La Guaira.- En la Opppe 34 Eliezer Otaiza –en la urbanización Tanaguarena de Caraballeda, en La Guaira– solía fallar el suministro de agua corriente. La ponían solo algunas horas durante el día. Era el modo en el que lograban administrar lo almacenado en el tanque de la residencia. Por eso a las 6:00 de la tarde de ese 24 de junio, Joneyly Pantoja Bolívar, de 6 años, y su mamá, Joneysy Bolívar, se disponían a bañarse. Comenzaba lo que los vecinos llamaban “la hora del agua” y era momento de aprovecharla.
Estaban ya sin ropa cuando todo se estremeció. El piso se movía; en la ducha, que era pequeña, Joneyly parecía rebotar de pared a pared. La madre levantó a la niña, la cargó, y salió corriendo hacía la entrada del apartamento. En medio del desespero, no hubo momento para vestirse.
Joneysy quitó el seguro, pero la puerta se mantenía cerrada, así que comenzó a gritar, a pedirle ayuda a un vecino:
—¡Gabriel, ábrenos la puerta! ¡Gabriel, acá estamos! ¡Ayúdanos!
El vecino no las escuchó. Él y todos allí corrían por las escaleras. El edificio se seguía estremeciendo. El tiempo parecía estirarse; eran segundos infinitos. Una de las paredes del apartamento comenzó a desmoronarse. Josneysy decidió bajar a la niña y darle la llave para que intentara abrir la reja apenas ella lograra destrabar la puerta, pero fue inútil.
Entonces a la niña se le ocurrió una idea:
—Mamá, rompe la puerta con un cuchillo.
Josneysy corrió a buscar el utensilio que estaba sobre el mesón de la cocina, le abrió un hueco a la puerta a la altura de la cerradura y lograron salir.
Así quedó el edificio en que vivía Josneyly y su familia en Tanaguarena.
Debían bajar los 5 pisos que las separaban de la planta baja. Cuando iban por el tercero se encontraron con que ya no había escaleras: delante de ellas lo que había era una pila de escombros. El resto de la edificación estaba desplomada. Un vecino ayudó a Josneysy cargando la niña sobre los escombros para ponerla a salvo lejos de la edificación, pero Josneysy, desvestida, sentía demasiado pudor y miedo.
Los vecinos le insistieron en que saliera, porque allí dentro corría peligro. Resolvió abandonar la estructura por la parte de atrás. Y desde allí madre e hija lograron ver la devastación: de 12 pisos solo quedaron 8 en pie, y se fracturó el muro perimetral. El apartamento que durante 10 años fue el hogar de la familia –allí vivían la abuela, los padres, y una tía—, ya no existía.
—¡Mami, nos quedamos sin casa! —le dijo Joneyly.
—Lo sé hija. Pero todo va a estar bien. No te preocupes.
—Me siento muy triste. Quiero hablar con mi tía para decirle que ya no tenemos donde vivir.
La familia en el apartamento antes del 24 de junio.
La travesía
El padre de la niña, Yanson Pantoja, estaba llegando a la residencia cuando ocurrieron los sismos. Quedó atrapado en el ascensor con dos niños más que vivían en el edificio. Él los ayudó a salir y logró llegar al apartamento, pero no encontró ni a su hija ni a su esposa. Entonces se echó a correr hacia abajo. Las abrazó tan pronto las vio y sacó ropa de un bolso que traía del trabajo para que ambas se pudieran vestir. Luego, se fueron en moto hasta el sector Valle del Pino, a unos 6.8 kilómetros de distancia, a la casa de la familia de Yanson.
Al salir a la avenida José María España se toparon con muchas personas que gritaban pidiendo ayuda; mientras otros corrían sin rumbo fijo.
—¡Mamá! miralo está muerto —le dijo Joneyly al ir en la moto.
—Hija, no, por favor; no veas para allá.
Josneysy prefirió taparle los ojos a la niña camino a Valle del Pino.
Edificios, centros comerciales, supermercados, farmacias y restaurantes habían colapsado. El recorrido que normalmente toma unos 10 minutos en vehículo, les tomó más de media hora.
En Valle del Pino solo estuvieron un día. La familia se fue hasta Caricuao, en Caracas, donde permanecieron 5 días, para finalmente llegar el 31 de junio al poblado de Todasana, parroquia Caruao, al este de La Guaira. Allí están viviendo en la casa del padre de Josneysy, junto con su madre y su hermana menor.
La familia Logró recuperar algo de ropa y los colchones.
Sin un plan seguro
Todo es incierto. No quieren regresar al centro de La Guaira. Quisieran más bien irse a vivir a Caracas u otro estado para poder conseguir estabilidad y seguridad. Desde lo ocurrido el 24 de junio, Joneyly no quiere estar sola en ningún momento. Pide que la acompañen para dormir, para ir al baño, para jugar. También mantiene el mismo tema de conversación sobre tener una casa para vivir.
—Mami, ¿cuándo vamos a recuperar la casa?
—Hija, no sabría decirte. Tenemos que estar acá un tiempo. Lo importante es que todos estamos vivos y juntos.
—Lo sé, pero me gustaba más vivir en Tanagurena.
—Pero muchas cosas cambiaron y van a tener que cambiar. Nos toca ajustarnos a esos cambios.
—Espero pronto tengamos una casa y yo mi cuarto.
—Hija, estoy segura que así será.
Gabriel Hernández
Corresponsal de la Agencia de Periodistas Amigos de la Niñez y la Adolescencia en La Guaira.
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