En las minas del Arco Minero del Orinoco ocurre un fenómeno que la opinión pública aún no discute. No solo hay una delincuencia organizada que mantiene un territorio controlado o una destrucción del ecosistema, también hay cientos de niños y niñas con menos de 2 años de edad que presentan síntomas de desnutrición severa, conocidos como: el síndrome de Kwashiorkor o el síndrome del hijo de la mina.
En una investigación publicada por Prodavinci, titulada “Hijos de la mina”, la periodista Valentina Oropeza, documentó cómo la desnutrición severa afecta a los niños y niñas, menores de dos años de edad, luego de que sus madres se ven obligadas a trabajar en las minas para sustentar su hogar.
El síndrome de Kwashiorkor conocido como una forma de desnutrición severa ocurre principalmente por la falta de proteína en la dieta, sumado a la falta de la lactancia materna, incluso por la falta de leche de fórmula para los recién nacidos.
“La desnutrición severa se expresa de dos maneras. En la primera, el niño luce marasmático, como si la piel vistiera los huesos. La segunda opción, la menos frecuente, se denomina Kwashiorkor: el niño luce gordo, con el abdomen y las extremidades hinchadas. La palabra es un vocablo africano que significa ‘niño derrocado’. Alude al hijo mayor que es desplazado por la llegada de un segundo bebé, a quien la madre destina todos sus recursos y esfuerzos para alimentarlo. En castellano se lee cua-shior-cor”, se lee en el trabajo.
Desde hace cinco años, en Venezuela se comenzó a ver el fenómeno de los “hijos de las minas”. “Sin acceso a leche materna, los niños quedan al cuidado de abuelos, tíos, vecinos o incluso desconocidos que no disponen de diez dólares cada tres días para comprar leche de fórmula. Por ello, el primer síntoma del síndrome del hijo de la mina es la desnutrición”, se lee en la investigación.
Esclavitud moderna en las minas
La explotación laboral y la explotación sexual son las formas de esclavitud moderna más comunes practicadas en las minas venezolanas. Así lo resaltó Prodavinci en la investigación, en donde se detalla que los mineros llegan a trabajar más de 12 horas al día, a la intemperie y sin protección alguna contra accidentes en la excavación por el oro.
“En el segundo caso, las mujeres son obligadas a brindar servicios sexuales en condiciones que no pueden controlar ni negociar. Los investigadores estimaron que 74% de las víctimas son mujeres. De ellas, una de cada cuatro son niñas y adolescentes”, se lee en el reportaje especial.
La esclavitud moderna es una práctica adquirida por las bandas delictivas organizadas, así como grupos armados marginados de Venezuela recientemente. Cecodap, junto a la Agencia de Periodistas Amigos de la Niñez y Adolescencia (Agencia PANA), publicó una investigación en donde se documentaron las prácticas del crimen organizado para captar niños, niñas y adolescentes.
En “Esclavizar para Delinquir”, se detalló que el patrón de captación inicia a partir de los 13 años de edad, con jóvenes con necesidades económicas urgente y cuyas familias estén es una situación de extrema vulnerabilidad.
La situación en las minas del país comparte similitudes con el crimen organizado en Caracas. Según la investigación de Prodavinci, las mujeres, niñas y adolescentes contactadas recibían ofertas para ser cocineras, lavanderas o encargadas de tiendas, “y luego eran obligadas a trabajar en las currutelas, como llaman a los burdeles de las minas: ranchos de zinc y palo donde se cuelga una hamaca al lado de la otra, separadas por plásticos, donde las parejas tienen sexo mientras pululan los mosquitos transmisores de la malaria”.
Prodavinci reveló que las mujeres o adolescentes, en el caso de que accedieran a ir como trabajadoras sexuales, no podían decidir cuántos clientes atenderían cada día, ni huir de las minas. “Les arrebataron sus cédulas de identidad para obligarlas a quedarse. No podían reclamar cuando no les pagaban las tarifas acordadas ni cuando las forzaban a trabajar sin cobrar”, se agregó en el texto.
En uno de los casos registrados por el medio, una niña indígena de 12 años fue entregada por su padre para que trabajara como doméstica, pero terminó en una situación de trata de personas y esclavitud sexual. “Prometieron costear sus estudios a cambio de que atendiera a la hija de la familia, otra niña de su edad. Durante seis meses, el padre no tuvo noticias de la hija hasta que descubrió que había sido subastada en una mina. Su virginidad valió 13 gramos de oro, entre 390 a 455 dólares”, se lee en el texto.
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Agencia de Periodistas Amigos de la Niñez y Adolescencia
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