La Guaira.- Los terremotos del 24 de junio de 2026 marcaron el inicio de la travesía de David y Elizabeth: la búsqueda de su hijo, Víctor David Meza, de 15 años.
Víctor era un adolescente de carácter reservado y sensible, brillante y apegado a la tecnología y al universo digital, diagnosticado con trastorno del espectro autista (TEA). Vivía con sus padres, David Meza y Elizabeth Castro, y estudiaba en la capital, en un colegio de la avenida San Martín, al oeste de Caracas.
Un plan para celebrar la visita de su hermana, residente en España, quedó truncado por la tragedia. Ese miércoles 24, feriado, bajaron a La Guaira y se quedaron en el apartamento 5A de las Residencias Costa Dorada en Catia La Mar… pero durante los sismos Víctor estaba solo en el lugar. «Habíamos planificado ir a la playa, pero a Víctor no le gusta mucho compartir ni ir a la playa ni esos planes… prefirió, por la hora y el día, quedarse en su cuarto jugando», relata David con la voz quebrada por el recuerdo de esa última conversación.
Parte del edificio colapsó durante los terremotos y no supieron más de Víctor. La búsqueda duró casi dos meses: 58 días.
Fotografías cedidas por el padre de Víctor, David Meza.
El silencio bajo el cemento
Tras el desplome de la estructura, que sepultó la zona A del edificio, comenzó una carrera contra el tiempo marcada por la incertidumbre. David, en estado de shock, y su esposa Elizabeth recorrieron cada centro de salud, morgue y puesto de mando habilitado en La Guaira y Caracas.
Su padre dejó afiches en los hospitales y se compartió la información en Instagram en varias oportunidades. Incluso su colegio colaboró activamente y compartió el afiche digital con su fotografía, su nombre y sus datos. La familia se aferró a la posibilidad de que su hijo hubiera logrado escapar del edificio antes del derrumbe parcial. Alguien divisó a un adolescente correr por la calle y su descripción encajaba con la de Víctor.

Las denuncias ante el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) y las reuniones con autoridades del Instituto Autónomo Consejo Nacional de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes (IDENNA) fueron los primeros pasos. Sin embargo, la falta de respuestas claras obligó a la familia a tomar una decisión drástica: trasladarse ellos mismos a las ruinas del edificio. David describe el proceso como «minucioso y fuerte», marcado por la remoción manual de toneladas de escombros y el uso de maquinaria especializada que, contra todo pronóstico, consiguió que se usaran en un sitio que muchos daban por perdido.
La potencia de una red solidaria
La tragedia de Víctor no fue enfrentada en soledad. David Meza insiste en que, si bien la ayuda oficial ha estado presente —especialmente a través de Protección Civil y Obras Públicas—, la clave de la persistencia radica en la red humana que se formó.
La experiencia ha revelado una faceta oculta del venezolano ante la adversidad, según el padre del adolescente. «Se formó un grupo de trabajo excelente, nos convertimos en hermanos en general, y de verdad se ve la potencia que tiene Venezuela con todos estos muchachos que han trabajado acá», cuenta David.
«Hay un grupo que se llama Resistencia Unida que también nos prestó bastante ayuda a través de una amiga que está en Estados Unidos. Nos enviaba hidratación y alimentos», agrega, agradeciendo cada gesto de apoyo que ha recibido desde distintas partes del mundo.
Fotografías cedidas por el padre de Víctor, David Meza.
La situación del edificio Costa Dorada es descrita por David como un rompecabezas arquitectónico de extrema complejidad. «El edificio quedó en una forma muy compleja, con unas losas arriba que parecían que iban a caer». El nuevo día a día del padre del adolescente y de quienes le apoyaron durante semanas consistía en medir los riesgos entre las ruinas de la estructura que alguna vez fue el hogar de su familia, para evitar caídas y lesiones. Sin embargo, parar no era una opción. «Yo tengo mi eslogan personal: la fe intacta desde el día uno».
Más allá de los escombros
A medida que las tareas de remoción se acercaban a su fase final —con la esperanza de terminar de despejar la zona—, la familia Meza comenzó a diseñar una nueva estrategia. David tenía un punto crucial: que Víctor no se encontrara allí, lo cual era una posibilidad, no significaba que se detuviera la búsqueda, sino que esta se transformaría.
El caso de Víctor trascendió las fronteras de La Guaira, captando el interés de reporteros e influencers en España, Chile y El Salvador. Su padre valoró este apoyo porque así podía amplificar su mensaje.
Para la familia Meza, la búsqueda era un acto de amor innegociable. «Yo voy por Víctor, esté donde esté. Lo estamos buscando literalmente hasta debajo de las piedras», sentenció David.
Una semana después, el 21 de agosto de 2026, se anunció en redes sociales que Víctor había fallecido.
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Pableysa Ostos
Corresponsal de la Agencia de Periodistas Amigos de la Niñez y la Adolescencia en Bolívar.
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