Desde Cecodap expresamos nuestra solidaridad con todas las personas, familias y comunidades afectadas por el sismo ocurrido en la ciudad de Caracas, La Guaira y otras regiones del país. Acompañamos especialmente a quienes han sufrido pérdidas, lesiones, daños materiales o viven momentos de incertidumbre.
En situaciones como esta, el primer objetivo debe ser proteger la vida y la integridad de las personas. Toda decisión de las autoridades, las familias, las instituciones educativas y las organizaciones debe privilegiar la seguridad por encima de cualquier otra consideración.
Las emergencias no solo producen daños físicos. También generan miedo, ansiedad, confusión e incertidumbre, especialmente en niños, niñas y adolescentes. Por ello, la respuesta humanitaria debe incorporar desde el primer momento medidas de apoyo psicosocial y salud mental que permitan reducir el impacto emocional del desastre y favorecer procesos de recuperación.
Aunado a esto, uno de los mayores riesgos durante las emergencias es la separación de niños, niñas y adolescentes de sus familias. Venezuela no puede repetir los errores observados en otras emergencias y desastres naturales. La respuesta debe incorporar desde el inicio medidas específicas para proteger a la niñez y adolescencia conforme a los estándares internacionales de protección de esta población en emergencias.
En consecuencia, exhortamos a las autoridades nacionales, estadales y municipales a garantizar que toda la respuesta frente a esta emergencia incorpore un enfoque de protección integral de la niñez, colocando el interés superior del niño y la unidad familiar como principios rectores de todas las decisiones.
La reunificación familiar debe constituir una prioridad desde las primeras horas posteriores al desastre. La experiencia internacional demuestra que una respuesta rápida, organizada y segura reduce significativamente los riesgos de desaparición, trata de personas, explotación, violencia y otras vulneraciones de derechos que suelen incrementarse en contextos de emergencia.
Para ello, resulta indispensable que:
- Se evite la separación de niños, niñas y adolescentes de sus familias, salvo cuando exista un riesgo real e inmediato para su vida o integridad. Cuando la separación sea inevitable, esta debe ser excepcional, temporal y estar debidamente registrada.
- Se implemente un sistema de registro, identificación y localización de niños, niñas y adolescentes separados de sus familias, documentando su ubicación y activando de inmediato mecanismos eficaces de búsqueda y reunificación.
- Ningún niño, niña o adolescente sea entregado a una persona sin verificar previamente su identidad, el vínculo familiar o la representación legal correspondiente. La urgencia de la emergencia nunca puede justificar procedimientos que aumenten los riesgos de desaparición, tráfico, trata o apropiación irregular de niños.
- Se garantice el derecho de niños, niñas y adolescentes a ser escuchados y a que su opinión sea tomada en consideración, de acuerdo con su edad, madurez y nivel de desarrollo, durante los procesos de búsqueda, reunificación y cualquier otra decisión que les afecte.
- Se habiliten espacios seguros y diferenciados para la atención temporal de niños, niñas y adolescentes separados de sus familias, evitando en todo momento su permanencia en lugares inseguros o sin supervisión adecuada.
- Los refugios y centros de atención cuenten con condiciones adecuadas de seguridad, privacidad, iluminación, agua, saneamiento e higiene, así como mecanismos efectivos de protección para prevenir cualquier forma de violencia, especialmente la violencia sexual, la explotación, la trata de personas, el abuso, la violencia basada en género y otras formas de victimización.
- Se establezcan mecanismos accesibles, confidenciales y oportunos para denunciar situaciones de violencia, abuso o desaparición de niños, niñas y adolescentes, asegurando una respuesta inmediata de las autoridades competentes.
- Se identifique y brinde atención prioritaria a niños, niñas y adolescentes que se encuentren solos, separados de sus familias, con discapacidad, enfermedades crónicas, necesidades específicas de apoyo o pertenecientes a otros grupos en situación de mayor vulnerabilidad.
- No se promuevan procesos de adopción, acogimiento permanente u otras medidas definitivas de separación familiar mientras persista la emergencia o hasta que se hayan agotado de manera efectiva los procedimientos de búsqueda, localización y reunificación familiar.
- Se proteja la privacidad y la identidad de los niños, niñas y adolescentes afectados, evitando la difusión innecesaria de imágenes, nombres u otra información personal que pueda exponerlos a nuevos riesgos o afectar su dignidad. La difusión de información para facilitar la reunificación familiar debe realizarse únicamente mediante mecanismos seguros y coordinados por las autoridades competentes.
La protección de la niñez no puede considerarse una acción complementaria dentro de la respuesta humanitaria. Constituye una obligación jurídica del Estado y una condición indispensable para garantizar que la emergencia no genere nuevas violaciones de derechos que podrían evitarse mediante una actuación oportuna, coordinada y basada en estándares internacionales.
Asimismo, exhortamos al Estado venezolano a que todas las acciones de respuesta incorporen los estándares internacionales aplicables en materia de derechos de la niñez y adolescencia, asegurando que el interés superior del niño, la prioridad absoluta, la unidad familiar, la no discriminación y la participación sean principios rectores de toda actuación.
Las escuelas, comunidades, organizaciones sociales y medios de comunicación también desempeñan un papel fundamental. La información debe ser verificada antes de difundirse, evitando rumores que incrementen el miedo o dificulten las labores de protección y reunificación familiar.
Las emergencias ponen a prueba la capacidad de respuesta de una sociedad. La protección de la niñez no puede esperar a que termine la emergencia; debe comenzar desde el primer momento.
En Cecodap reiteramos nuestra disposición para colaborar con las autoridades, organismos humanitarios y comunidades en todas las acciones dirigidas a garantizar la protección integral de niños, niñas y adolescentes afectados por esta emergencia.
Cecodap / @Cecodap
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Con frecuencia escucho la misma pregunta: ¿qué es realmente lo que hace una trabajadora social? Para muchos, nuestra figura se reduce a alguien que «ayuda», que llena formularios en una visita domiciliaria o que interviene solo cuando el riesgo ya es inminente. Hay quienes, incluso, nos ven con cierta distancia, como si nuestra presencia fuera el anuncio de un problema sin solución. Sin embargo, en el día a día de Cecodap, nos detenemos a ver lo que pocos ven. En contextos de crisis humanitaria y dentro del ecosistema de las ONG, el Trabajo Social no es un trámite: es el puente.
En Cecodap estamos activas tres profesionales de Trabajo Social. Para nosotras esta labor está marcada por el compromiso, el acompañamiento cercano y la capacidad de transformar realidades al garantizar intervenciones que no se limiten al carácter asistencial inmediato, sino que se conviertan en respuestas sostenibles, construidas a partir del análisis exhaustivo de las necesidades de una población, así como de aquellas causas que producen vulnerabilidad en sus individuos.
Trabajo Social no es solo observar una carencia; es entender que ese niño o niña que llega a consulta no es una isla. Su bienestar depende de una red de hilos invisibles —su familia, su escuela, su comunidad y su situación económica— que muchas veces están tensos o a punto de romperse. Hoy quiero invitarte a descubrir cómo esta disciplina se convierte en un puente entre las necesidades de las personas y las soluciones que garantizan la inclusión y el respeto a la dignidad humana haciendo prevalecer los derechos humanos:
1️⃣ Proceso estructurado. El trabajador social, a través de una intervención directa, aborda los casos de protección infantil mediante un proceso estructurado que incluye la identificación, evaluación, planificación, intervención y seguimiento; siempre guiado por el principio del interés superior del niño. Así mismo, en su labor dentro de un equipo interdisciplinario, contribuye a construir una visión más integral del caso, en la que se reconoce la dinámica familiar del paciente, aspecto que influye de manera significativa en su bienestar y en la evolución del proceso terapéutico.
2️⃣ Mirada profunda. El trabajador social se adentra en los espacios más íntimos de las familias. Cuando acudimos a evaluar el entorno físico y la dinámica familiar, nuestra labor trasciende la simple inspección técnica. No entramos a un hogar como encuestadores o jueces de higiene, sino como profesionales que buscan comprender un sistema vivo. Una vez allí, nuestra mirada no se detiene en los objetos o el orden de los electrodomésticos, sino en la habitabilidad emocional: el modo en que las personas se vinculan, su capacidad para resolver crisis y las redes de apoyo que las sostienen entendiendo el hogar como un refugio de seguridad y afecto. Por ello, nuestro propósito es visibilizar tanto los recursos y factores protectores, como los factores de riesgo.
3️⃣ Activismo en derechos humanos. El trabajador social actúa como defensor de los derechos. Nuestra labor aquí se enfoca en acompañar a las familias que enfrentan amenazas o vulneraciones para gestionar a través de los órganos de protección, las medidas necesarias para restituir sus derechos. En este proceso, el profesional sirve como puente y mediador, aportando contención emocional y un análisis crítico del contexto social en el que vive la familia.
4️⃣ Estratega de soluciones. El trabajador social diseña planes de acción para acompañar a las familias que enfrentan diversas problemáticas en el ámbito social, educativo, de salud física o mental. Con un diagnóstico integral, se generan estrategias de intervención orientadas a brindar respuestas específicas y efectivas que contribuyan a la solución de cada una de estas dificultades.
5️⃣ Enlace. El trabajador social promueve alianzas estratégicas con organizaciones y organismos del Estado para generar redes de apoyo que permitan conectar a las personas con sus derechos y acceder así a servicios de salud, educación y diversas oportunidades que, en muchas ocasiones, resultan inaccesibles o difíciles de comprender.
6️⃣ Análisis científico. Desde una perspectiva comunitaria, el trabajador social es un investigador social que implementa diagnósticos para analizar las problemáticas de manera integral y detectar patrones de exclusión, pobreza, violencia o falta de acceso a servicios básicos. Este proceso permite identificar con precisión las necesidades colectivas y establecer prioridades de intervención. Su labor no se limita a señalar las carencias: también diseña estrategias de acción que promueven la participación activa de la comunidad en la construcción de soluciones sostenibles. Asimismo, actúa como mediador entre las comunidades y las instituciones, defendiendo a los sectores más vulnerables y promoviendo la integración social. De esta manera, contribuye a que las personas conozcan y ejerzan sus derechos, fortaleciendo la ciudadanía y la cohesión comunitaria.
En Cecodap hemos entendido la plusvalía que ofrece a los beneficiarios contar con un profesional de Trabajo Social. Su visión permite que la intervención psicológica y jurídica sea mucho más efectiva ya que aporta una cercanía única para entender lo que vive cada familia. Este profesional no solo diseña planes a medida, sino que es alguien que cree en las segundas oportunidades. Su meta diaria es bajar los derechos humanos del papel a la realidad, luchando incansablemente para que todos vivamos en un entorno de respeto y dignidad.
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Argelia Escalona
Trabajadora social, parte del equipo del Servicio de Atención Psicológica de Cecodap "Crecer sin violencia".










