William Shakespeare es único porque en un mundo de personajes planos, donde el bueno siempre hace todo bien y el malo siempre está del lado oscuro, decidió mostrarnos almas complejas que dudan, sufren y se contradicen. Su obra es de naturaleza universal y su vida mezcla misterio y curiosidad. La película Hamnet (2025), dirigida por Chloé Zhao, combina estos elementos para conectarnos desde las emociones más profundas y las situaciones más severas.
La temporada de premios terminó. La cinta ganó el premio a Mejor Película de Drama en los Globos de Oro y Jessie Buckley se llevó a casa el Oscar a Mejor Actriz por su interpretación de Agnes, esposa de Shakespeare y madre de Hamnet. La escena final, en la que enfrenta su dolor al tiempo que su esposo finalmente lo expulsa, es sin duda el punto de honor de esta actuación. Ya con la marea baja después de las premiaciones, y contando que pocos serán los spoilers que leerás aquí, queremos hablar precisamente del duelo que Hamnet propone como fondo. Un tema difícil puede servirse de las oportunidades que el cine (¡y el teatro!) ofrece para llevarlo a la mesa sin disgustos ni prejuicios.
Desde un concepto especializado, podemos decir que el duelo es la respuesta psicológica y multidimensional ante la pérdida de un vínculo significativo. Como experiencia, es uno de los fenómenos más complejos y universales de la psique humana.
Cuando la pérdida y el dolor son tan abrumadores, las palabras a veces no son suficientes para expresar todo lo que sentimos. La negación, la ira y el miedo son emociones que se pueden llegar a sentir de forma desmedida cuando en casa se atraviesa una pérdida.
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En Hamnet vemos una representación visceral de las cinco etapas del duelo propuestas por la psiquiatra suizo-estadounidense Elisabeth Kubler Ross, conocida como una de las mayores expertas en la muerte y los cuidados paliativos. Estas etapas no se viven de manera lineal, pero nos ayudan a entender la dinámica familiar tras la pérdida de un ser querido. Podemos ver cómo cada persona vive el duelo de forma diferente, siendo un territorio caótico donde el dolor se manifiesta de formas tan diversas como los miembros de una familia.
Una pérdida, distintas formas de vivirla
El personaje de Agnes se presenta como una mujer que siente y vive la vida muy diferente a otras personas de su entorno: no se complace con las rutinas diarias ni con las expectativas sociales. Le gusta estar en el bosque y podemos ver que tiene una conexión especial con la naturaleza.
Agnes atraviesa el dolor de perder a su único hijo varón no solo como la emoción propia sino también como un evento físico. Imaginemos esta situación: el nacimiento de un hijo implica una separación física cuando se realiza el corte del cordón umbilical, pero para Agnes, con una relación con lo místico tan profunda, la muerte inesperada de su hijo representa el desgarro de un cordón espiritual que seguía uniendo sus vísceras a la vida de él. Así se expresa una ruptura de ese lazo invisible de madre-hijo.
Si bien las etapas del duelo pueden experimentarse de forma simultánea o no lineal, podemos decir que para Agnes la pérdida de su hijo comienza en una etapa de negación. Esta es a menudo la primera reacción de una noticia devastadora, pero no es una negación de la realidad física, sino de la incapacidad temporal de nuestra psique para procesar la magnitud del dolor. Agnes tiene un intento desesperado de revivir a su hijo cuando lo encuentra sin vida y es aquí donde podemos ver cómo la negación la ayuda a dosificar su dolor en los primeros instantes del trauma.
En la película, después de morir Hamnet se encuentra perdido en lo que luego descubrimos es el teatro. Un símbolo intenso de dónde queda guardado para siempre su recuerdo.
La vemos después transitar hacia la ira o el resentimiento, cuando dirige este sentimiento hacia Shakespeare, quien no estuvo presente durante la enfermedad y muerte de su hijo. De hecho, podemos ver que estas emociones se prolongan y afectan su relación de allí en más. Los roces con palabras hirientes y los silencios duros de sostener son, sin embargo, mucho más que un bache en la pareja. Esta ira es una manifestación del dolor subyacente y de la sensación de abandono. Surge cuando el individuo reconoce que la negación no puede continuar: es una emoción necesaria que nos proporciona una estructura temporal en medio del caos del duelo.
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Agnes habita mucho tiempo en la tristeza, que al no ser pasajera podemos llamarla incluso depresión. Sin embargo, hay que aclarar que aquí no actúa como una enfermedad mental, sino como una respuesta biológica y emocional ante la pérdida.
Precisamente, en el duelo la depresión es una etapa que se caracteriza por una tristeza profunda, por el retiro de la vida, por la niebla mental, que muchas veces lleva al aislamiento social, a preguntarnos “qué hubiera pasado si”, a la inmovilidad e incluso al descuido de nosotros mismos.
Por el contrario, Shakespeare transita inicialmente el duelo desde una etapa de negociación y desplazamiento. ¿Qué significa esto? Se refugia en la distancia física y emocional de su familia, en el trabajo, y se encierra en sí mismo, transmutando su dolor en la capacidad de crear algo inmortal. Para quién siempre ha expresado sus sentimientos desde el relato —como al confesarle sus sentimientos a Agnes mediante el mito de Orfeo y Eurídice— refugiarse en el arte fue la forma del Shakespeare de la película de vivir su duelo.
Si bien Hamnet concentra esta experiencia en Agnes y Shakespeare, las diferentes maneras de vivir y expresar una pérdida no son exclusivas de los adultos. Los niños, niñas y adolescentes también transitan el luto, por lo que este análisis presenta una reflexión necesaria: debemos acompañarlos en el proceso sin juzgarles ni exigirles una forma de ser, actuar o manifestar sus emociones.
La red de apoyo versus el punto de quiebre
Esta asincronía en el duelo es un punto de quiebre en las familias. A menudo, la falta de comunicación hace que el luto se viva en soledad.
Cuando pensamos en el duelo, muchas veces lo imaginamos como una tormenta solitaria; pero en realidad atravesarlo sin una red de apoyo es como intentar cruzar un río que se desborda caminando sobre una cuerda floja: la tensión es tan alta que cualquier ráfaga de viento puede hacernos perder el equilibrio. La red de apoyo funciona como un andamio invisible que sostiene la estructura de la familia, incluso cuando las bases parecen haberse agrietado.
¿Y solo la familia conforma la red de apoyo? No. Esta red es el conjunto de vínculos afectivos que nos sostienen, incluye los comunitarios y las amistades, así como el acompañamiento profesional. Es un mecanismo regulador que permite a las personas transitar el dolor sin perder el sentido de pertenencia.
En la película se ilustra lo que sucede cuando el sistema de apoyo falla: el duelo se privatiza y al no compartirse se vuelve más pesado de cargar.
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Cuando una familia atraviesa una pérdida, la red de apoyo no tiene la función de “quitar” el dolor, sino de actuar como un espacio seguro. Para que esta red funcione debe basarse en la validación emocional: la capacidad de aceptar que, mientras uno de los miembros puede estar en una etapa del duelo como la ira, otro puede encontrarse en la depresión y ambos momentos son legítimos.
Sin un espacio seguro, los padres de Hamnet buscaron el aislamiento. Y aquí es importante resaltar una idea clave: en ese espacio se permite el silencio, pero también se fomenta la expresión de lo que sentimos, evitando que el dolor sea más complejo o intenso por falta de escucha.
Una escena que representa la catarsis colectiva.
El arte para curar y construir
“Si tu corazón está roto, haz arte con las piezas”. La frase vino a mi cabeza viendo la película. Cuando el dolor es tan abrumador que el lenguaje convencional colapsa, el arte actúa como un puente cognitivo que permite organizar el caos interno.
Para afrontar el duelo una de las recomendaciones es acudir el arte: los dibujos y la pintura, la poesía y la escritura en general, las dramatizaciones y el teatro, la fotografía… el acto de crear. Y esta es una idea que al plantearse a niños, niñas y adolescentes puede ayudar a transitar y elaborar sus duelos.
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El arte es utilizado de forma terapéutica, ya que permite expresar emociones, traumas y conflictos internos difíciles de verbalizar. Aunque la película se basa en hechos reales, es una ficción que aprovecha una especulación histórica para mostrar este enlace. En este caso, la escritura le permitió a Shakespeare honrar la memoria de su hijo haciéndolo inmortal en su obra. Al escribir sobre un ser querido que ya no está también es una forma de preservar los recuerdos de dicha persona.
En la película ocurre un momento muy significativo y es cuando Agnes, después de meses sola atravesando la pérdida en Stanford, decide ir al estreno en Londres de lo que sería la nueva obra de Shakespeare. Llega al teatro y logra ver, sin entender realmente cómo funciona el universo de la dramaturgia y el telón, cómo una persona interpreta a un joven llamado Hamnet. No solo se llama como su hijo, también tiene el cabello rubio y se parece a él. Al mismo tiempo, ve a su esposo interpretando al fantasma del viejo rey. Shakespeare logra sobre las tablas decir, a través del personaje, las palabras de despedida que jamás pudo pronunciar ante el hijo fallecido. Luego, llora. Lo hace solo.
Shakespeare se prepara para salir a escena como el viejo rey Hamlet.
Hasta ese momento, Agnes creía que su esposo no conectaba con su luto. De modo que el arte no solo ayuda a llevar el proceso: también puede convertirse en un puente en la red de apoyo.
El clímax del duelo llega con la aceptación, y esta no significa que la pérdida está “bien”, sino que se reconoce como una realidad permanente. El dolor se transmuta en significado. Es el proceso de aprender a vivir en un mundo donde el ser querido ya no está físicamente. Agnes extiende su mano para tocar al Hamnet que “muere” de nuevo, en el teatro. Representa ese momento de integración, donde el dolor se transforma en una forma de memoria viva que le permite conectarse con su esposo, con su amor, y con el mundo.
Graciela Mata Perilli y María Gabriella Briceño
La psicóloga Graciela Mata es parte del Servicio de Atención Psicológica "Crecer sin violencia" de Cecodap. María Gabriela Briceño es parte del equipo de Comunicaciones, en el área audiovisual, y es especialista en Dirección de arte.
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