
Durante varios meses lo estuvo pensando hasta que tomó la decisión. Sabía los riesgos a los que podía exponerse, pero finalmente lo decidió: un día de 2022, Andrea salió desde Delta Amacuro, su estado natal, en una balsa, con destino a Trinidad y Tobago. Tenía 15 años. Iba sola.
“Dejé mis estudios, estaba en 4to año. Soy la menor de cuatro hermanos; somos tres hembras y un varón. Todos ya habían emigrado. Para tener mis cosas, sentí que la única solución viable era irme también”, cuenta.
Fue así que se enrumbó en una ruta peligrosa. No existen cifras oficiales consolidadas y de fácil acceso que ofrezcan un total exacto de naufragios en las aguas de Trinidad y Tobago en los últimos 5 años. La información se encuentra dispersa en distintos informes de organizaciones humanitarias y noticias de los medios de comunicación. Sin embargo, a partir de los datos disponibles de fuentes como la OIM y el ACNUR, se pueden identificar varios incidentes trágicos.
En 2019, se registraron al menos tres naufragios con un total de más de 80 venezolanos desaparecidos o fallecidos en las rutas hacia Trinidad y Tobago y Curazao. En 2020, se produjo un naufragio de una embarcación que partió de Güiria, Venezuela, con destino a Trinidad y Tobago, en el que murieron al menos 33 personas. En 2021, se reportó otro naufragio con un saldo de al menos 24 personas a bordo, de las cuales se encontraron dos cuerpos y varias fueron rescatadas.
“El viaje fue tranquilo, tuve que tomar dos balsas para llegar y pagué 150 dólares, dinero que logré reunir gracias a que varias personas me apoyaron”. Allá la recibieron dos amigas: “Vivíamos juntas, entre todas pagábamos un alquiler de unos 150 dólares”.
Andrea trabajó durante más de un año en un bar en el que había otras venezolanas empleadas. «Ellas me cuidaban de los borrachos», recuerda. Ganaba unos 50 dólares diarios (alrededor de 1 mil 400 dólares mensuales), lo que le alcanzaba para el alquiler, su comida y mandar remesas a su casa.
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“Triniveni” es el nombre que reciben los migrantes venezolanos en Trinidad y Tobago, pero también es sinónimo de explotación laboral y racismo. En este archipiélago anglófono, de 1,4 millones de habitantes, unos 60 mil venezolanos, aunque varias ONG estiman que la cifra puede llegar a 130 mil (es decir, el 10% de la población) y solo 9 mil tienen estatus migratorio legal.
Andrea vivió dos años allí. Pero extrañaba demasiado a su familia y por ello, en 2024, decidió volver a Delta Amacuro. Entonces retomó sus estudios, con la certeza de no volver a emigrar.
*Andrea es un nombre ficticio que usamos para proteger la identidad real de la adolescente
Pableysa Ostos
Corresponsal de la Agencia de Periodistas Amigos de la Niñez y la Adolescencia (Agencia PANA) de Bolívar
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