El 11 de agosto de 2024, Gabriel Valdés, de 6 años, se despidió de sus familiares y del país. No entendió por qué su abuela, sus tías y sus primos lloraban en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía. Él pensaba que se iba a España de vacaciones.
«Le dijimos que queríamos viajar para conocer otras ciudades, y que podría tener un nuevo colegio y muchos amigos. Al principio estaba muy emocionado pero al transcurrir los días comenzó a preguntar: «¿dónde vamos a vivir? ¿con quién vamos a vivir?», cuenta Anabel Mejías, la madre del niño.
El tiempo ha pasado y él se ha ido adaptando. Gabriel conversa todos los días con su abuela a través de videollamada Siempre le pregunta: “¿cuándo vienes a visitarme?”. Desea volver a abrazarla. La extraña.
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Antes de migrar, Gabriel vivía en el sector La Soublette, en Catia La Mar, al oeste del estado La Guaira. Sus padres querían buscar nuevos horizontes porque el dinero no les alcanzaba, pero fueron las protestas postelectorales del 29 de julio de 2024 lo que los llevó a tomar la decisión: «Ese lunes fui en compañía de mi esposo a comprar una torta para el cumpleaños de un familiar. Al pasar por Maiquetía, nos topamos con una manifestación, y nos abordaron unos policías. Nos dijeron que íbamos a ser detenidos por incitación al odio. Como pudimos, nos escondimos entre la multitud, y logramos escapar».
Infancia y adolescencia en movimiento
Cuando se habla de infancia y adolescencia en movimiento, se hace referencia a niños, niñas y adolescentes que se desplazan dentro de su propio país o entre varios países, ya sea acompañados de sus padres o cuidadores, o sin estar al cuidado de ningún adulto.
En julio de 2024, residían en España alrededor de 390 mil venezolanos, según las estadísticas publicadas por el Instituto Nacional de Estadística español (INE). De acuerdo con este organismo, al menos 55 mil 253 son niños, niñas y adolescentes. Sin embargo, según la cifra publicada en 2024 por el Ministerio de Educación español, solo 11 mil 914 niños, niñas y adolescentes venezolanos se encuentran en la lista de matriculados extranjeros en España.
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Se espera que la cifra sea mayor para finales de 2025, según las estimaciones de la Agencia EFE, que ha logrado calcular que diariamente unos 240 venezolanos llegan a España para vivir y, al menos, 80 de ellos son niños, niñas y adolescentes.
Sin políticas de Estado
Ser un niño, niña o adolescente en movimiento aumenta las probabilidades de sufrir vulneraciones debido a múltiples factores como: malnutrición, falta de acceso a servicios básicos, distancias largas y desconocidas, movilización sin acompañamiento o separaciones familiares, afirma Antonio Paredes, sociólogo y especialista en análisis demográfico.
«Una de las mayores consecuencias para la niñez y la adolescencia dentro del fenómeno migratorio es la desintegración familiar, teniendo en cuenta que los estudios determinan que son pocos los padres que toman decisiones en función de las opiniones de sus hijos o que los involucran activamente en el proceso».
Paredes explica que son numerosos los factores y circunstancias que pueden agravar la situación de vulnerabilidad de los niños, niñas y adolescentes, como el riesgo de explotación, las barreras legales, entre otros. Todo esto no solo dificulta el bienestar de la niñez y adolescencia migrante, sino que también los expone a situaciones de desprotección.
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«La capacidad de los niños y adolescentes para reconstruir los lazos afectivos y las redes de apoyo en el país de destino puede verse afectada no solo por los desafíos estructurales, sino también por las diferencias culturales».
Otro tema recurrente es el de las dinámicas familiares y de redes de cuidado, destacando cómo las migraciones transforman estas estructuras familiares y los sistemas de cuidado. Estas transformaciones se caracterizan por la reorganización de roles familiares y la dependencia de redes comunitarias y familiares extendidos para el cuidado de los niños.
Asegura que es necesario que el Estado y la sociedad civil organizada de los países de origen y receptores de migrantes estén preparados para atender estos casos y brindar el apoyo necesario al núcleo familiar.
«Actualmente no hay políticas nacionales que atiendan a estos niños, niñas y adolescentes. Lo que sí hay es un Estado que trata de minimizar la gravedad que representa la migración para el país y, sobre todo, para la niñez y la adolescencia», concluye.
Gabriel Hernández
Corresponsal de la Agencia de Periodistas Amigos de la Niñez y la Adolescencia (Agencia PANA) de La Guaira
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