Saraiba: la víctima y el victimario no son los únicos protagonistas en el acoso escolar #CecodapLive

Frecuencia, daño y poder son tres factores para que el bullying o acoso escolar se desarrolle en las escuelas. El psicólogo Abel Saraiba, coordinador adjunto de Cecodap, puntualizó que la sistematicidad del ataque, la intencionalidad y la búsqueda de reconocimiento entre los compañeros de clases son patrones característicos de las manifestaciones de acoso, que cada día están presentes en los pupitres.

El martes 12 de febrero, en las redes sociales, se viralizó el suicidio de Drayke, un niño de 12 años de edad, en Utah, Estados Unidos. Su madre publicó en su cuenta de Instagram fotografías de su hijo en la Unidad de Terapia Intensiva, con el mensaje: “Este es el resultado del bullying”.

Saraiba, quien también es coordinador del Servicio de Atención Psicológica Crecer Sin Violencia, enfatizó que el caso de Drayke no es aislado, sino que puede ser fácilmente representado en todas partes del mundo, incluso en Venezuela.

“A pesar de que el hecho sucedió lejos de nuestra frontera, es un tema que nos toca de manera muy sensible, porque todos conocemos a un niño o hemos vivido, en algún momento, la experiencia del acoso escolar. Creo que hablar de del suicidio de Drake en una oportunidad también para traer este tema sobre la mesa en nuestro contexto en Venezuela”, explicó durante la entrevista sobre bullying en las escuela, en el programa CecodapLive, este martes 22 de febrero.

Para Saraiba, el acoso escolar es una de las formas violencia más compleja que afectan a los niños, niñas y adolescentes, “también es de las que poco se habla”. Agregó que: “el acoso escolar no es un problema de dos chamos, sino que hablamos de una dinámica de violencia que se produce siempre, o por lo general, frente a testigos que, a su vez, legitiman, de alguna manera, el ejercicio de esta violencia”.

Enfatizó que hay que diferenciar los distintos tipos de violencia en el contexto de las escuelas. “Por ejemplo dos compañeros que, en medio de un partido de fútbol o un recreo, tienen una discusión y llegan a golpes, eso es violencia en el contexto de la escuela, pero no es acoso. La razón es que no hay una práctica intencional, que se realice frente a otro; cuando esto sucede, entonces hablamos de acoso escolar. Allí veremos que hay un efecto diferencial porque ese uso sostenido y exponencial de la violencia, lleva a consecuencias mucho más difíciles de abordar”, agregó.

Testigos del acoso

La víctima y el victimario no son los únicos protagonistas en el bullying. Saraiba enfatizó que en los casos de acoso escolar es importante identificar a los demás actores, para hacer abordajes integrales ante la problemática.

“En el acoso escolar ocurre un fenómeno muchísimo más complejo porque tenemos al niño que ha sido agredido, al niño que es agresor; están los familiares de ambos, están los testigos y los docentes. Además, están los miembros de la comunidad educativa, que puede ser personal administrativo y obrero. Los terapeutas, un psiquiatra, incluso los medios de comunicación social. Todos entran en juego y son claves en los procesos”, agregó.

Además de todas las personas que intervienen, existen relaciones históricas que son importantes para entender el fenómeno del acoso. Se refiere a la crianza de los padres y docentes, por ejemplo. “De allí podemos entender el papel que juegan cada uno de los factores, la actitud. Las cosas que se dejan de hacer, esas acciones y omisiones”, explicó.

Señaló que al tomar acciones que permitan solventan los casos de acoso escolar, el abordaje no debe quedar solo en la víctima y el victimario. Los padres, docentes y, en especial, los testigos espectadores, quienes convalidan la situación. “Los legitiman porque bien manifiestan su apoyo, o se ríen, o porque guardan silencio; incluso al mostrar indiferencia ante los hechos. Aquí también hay que hacer un llamado de atención a los maestros para que no se hagan la vista gorda ante estos hechos”, sostuvo.

Agregó que los docentes tienen que estar atentos de cómo son las interacciones de los estudiantes, “no solo en el rendimiento académico”.

El acoso es denunciable

Carlos Trapani, coordinador general de Cecodap, explicó que el acoso escolar al ser una forma expresión de violencia puede ser denunciada. “En este caso, podría representar un freno a la agresión. Con la denuncia también se implica un proceso terapéutico que dignifica al niño frente a un hecho violento. Esto lo acerca a la justicia, adoptar medidas de protección y establecer mecanismo para poder superar el hecho”, sostuvo.

Enfatizó que uno de los principales problemas del acoso escolar es que represente una violencia frecuente y severa. “eventualmente, una situación de acoso puede desencadenar hechos punibles. Se puede convertir en agresiones físicas, en amenaza, hostigamiento u otras formas de violencia que nuestra legislación tipifica como delito. Ahora bien, si ese acoso escolar traspasa los límites de la legalidad y representa agresiones la víctima, con su familia, pueden acudir al Ministerio Público para hacer la denuncia correspondiente”, sostuvo.

Recomendó a las familias con niños o niñas víctimas de acoso a acudir a las instancias de protección más cercanas, en el caso de que se agote la vía interna de las instituciones educativas. “Inicialmente hay que agotar los mecanismos internos de la institución educativa, para recibir la orientación y apoyo; pero, si estás instancias no responde o sus respuestas son inadecuadas, podemos acudir al Consejo de Protección”, sostuvo.

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Vuelta al salón de clases

Para Saraiba, tanto en la escuela como en la casa se tiene que hablar del reconocimiento de las emociones. “Si a mi niño o niña nunca le he enseñado a empatizar con los sentimientos del otro, entonces es muy difícil que mi hijo o hija pueda detenerse cuando la otra persona le dice que ‘esto no me hace sentir bien’. Hay un trabajo previo en este sentido”, detalló. Explicó que parte de las situaciones en donde los niños usan la violencia de manera sistemática contra otros es porque la única emoción que reconoce son las suyas.

Para 2020, un año en el que no hubo clases presenciales, 14% de los casos del Servicio de Atención Psicológica (SAP), Crecer sin Violencia,  estaban relacionados al acoso escolar. “Es importante destacar que estábamos hablando en 2020, un año caracterizado por la pandemia. Muchos de los casos, estuvieron fuera de las escuelas”, indicó.

Tras el regreso a clases presenciales, el SAP volvió a tener varios casos de acoso escolar. “Vemos otra vez la violencia física, verbal, psicológica, relacional. Todo esto produce efectos devastadores a la autoestima, de aquí pueden venir apariciones de cuadros depresivos, de ansiedad e incluso trastornos de la conducta alimentaria”, sostuvo.

Enfatizó que especialmente niños, niñas y adolescentes de la comunidad LGBTIQ son víctimas de agresiones y violencia dentro de las escuelas. “Los propios maestros y la familia no saben cómo manejar este tema, lo cual hace, que exista una mayor vulneración a sus derechos”, agregó.

Detalló que en Cecodap, se trabaja con acompañamiento psicológico a los niños afectados por el acoso, así como a sus familias. También realizan orientaciones en las escuelas y los docentes. “Articulamos estos enfoques para que la solución sea lo más efectiva posible. Y es que, al pensar en el acoso escolar, imaginemos una telaraña, no lograremos un cambio profundo si solo se trabaja con uno de los vértices. Esa es la realidad”, agregó.

El coordinador adjunto de Cecodap apunta que hacer un trabajo integral es esencial para atacar el acoso escolar, por lo que articulan a los distintos miembros de la comunidad educativa, para buscar soluciones. “Si identificamos que en las escuelas no se encuentra la solución, también podemos acudir a los sistemas de protección del niño, niña y adolescentes”, señaló.

En claves

Para los padres de los niños o niñas víctimas:

  1. Reconocer que el hecho de violencia y que es una situación que no puede manejar solo.
  2. Tener una actitud empática, la ideas es que entienda que sus sentimientos son valiosos.
  3. Entender que la reactividad es un obstáculo. No es salir a buscar los papás del otro niño de forma violenta.
  4. Evitar revictimizar a los niños: no decirle que «si es víctima de violencia, también agredan a los niños».
  5. Hablar con los miembros de la institución educativa.
  6. Exigir a las escuelas planes de acción para que no se vuelvan a repetir estos hechos.

Para los padres de los niños agresores:

  1. Observar si hay falta de empatía en el niño o niña. Atento si ves que le cuesta empatizar o tiene placer por hacer daño.
  2. Ver si el niño o niña llegó con objetos que no le pertenecían. Preguntar su procedencia.
  3. Si al dejarlo en el colegio ves reacciones de ansiedad o miedo en sus compañeros.
  4. Reconocer en casa si existen dinámicas de violencia que pueden afectar al niño o niña.
  5. Acudir con un profesional para trabajar en el niño o niña estas alertas.

Para los docentes:

  1. Estar atentos de las interacciones entre los estudiantes, en el salón y en áreas recreativas.
  2. Identificar a los niños o niñas que estén solos, con miedo o aislados.
  3. Buscar herramientas para tratar el tema del acoso escolar y sus consecuencias psicológicas. Apoyarse en organizaciones o especialistas.
  4. Establecer canales de comunicación con los padres.
  5. Acceder a los sistemas de protección.
  6. Solicitar a la directiva protocolos preventivos y de actuación en caso de registrarse un acoso escolar.
  7. Reconocer que en todos los colegios puede haber situaciones de acoso.

Para los medios de comunicación:

  1. Seguir hablando de los hechos de violencia escolar.
  2. No dejar el tema aparte de las agendas mensuales.