Mi hijo tiene un amigo imaginario, ¿debo preocuparme?

La presencia de un amigo imaginario durante la infancia es algo habitual y, también, normal, que le sucede a muchos niños entre los 2 y 7 años y por lo que los padres no deben preocuparse, salvo en algunas excepciones, como lo afirman las psicólogas Sara Tarrés de Cataluña y Beatriz Portralatín de Madrid. 

«El amigo imaginario es un amigo que realmente no existe, pero que el sujeto vivencia como si fuera real y habla y juega con él. Los amigos imaginarios no forman parte de la realidad», explica el psicólogo educativo Jesús Ramírez, psicólogo educativo de Madrid.

En estas edades entre los 2 y 7 años, los amigos imaginarios suelen aparecer porque los niños no tienen la experiencia de conocer la diferencia entre ficción y realidad. El pensamiento de los niños en esta edad es egocéntrico, subjetivo y mágico. Esto hace que puedan surgir personajes imaginarios, tratados como reales. 

Hacia los 7 a 8 años, los niños dejan de tener ese tipo de fantasías. El pensamiento de los niños a partir de esa edad es más lógico y racional que en etapas anteriores, es deductivo y más objetivo. Los amigos imaginarios pueden desaparecer al poco tiempo, resurgir después y no volver aparecer.

¿Por qué surgen los amigos imaginarios?

Los amigos imaginarios surgen de manera espontánea en la infancia, no existe una causa concreta sobre por qué algunos niños tienen esta fantasía. No obstante, la aparición de amigos imaginarios en la infancia se relaciona con una creatividad elevada y alta sensibilidad, señala Portralatín.

¿Para qué sirven los amigos imaginarios?

El amigo imaginario sirve de canal para que el niño libere sus sentimientos, tanto positivos como negativos. El niño puede atribuir sus propias emociones al amigo imaginario para expresarlas y liberarlas.

Además, los niños proyectan sus conflictos y miedos en el amigo imaginario. Ante situaciones nuevas o complicadas, el niño puede expresar su temor a través del amigo imaginario. 

Asimismo,  como apunta la doctora Datta Munshi, médico pediatra de Atlanta, los niños utilizan a veces a las amistades imaginarias como un refugio seguro para probar sus aptitudes sociales, dinámicas de grupo y estrategias de comunicación. A menudo los ayuda a ver su mundo desde diferentes perspectivas y ganar empatía. Al crear un amigo imaginario, los niños tienen que entender la perspectiva de otros en el escenario en el que están desenvolviéndose.

¿Qué deben hacer los padres ante los amigos imaginarios?

En principio comenta Portralatín, los padres no deben hacer nada ante el niño que tiene amigos imaginarios. Si se deja al niño el tiempo que necesita para crecer y madurar, estos personajes desaparecerán espontáneamente. Los padres han de actuar con naturalidad, como con cualquier otra fantasía de su hijo. No deben tratar de prohibir esta fantasía, ni tampoco es necesario fomentarla. Simplemente, aceptarla como una fase más del desarrollo del niño.

La psicóloga Sara Tarrés indica que no hay datos que muestren que son niños que están solos o con faltas afectivas, sucede en  grupos de niños muy heterogéneos.

Que no hacer: 

  • No hay que ridiculizar al niño o niña.
  • Ni decirles que eso del amigo imaginario es una tontería.
  • Que no se puede hablar con alguien que no existe.
  • Decirle que miente.

Que sí podemos hacer: Siempre actuar con normalidad

¿Me preocupo?

En algunos pocos casos, la existencia de amigos imaginarios puede indicar algún problema emocional en los niños, que suelen coincidir con otros signos y donde es importante solicitar asesoramiento especializado: 

  • Si el niño se aísla demasiado, deja de interaccionar con sus iguales y con otras personas de su entorno.
  • Si el niño comienza a tener conductas agresivas o violentas mediado por su fantasía.
  • Cuando el amigo imaginario aparece con mucha intensidad y frecuencia e interfiere de forma negativa en la vida de este niño. Como ilustra Tarrés: “Si nuestro hijo nos dice es que me hace decir o hacer cosas que no quiero hacer», «me insulta» o «no quiero que esté conmigo»”, “Entonces, hemos de intervenir, porque ya no tiene el control”.
  • Si pasados los 8 o 9 años de edad estos seres imaginarios no han desaparecido.
  • Si hay un historial familiar de enfermedades mentales, especialmente en parientes cercanos.
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