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Mientras la infancia está bajo fuego, el silencio no es una opción

Gaza, Sudán, Ucrania. Mientras el mundo avanza, millones de niños y niñas se encuentran atrapados en la cruda realidad de conflictos armados. Esta situación, lamentablemente recurrente, lejos de normalizarse, se agrava con cada día que pasa. Los datos son contundentes: a mediados de los años 90, cerca del 10% de la niñez mundial vivía en zonas de conflicto; para 2023, casi se ha duplicado, afectando directamente a 473 millones de niños y niñas, según el reciente informe de Save The Children.

En ese mismo documento se indica que las violaciones graves contra la infancia se dispararon en 2023, con 31.721 casos registrados, un aumento del 15% respecto al año anterior, lo que equivale a 86 violaciones diarias. Sudán y el Territorio Palestino Ocupado muestran los incrementos más alarmantes, y se estima que estas cifras son solo el inicio de lo que realmente sucede.

Un dato más actualizado de Sudán, lo presenta UNICEF  que advierte que en este 2025 se vive la mayor crisis humanitaria y de desplazamiento infantil a nivel global, con más de 15 millones de niños necesitando asistencia. Además, la devastación en Gaza es desgarradora, con más de 18.000 niños asesinados y 20.000 desaparecidos desde el inicio del conflicto, y 1.1 millones enfrentando la desnutrición, según Save the Children.

Ante este panorama, el silencio no es una opción. Es imperativo recordar a los Estados su ineludible rol en la defensa de los derechos de la niñez más vulnerable.

 

  1. Detener la guerra es proteger la infancia: un alto al fuego inmediato y diplomacia sin restricciones

Nada destruye tanto a la niñez como la guerra. Cada día en guerra deja un daño profundo a la niñez. Conforme dicta la Carta de las Naciones Unidas y los Convenios de Ginebra, la comunidad internacional debe agotar todas las vías diplomáticas, de mediación y negociación para imponer un alto al fuego duradero y verificable. La paz no es una opción: es la única respuesta ética y legal que puede garantizar la supervivencia y la dignidad de millones de niños afectados por la violencia.

  1. Erradicar el reclutamiento infantil y su uso en conflictos armados

El reclutamiento de niños, niñas y adolescentes constituye un acto gravísimo de violación a sus derechos, genera  heridas psicológicas y sociales imposibles de borrar. El Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño prohíbe reclutar o usar a menores de 18 años en operaciones bélicas. Allí donde aún ocurre —en milicias irregulares o zonas ocupadas— la respuesta debe ser firme: sanción penal, liberación inmediata de los niños y planes integrales de reintegración para devolverles su infancia.

  1. Proteger escuelas y hospitales: espacios seguros

Atacar una escuela o militarizar un hospital es afectar directamente a los niños, niñas y adolescentes. Según el Protocolo I de los Convenios de Ginebra, todo bien civil indispensable debe permanecer a salvo de la destrucción. Salvaguardar aulas y centros de salud asegura que, pese a la violencia, haya un espacio para aprender, sanar y soñar con un mañana distinto. Ningún objetivo militar justifica convertir estos lugares en ruinas.

  1. Garantizar corredores humanitarios seguros, estables y libres de manipulación

Bloquear la entrada de comida, agua, medicinas o ayuda urgente es una crueldad que condena a niños a la desnutrición, enfermedades o muerte. Las Reglas 55 y 56 del Estudio del Derecho Internacional Humanitario consuetudinario, elaborado por el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), publicado en 2005 (https://ihl-databases.icrc.org/es/customary-ihl/v1) obligan a permitir asistencia humanitaria imparcial. Los corredores humanitarios deben existir sin restricciones ni usos estratégicos: rutas limpias, protegidas y supervisadas para que la ayuda llegue a quienes más la necesitan, sin convertirse en ficha de presión política o militar.

  1. Reforzar registros y reunificación familiar

Un niño separado de su familia vive en riesgo extremo de explotación, violencia y desaparición. El IV Convenio de Ginebra (Art. 24) obliga a protegerlos y reunirlos con sus familias cuanto antes. Si duda, muchos niños, niñas y adolescentes pierden a sus familias entre bombardeos y desplazamientos. Implementar registros claros, bases de datos seguras y protocolos internacionales de búsqueda es asegurarles el derecho elemental de volver a casa.

  1. Mantener intacto el acceso a servicios esenciales como un derecho inviolable en tiempos de guerra

Ni la guerra justifica cortar el agua, destruir suministros de alimentos o negar atención médica básica. La Convención sobre los Derechos del Niño (Art. 24 y 27) y el Derecho Internacional Humanitario dejan claro que la niñez y adolescencia debe recibir todo lo necesario para sobrevivir y desarrollarse.

  1. Poner la salud mental de los niños en el centro de cada respuesta

La guerra genera traumas en los niños, niñas y adolescentes. El artículo 39 de la CDN exige restaurar la salud física y mental de los menores afectados por conflictos. Ningún plan de ayuda debe ignorar la atención psicológica, el juego reparador ni la contención emocional. Sanar las heridas invisibles es una forma de reconstruir la esperanza.

  1. Garantizar justicia y castigo a los crímenes contra la niñez

Los ataques a hospitales, escuelas o niños desarmados no son daños colaterales: son crímenes de guerra (artículo 8 del Estatuto de Roma). La documentación rigurosa, la cooperación con la Corte Penal Internacional y la protección de testigos son piezas clave para que la verdad se conozca y la justicia se cumpla. No se trata de revancha, sino de dignidad.

  1. Escuchar la voz de la infancia: un derecho y una llave para la paz

Los niños, niñas y adolescentes no solo merecen protección, también tienen derecho a ser oídos (artículo 12 de la CDN). Sus ideas y testimonios deben alimentar decisiones sobre retorno, reconstrucción de escuelas y convivencia comunitaria. Incluirlos dignifica su rol como sujetos de derechos y multiplica las posibilidades de una paz verdadera.

  1. Respaldar con recursos y cooperación

Frente a una crisis humanitaria sin precedentes, la solidaridad internacional no puede ser simbólica. El artículo 4 de la CDN exige cooperación real para materializar los derechos de la infancia. Cada Estado, donante y organización debe priorizar en sus presupuestos la protección infantil como eje central de la respuesta. Ayudar a la infancia no es filantropía: es un compromiso con el futuro común de la humanidad.

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