa por comprender a esta población dentro de sus necesidades específicas. Primero, hay que tener en cuenta que las situaciones no afectan de igual manera a todas las niñas, niños y adolescentes (NNA). El peso y la magnitud del impacto depende de:

  • La etapa del desarrollo evolutivo por el que están atravesando. Recordemos que la edad determina cómo procesan el miedo. Un adolescente suele tener una idea u opinión sobre sus experiencias, e incluso tener la capacidad de analizar la incertidumbre política y el futuro desde sus expectativas y deseos. Niños y niñas también gestionan su realidad, pero de una manera menos compleja. En ese sentido, ajustemos el vocabulario. No usemos términos técnicos con los más pequeños, más bien hagamos preguntas sobre lo que ven o sienten. En esta etapa es útil el recurso del juego o del dibujo. Con los adolescentes, puedes profundizar en sus proyectos de vida.

Preguntas sugeridas: ¿Qué es lo que más te ha llamado la atención de lo que has visto en la calle estos días? ¿Cómo te imaginas que serán las primeras semanas de clase? ¿Cómo es el ambiente en casa? ¿Podrías contar tu primer día de escuela? ¿Cómo te sentiste al ver a tus compañeros? 

  • El patrón de comportamiento de los adultos cercanos. Los niños y niñas construyen su realidad según cómo reaccionan sus padres. Si el adulto transmite pánico o desesperanza, el niño sobredimensiona la amenaza y puede repetir lo que dicen sus adultos cercanos. Este punto nos da una aproximación al por qué algunas familias no quieren hablar. El miedo de cuidadores es una barrera de protección, pero también puede ser un síntoma del estrés familiar.

Si la familia se niega, no insistas: respeta ese cordón sanitario emocional o acércate a padres, madres y cuidadores con la pregunta «¿qué tipo de conversaciones tienen frente a los niños y cómo manejan sus dudas?» 

  • La gestión de las dificultades y la incertidumbre en cada familia. La tensión nacional se suma a las crisis previas de cada hogar. En familias donde ya existe violencia o desunión, entender y sanar el trauma externo es mucho más difícil. Para poder atajar este punto hay que emplear la observación del lenguaje corporal entre padres e hijos. Si notamos tensión extrema o autoritarismo, debemos priorizar la seguridad del niño antes de preguntar.

Pregunta sugerida: ¿cómo se han apoyado entre ustedes como familia para pasar estos días de incertidumbre?

  • La apertura a los diferentes puntos de vista. Los hogares que permiten que los niños opinen y pregunten crean niños más resilientes, que se sienten «parte de la solución» y no solo víctimas. Entender esto nos ayuda a buscar historias de familias que han creado espacios de escucha. Son fuentes valiosas de buenas prácticas para la audiencia.

Pregunta sugerida: ¿Tuviste oportunidad de decir cómo te sientes con lo que está pasando? ¿Qué te respondieron en casa? ¿En el colegio pudieron hablar sobre sus emociones o todo ha sido tareas y actividades académicas?

  • Las pérdidas ocasionadas por la crisis a nivel real o simbólico. Esto significa que algunos niños, niñas o adolescentes pueden haber sufrido la pérdida de un ser querido o estar expuestos a la muerte de una persona en el lugar de los hechos, o perdieron elementos materiales importantes. A nivel simbólico, implica la limitación de las posibilidades de interrelación en sociedad, las relaciones en la escuela o los momentos de recreación, en los códigos conscientes y subconscientes que se manejan en el encuentro con los otros. No busquemos solo la tragedia material. Indaguemos en lo que el niño «extraña» de su rutina, lo que le resulta relevante o nuevo, o cómo se ha adaptado a las situaciones cambiantes. 

Puedes preguntar: ¿Qué cambió en tu vida diaria? ¿Cómo haces, junto a tu familia, para manejar los cambios? ¿Qué cosas siguen igual en tu día a día?

  • Las niñas y las adolescentes viven algunos aspectos de las crisis de manera diferenciada. Las niñas, especialmente si viven en condiciones vulnerables persistentes, suelen ser las primeras en abandonar la escuela para ayudar en las tareas del hogar o cuidar a hermanos menores. Las niñas y las adolescentes también enfrentan dificultades adicionales que pueden afectar su salud, debido a posibles limitaciones para el acceso a insumos de higiene menstrual. Los niños y los adolescentes, por su parte, enfrentan a menudo la expectativa social de ser «fuertes» y no mostrar el trauma psicológico, los miedos o las inquietudes.

Por eso, podemos romper estereotipos: ¿Sientes que ahora tienes más responsabilidades en casa que antes? ¿Hay algo que te genere miedo y que no hayas podido contar por sentir que debes ser valiente?

Lee nuestra cobertura: El 3 de enero que no olvidarán

2. La legislación debe servir de referencia

Aproximarse a la niñez y la adolescencia de forma ética, y entender a esta población desde la rigurosidad periodística, también requiere saber y consultar las referencias que nos permiten contrastar las posibles violaciones de los derechos de la infancia o los posibles riesgos ante los cuales están expuestos. Es necesario hacerse la pregunta: ¿cómo puedo saber que estoy ante una transgresión y no solo ante un hecho que me causa indignación, tristeza o rabia? 

Esto, además, nos ayuda a reducir posibles sesgos. 

Para un tratamiento periodístico comprometido con la infancia y adolescencia es importante acudir a las leyes que protegen a esta población, esencialmente la Convención de los Derechos del Niño, como referencia jurídica del sistema internacional (y que además, para casos de países en guerra o de conflicto armado, existe el protocolo facultativo relativo a la participación de los niños en conflictos armados); y la Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes (LOPNNA), legislación nacional. 

Además, en el derecho internacional humanitario encontramos los cuatro Convenios de Ginebra de 1949 y sus Protocolos adicionales de 1977, los cuales ofrecen protección específica a los niños durante los conflictos armados. “Son más de 25 los artículos de los Convenios de Ginebra y sus Protocolos adicionales los que se refieren específicamente a las niñas y niños y comprenden normas sobre la pena de muerte, el acceso a los alimentos y a la atención sanitaria, la educación en zonas de conflicto, la detención, la separación de los familiares y la participación de las niñas y niños en las hostilidades”, señala Amnistía Internacional. 

Como periodistas formamos parte de la triada de protección a las infancias: sociedad, familias y Estado. ¿Cómo podemos ser vigilantes de las acciones del Estado, la familia y otros miembros de la sociedad si no conocemos el marco legal, que no es más que el piso de los derechos? Esto toma relevancia en casos como las detenciones de 15 adolescentes en el estado Anzoátegui, que tuvieron lugar el 5 de enero. Analizar y resumir las circunstancias de la detención, el proceso judicial y la excarcelación, por ejemplo, es vital para la visibilización de este hecho y comprender los elementos arbitrarios.

3. Sensibilidad y rigor informativo van de la mano

Abordar el testimonio de un niño o adolescente que ha vivido una experiencia traumática requiere una sensibilidad extrema y un enfoque ético riguroso. La revictimización ocurre cuando, al intentar ayudar o informar, obligamos a la persona a revivir el trauma de una manera que le genera nuevo sufrimiento o estrés. 

Ante todo, se debe priorizar el bienestar del niño, niña o adolescente antes de solicitarle cualquier declaración. Esto significa que, antes de hacer cualquier pregunta, se debe evaluar si el entorno es seguro, si el niño tiene cubiertas sus necesidades básicas y si cerca se encuentra un adulto de su confianza. Ten en cuenta: 

  • No presiones: Si el niño no quiere hablar, respeta su silencio. 
  • Detente si hay malestar: Si notas signos de ansiedad (llanto, sudoración, mirada perdida, movimientos repetitivos) detén la conversación. Invítalo a continuar luego, pregunta si desea tomarse una pausa. 
  • Deja que hable a su ritmo. No interrumpas para «corregir» su relato o para dar opiniones personales.

Reforzar los datos de entes que proporcionen ayuda a la niñez y adolescencia, sus números y dónde ubicarlos. Así como recomendaciones a las familias para apoyarles en el hogar.

4. La niñez es parte del todo, no son ajenos a la realidad

En la cobertura periodística de seguimiento se debe tomar como prioridad absoluta a los niños y niñas. ¿Qué significa esto? Un niño, niña o adolescente puede ser víctima directa: haber perdido la vida, ser parte de los heridos, experimentar consecuencias tras ver o vivir las explosiones y encontrarse día a día ante una normalidad trastocada, cuyos efectos se evidencian en las alteraciones del ánimo, por ejemplo.

Pero hay que considerar que también observan o padecen de forma indirecta las circunstancias: la falta de transporte público en algunas zonas, las colas para comprar comida y los anaqueles vacíos tras las primeras horas, el aumento de los precios de los alimentos básicos y el cambio en las compras del hogar, los miedos expresados por los adultos y la presencia de cuerpos de seguridad en las calles. 

En un análisis detallado sobre el decreto del Estado de Conmoción Externa, Carlos Trapani, coordinador general de Cecodap, señaló que “aunque el decreto no suspende formalmente derechos como la educación, la salud o la protección frente a la violencia, la experiencia demuestra que en estados de excepción prolongados la afectación práctica de estos derechos puede ser profunda y sostenida, dando lugar a lo que la doctrina denomina restricciones indirectas o regresiones de facto”.

Adicional a ello, advierte que es “particularmente preocupante la ausencia total de un enfoque diferenciado de niñez en el decreto. El texto no incorpora disposiciones específicas que reconozcan la condición especial de niños, niñas y adolescentes como titulares de protección reforzada, ni establece protocolos diferenciados de actuación para los cuerpos de seguridad cuando se trate de personas menores de 18 años. Tampoco prevé garantías reforzadas en caso de detención de adolescentes”.

5. La familia y los maestros también son un puente hacia la infancia y la adolescencia

Un conflicto no solo destruye edificios, destruye el tejido social que sostiene a la infancia. Debemos preguntarnos: ¿qué pasa cuando un padre o una madre también están cargados por la experiencia traumática?, ¿cómo los afecta el lenguaje bélico al que están expuestos?, ¿cómo los maestros pueden apoyar a sus estudiantes si ellos mismos pueden ver afectada su salud mental? 

Si los padres, madres o cuidadores sufren de estrés postraumático, depresión o ansiedad extrema, su capacidad para brindar el «cuidado sensible» que un niño necesita se ve mermada. Un niño puede estar físicamente a salvo, pero sufrir un abandono emocional indirecto debido al trauma de sus adultos referentes.

6. El dilema sobre la protección de la identidad depende de cada caso

En la era de la hiperconectividad y ante un contexto de inestabilidad política, la protección de la identidad no es solo una norma ética, es una medida de seguridad vital. Un error en el manejo de la identidad puede exponer a un NNA a represalias, estigmatización o peligros físicos a largo plazo.

Para una cobertura que realmente proteja, el periodista debe considerar:

  1. El consentimiento informado y dinámico. No basta con la autorización de cuidadores. Si el/la adolescente tiene capacidad de discernimiento, debe comprender para qué se usará su testimonio y en qué plataformas se difundirá. Es vital explicarles que, una vez en internet, el control sobre esa información se pierde. En contextos de incertidumbre o tensión, incluso con autorización, debemos evaluar si publicar es necesario para el punto que buscamos visibilizar. Importante: el consentimiento no deroga la protección.
  2. Identidad directa e indirecta. Proteger la identidad no es solo borrar el rostro o no decir el nombre real del niño, niña o adolescente. A veces, mencionar el nombre del colegio, el sector específico de la comunidad, el apodo de un familiar o mostrar una parte icónica de la comunidad es suficiente para identificar al NNA. Cada pieza es un dato. 
  3. Evitar el sensacionalismo visual. La imagen del dolor (un niño llorando frente a los escombros, por ejemplo) es impactante, pero ¿es respetuosa?, ¿la usamos pero en el texto no se habla del impacto en la niñez y adolescencia? La dignidad debe prevalecer sobre el impacto visual. Se pueden usar recursos como planos de detalle (manos, juguetes, sombras), siluetas o dibujos realizados por los propios niños para ilustrar la historia sin exponer su fisonomía.
  4. La huella digital y el derecho al olvido. Los y las periodistas escribimos para el presente, pero internet guarda para el futuro. Un adolescente que hoy ofrece un testimonio sobre la crisis puede verse afectado años después en sus estudios o empleos por esa vinculación pública. El interés superior del niño implica preguntarnos: ¿Esta publicación le servirá o le perjudicará en el futuro a corto, mediano y largo plazo?

Lee nuestra cobertura: “Por favor, señora, déjeme entrar a su casa”: niña pide auxilio en medio del bombardeo

Cada historia es diferente y debe evaluarse y documentarse como tal: los niños, niñas y adolescentes viven experiencias disímiles dependiendo de dónde residen, si perdieron a algún familiar, si están muy expuestos a los contenidos digitales, si comenzaron clases de forma regular o si su escuela tomó una medida adicional, entre otros factores que cada relato irá revelando. 

También tienen elementos en común que, como periodistas, podemos aprovechar para identificar enfoques participativos o preventivos, por ejemplo, cómo explicarían a otros de su edad en un país diferente lo que viven actualmente o qué le pedirían a los adultos para evitar en el hogar tensiones que lleven a la violencia.

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Coberturas con el foco en la infancia

Aquí recopilamos una serie de artículos publicados en la prensa nacional que destacan por darle espacio y voz a la niñez y a la adolescencia:

  1. Cómo vivieron los niños el bombardeo del 3E: «¿Y si esta noche otra vez explotan?» (Tal Cual)
  2. “Si ya pusieron preso a Maduro, ¿por qué mi papá no regresa a casa?” (Efecto Cocuyo
  3. ​Ausentismo y patrullaje policial marcaron el reinicio de clases (Crónica.Uno
  4. 15 adolescentes y 8 adultos detenidos en Barcelona: les acusan de celebrar la captura de Maduro (El Pitazo)
  5. Adolescentes detenidos en Barcelona fueron puestos en libertad (El Tiempo)

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La imagen destacada es referencial y fue diseñada con inteligencia artificial. 

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