«¿Con esto puedo tener una cuenta bancaria?», la ilusión de tener una cédula de identidad

Bárbara tiene nueve años de edad, estudia cuarto grado de primaria y sacó su primera cédula de identidad el viernes 29 de enero. «¿Mami con esto me puedes abrir una cuenta del banco para comprar mis chucherías?». Para Bárbara la cédula de identidad representa un nivel más en su camino hacia la adultez. También representa una forma de igualarse a los adultos de su alrededor, e incluso a sus hermanos. Para la niña, una cédula de identidad es más que un papel. Sabe que le abre oportunidades.

El viernes 29 de enero fue el quinto día de la jornada de cedulación para los niños, niñas y adolescentes. Los primeros días, la actividad estuvo marcada por la desorganización. La demanda sobrepasó la oferta y esto se vio en las largas colas que hacían padres e hijos para obtener el documento de identidad. Medios de comunicación reseñaron que en las regiones algunos niños pasaron hasta 22 horas en fila.

Bárbara y su madre, Heidy Rojas llegaron a las 8:00 am al Servicio de Administración Identificación, Migración y Extranjería (Saime) de San Bernandino, cerca de la plaza la Estrella de Caracas. Era la número 85 en la fila.

Cinco horas esperó para obtener su documento de identidad, junto a más de 150 niños, niñas y adolescentes, cuyos padres pautaron el viernes 29 de enero, como él más idóneo para realizar la diligencia con tranquilidad.

Desde las 6:00 am, padres, madres y otros representantes llegaron a la sede para poder tramitar la cédula de identidad a sus hijos por primera vez. Había que llegar temprano, porque en esa sede, durante el programa habilitado por el gobierno, solo sacarán 150 cédulas por día.

Para las 8:00 am, la cola llegaba hasta la esquina de la avenida Gamboa, alrededor de 200 personas esperaban que comenzara el trámite a las 8:30 am.

Bárbara estaba emocionada. Nerviosa por sacar su firma correctamente, practicó la caligrafía hasta más no poder la noche anterior, con la ayuda de su madre.

“Mami, ahora voy a tener una cédula de identidad como tú, mi papá y mis hermanos”, recuerda Rojas entre risas mientras relataba cómo su hija practicaba su firma desde el miércoles 27, cuando su mamá le informó sobre la diligencia.“Estaba nerviosa pero feliz”, agregó Rojas.

Ante la curiosidad de Bárbara, su madre le indicó la importancia de tener su cédula de identidad. Le dijo que no solo la identifica como una ciudadana del país, sino que también sirve para realizar los trámites en su colegio y otras instancias. “Le expliqué que ahora va a tener su identidad con ese documento. Le dije que ahora no tenía que usar la partida de nacimiento y que esto significa que estaba creciendo”, manifestó Rojas como parte de la exposición a su niña.

El derecho a la identidad está consagrado en la Ley Orgánica para los Niños, Niñas y Adolescentes (Lopnna) en su artículo 22. Allí se especifica que el Estado debe garantizar y “asegurar programas o medidas dirigidos a garantizar la determinación de identidad de todos los niños, niñas y adolescentes, incluidos el nombre, la nacionalidad y las relaciones familiares”.

A las 12:30 del mediodía del 29 de enero Bárbara obtuvo su primera cédula. Fue una de las afortunadas que lo logró a los nueve años (edad mínima que determina el Saime), pese a la contingencia de la pandemia de la COVID-19, la cuarentena radical y el distanciamiento social.

Un año después

Ibrahim tiene 10 años de edad y estudia quinto grado. A diferencia de Bárbara, él tuvo que esperar un año y dos meses para poder sacar su documento de identidad, debido a la cuarentena y porque el gobierno de Nicolás Maduro no habilitó el proceso durante 2020.

El niño llegó junto a su madre, Ora Maika Espinoza, alrededor de las 8:40 am, al Saime de San Bernandino. Espinoza relató que escogió el vienes para hacer la diligencia porque presumió que la afluencia de personas iba a ser menor. Ibrahim era el número 115.

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El tiempo de espera fue de cinco horas. Espinoza, precavida, preparó una lonchera con sanduches, galletas y agua. “No sabíamos si íbamos a pasar horas. Ya sabemos que los procesos del Saime se pueden llevar todo el día. Era mejor estar preparada”, sostuvo.

En el colegio de Ibrahim, le mandaron hacer una tarea sobre la importancia de tener su cédula de identidad, por lo que las preguntas fueron pocas, más no las ocurrencias. “Me preguntó si con su cédula de identidad iba a tener una tarjeta de crédito (ríe) y dije que no. Era su documento de identidad como escribió en su tarea”, señaló Espinoza.

Ibrahim, al igual que Bárbara, practicó su firma innumerable veces, pese a que los funcionarios, en la cola, les indicaban que no había que preocuparse porque salga bien la firma. “Ellos fueron muy amables con los niños, les decían que no se preocuparan con la firma, porque cuando tuvieran 18 años podrían cambiarla”, relató la madre de Ibraim.

Tenía su paraguas, del otro lado de la reja

Andreína tiene 9 años de edad, está en cuarto grado y destacaba entre la multitud de niños por su paraguas verde olivo. Ese 29 de enero el Saime de San Bernardino el clima no estaba nublado. Al contrario, el incandescente sol reposaba sobre todos los niños y niñas que esperaban pasar al interior de la oficina.

En esta sede, los niños fueron separados de sus padres durante el proceso. A ellos les dispusieron unas sillas dentro de la institución; mientras que los padres esperaron en la calle. Algunos, cuál águilas, vigilaban a sus hijos detrás de la reja que demarca el perímetro del Saime.  Los adultos respetaban el distanciamiento, pese a que los niños estaban sentados uno al lado del otro.

 Saime de San Bernardino, Caracas. Viernes 29 de enero de 2021. Foto: Erick González

El paraguas de Andreína fue una previsión de Aracelis Alicia, su madre. Ella también preparó un bolso con agua y comida. «Todos saben cómo son las diligencias en el país, sobre todo en el Saime», sostuvo la mujer.

Para las 12:30 m Andreína estaba de primera en la fila. Sentada, paciente, con su tapabocas y paraguas para asegurarse una sombra. Alrededor de ella también había niños y niñas, muchos sin sombrillas, sentados en filas de ocho puestos.

La madre de Andreína confesó que la niña imaginaba que su cédula de identidad era como una especie de tarjeta de crédito. “Me preguntó si eso era una tarjeta de crédito. Le explique que la cédula es un número que le asigna el Estado como ciudadano venezolano”, señaló. No le dio muchas explicaciones sobre las otras funciones de la cédula ni sobre la importancia de tenerla. “Con el tiempo se dará cuenta de todas las funciones de la cédula de identidad”, sostuvo.

Foto principal: Saime de San Bernardino, Caracas. Viernes 29 de enero de 2021.

Foto por Erick González.

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