¿Qué hay detrás de la sobrecarga de tareas?

Con el inicio de la pandemia observamos en Cecodap una tendencia de sobrecargar a los estudiantes con tareas, afectando a los niños y también a los padres debido a que los mismos no estaban preparados para asumir el rol de maestros que les fue asignado sin preguntarles antes.

Como expresa Oscar Misle, cofundador y director de Cecodap, los mismos no contaban ni con las competencias necesarias a nivel pedagógico ni con la estabilidad emocional para hacerse cargo de tanto. Incluso, debido al sistema o manera de corregir, algunos padres han recurrido a hacerle la tarea a sus hijos, ya que es más fácil que explicárselas.

Dos años después… ¿los niños lograron aprender lo necesario para su nivel educativo con esta manera de abordar las tareas? Antes de contestar esa pregunta, revisemos la teoría para entender el significado de la palabra “aprendizaje”.

Las tareas son actividades escolares que son preparadas por los docentes y suponen diversos aspectos positivos:

  • Brindan la posibilidad de reforzar los contenidos estudiados en clases.
  • Hacen más eficiente el aprendizaje.
  • Preparan a los alumnos para las pruebas.
  • Estimulan diversas funciones cognitivas.
  • Permiten que el niño pueda repetir la información hasta que sea capaz de comprenderla.
  • Fomentan el desarrollo de la responsabilidad, autocontrol, independencia y disciplina.

Sin embargo, al acabar las clases, el morral de muchos estudiantes va cargado, además de con los libros de texto, con una intensa agenda de estas tareas para realizar en casa.  

Imaginemos que el niño llega a su hogar, cansado luego de su jornada académica, y debe pasar horas haciendo tareas, ¿cómo se sentirá?, ¿cómo se sienten los padres que quieren pasar también tiempo con sus hijos?

Podríamos decir que el exceso de tareas se convierte en una fuente de estrés tanto para el niño como para sus padres –y un cerebro con estrés no está en la mejor condición para el aprendizaje–, lo que podría terminar en problemas de conducta, desinterés y desmotivación.

Los niños reclaman más tiempo libre; los padres ven el exceso de tareas como una sobrecarga de la que deben ocuparse y los profesores consideran que cuestionarlos es entrometerse en sus tareas. 

Impacto físico del estrés por las tareas

La Organización Mundial de la Salud (OMS) realizó un estudio en el que se señalaba que el 34% de los niños y un 25% de las niñas de 11 años se sienten agobiados por los deberes. Y a partir de ahí las cifras solo se incrementan: a los 13 años el 55% de las chicas y el 53% de los chicos, y a los 15 el 70% .

El exceso de tareas escolares no garantiza un mayor rendimiento; investigaciones recientes sugieren que esto puede afectar la salud mental de los estudiantes. Una presión que según la OMS se traduce en un aumento del estrés que provoca “un incremento de comportamientos que ponen en riesgo la salud, problemas como dolor de cabeza y espalda, mareos… y síntomas psicológicos como sentirse triste, tenso o nervioso, lo que representa un rechazo del cuerpo a la carga de trabajo excesiva”. 

Muchos estudiantes ven en las tareas su principal fuente de estrés, prácticamente porque deben sacrificar horas de sueño o de disfrute para cumplir con sus deberes escolares. En consecuencia, tienden a presentar problemas para conciliar el sueño, además de signos de agotamiento físico y mental, lo que podría causar problemas más graves como cuadros de depresión y/o ansiedad. 

Esto va en congruencia con lo reportado por el Servicio de Atención Psicológica (SAP) de Cecodap que para el 2021 registró que el 39% de las solicitudes son debido a alteraciones del estado de ánimo, algunas de estas asociadas a la gran demanda de tareas escolares. 

Lea también: «Te hago la tarea por 5 dólares», el negocio de mercadear con las tareas escolares

¿Hay alguna salida para esta sobrecarga?

La consejera de salud mental de Humantold, Emmy Kang, recomienda no eliminar las tareas escolares, sino la carga de trabajo que los estudiantes se llevan a casa. “No creo que debamos desechar la tarea, creo que deberíamos desechar la tarea sin sentido y sin propósito”, agrega. 

Por otro lado, la psicóloga clínica, especialista en pedagogía y psicología infantojuvenil, Celia Rodríguez Ruiz, considera que los profesores deben enviar tareas escolares que promuevan el interés y la motivación de los estudiantes. 

Eva Bailén, madre de tres hijos, autora del libro “¿Cómo sobrevivir a los deberes de tu hijo?”, se muestra convencida de que los deberes tradicionales a menudo carecen de verdadero valor pedagógico. “No tiene sentido que el niño se pase copiando enunciados, el libro entero o que realice tareas de manera mecánica todos los días, es un esfuerzo baldío. Acaban frustrados, agotados y odiando los deberes. A los niños hay que plantearles actividades motivantes que fomenten su interés por aprender”, asegura ella. 

Además, Bailén insiste en que el tiempo que dedican a los deberes les impide encontrar el momento para educarse en otros ámbitos: “No cocina con sus padres, no va de compras, no colabora en el hogar o no aprende a resolver conflictos en el parque porque, sencillamente, no tiene tiempo de ir”.

En relación con lo anterior, si bien la educación es clave, la carga de trabajo escolar en exceso perjudica la salud mental de los estudiantes porque les restan tiempo para jugar, distraerse, conocer su entorno e interactuar socialmente. Estas actividades promueven el bienestar emocional de una persona. 

Irene Alegría, licenciada en Psicopedagogía, perito judicial y maestra especialista en inglés y en educación primaria de España, expresa: «Utilizo poquísimo el libro, juego muchísimo con ellos, pero es un juego con contenido curricular. Los niños creen que están jugando, pero realmente están aprendiendo. Trabajos a partir de aprendizajes de servicio solidario, cooperativos, basado en proyectos, donde aprenden a través del descubrimiento y la investigación y preguntando a los compañeros. Siempre hay algún alumno de mi clase que sabe algo más sobre un tema. Escuchar a ese niño, que sea él el que explique, por ejemplo, la fotosíntesis, le hace protagonista y partícipe del proceso de aprendizaje, además, lo bueno es que utiliza el mismo lenguaje que sus compañeros. Yo estoy pendiente de que lo que diga es real. Así se forma un ambiente de trabajo muchísimo más agradable que si fuera yo la que impusiera cómo se tiene que aprender”.

Recomendaciones para docentes y padres

Las tareas y el aprendizaje no deberían ser algo que genere tanto malestar, para eso se les recomienda a los docentes, tener en cuenta lo siguiente: 

  • Según Óscar Misle se requiere revisar las prioridades pedagógicas para contar con herramientas para el abordaje emocional de las tensiones, miedos y ansiedades, sobre todo en estos tiempos de pandemia.
  • Recordar que los niños son niños y deben vivir experiencias propias de dicha etapa. Es importante no desvalorizar el valor del juego como elemento de estímulo para el desarrollo.
  • Los docentes deben brindar instrucciones claras para la realización de la tarea y esta debe ser realizada con material e información que sea accesible para el niño y sus padres. Al igual que deben ser interesantes para los alumnos, fomentar la creatividad, la discusión y el trabajo cooperativo.
  • Asegure el acceso al apoyo de la salud mental en la escuela. Los psicólogos escolares, los consejeros y los trabajadores sociales pueden proporcionarles a los estudiantes una gama de servicios de salud mental que varían desde el apoyo del comportamiento y la promoción del bienestar mental universal a la capacitación de padres y personal. 

Por otro lado, a los padres se les recomienda: 

  • Deben mostrar interés, ser modelos de organización, eficiencia y responsabilidad. Recordemos que los padres son el “modelo” a seguir. Además, con ello se fomenta la unión familiar, que es vital, y una comunicación emocional que ayuda a la formación de un buen vínculo.
  • Felicitar a los niños por el esfuerzo realizado. Es más importante un real esfuerzo en el niño que una tarea perfecta. 
  • Ajustar los horarios de tal manera de equilibrar los tiempos y que haya espacios para las asignaciones escolares, recreación, sus amigos y participación en las tareas de la casa.
  • Aliente la buena salud física. Los hábitos de comida saludables, el ejercicio habitual y dormir bien protegen a los niños del estrés producto de las situaciones difíciles. El ejercicio habitual también reduce ciertas emociones negativas como la ansiedad, el enojo y la depresión.

Tanto los padres como los docentes deben trabajar en equipo y mantener una adecuada comunicación. Ser flexibles, procurando siempre el bienestar para el niño que está en desarrollo y en formación.

María Victoria Coutsogiannis

María Victoria Coutsogiannis

Psicóloga del Servicio de Atención Psicológica de Cecodap, Crecer sin Violencia

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