Migrantes venezolanos se enfrentan a la violencia durante la pandemia de la COVID-19

La pandemia del COVID-19 generó una ola de problemas a las familias venezolanas en el exterior. Debido a la cuarentena se restringieron los pasos fronterizos, los caminos y los trabajos para los migrantes venezolanos. Como una consecuencia exclusiva de los migrantes, ahora están expuestos una mayor vulnerabilidad.

Esta fue la conclusión a la que llegaron los panelistas del foro Refugiados venezolanos y colombianos entre la espada y la pared, realizado por la organización defensora de los derechos humanos Sinergia, la tarde del 8 de abril, vía Zoom.

En cuanto a la situación de los niños, niñas y adolescentes, los panelistas explicaron que no tienen datos concretos sobre las situaciones de violencia que enfrentan. Sin embargo, llamaron la atención sobre la situación de vulnerabilidad que enfrentan sus padres durante la pandemia de la COVID-19.

Alexander Campos, director del Centro de Investigaciones Populares (CIP), explicó que para comprender la experiencia de los venezolanos retornados, durante la pandemia de la Covid-19, hay que entender las medidas restrictivas instauradas por el gobierno de Nicolás Maduro. Dijo que se evidenció una sistematización de los maltratos por parte de las autoridades hacía las personas que volvían al país.

Lea también: Retornar y sufrir: sistematización de maltratos contra las familias que vuelven a Venezuela en pandemia

“Dentro del ámbito de los desplazados, estamos ante los más vulnerables de los grupos de la migración forzada. Para estos, la migración nunca fue una experiencia positiva; sin embargo, la pandemia los puso en una situación peor. Rompió los lazos y seguridades que tenían los migrantes en los países de acogida; principalmente, las posibilidades para acceder a los trabajos”, enfatizó.

En 2020, el CIP realizó una investigación para Cecodap sobre el retorno de Venezolanos. Entre los hallazgos que se dieron fue que la movilización del venezolano continúa. Pese al inicio de la cuarentena por COVID-19, en marzo de 2020, los migrantes retornaron al país.

Explicó que las medidas de distanciamiento social, las cuales prohibían el desplazamiento en las calles de las ciudades, acabó con la mayor posibilidades de acceder a trabajos para los venezolanos. Por esta razón, muchas mujeres de los migrantes estuvieron expuestos a situaciones de esclavitud moderna, para poder mantenerse en sus empleos: “Las posibilidades de trabajo se cerraron en todos lados. Las que quedaron fueron en situaciones casi de esclavitud moderna, debido a que los empleadores obligaban a los venezolanos a no moverse de sus sitios de trabajo por miedo al contagio”.

Otro de los factores que expuso el director del CIP fue que los arrendatarios de los venezolanos migrantes los echaban a la calle, por no poder pagar el alquiler o miedo al contagio al coronavirus. “La situación social y económica creada por la cuarentena fue lo más malo que le sucedió a los venezolanos migrantes”, agregó.

Campos detalló que la principal razón de los retornados para movilizarse en la pandemia fue poder huir del hambre que enfrentaron en los países de acogida durante la cuarentena. “Estas personas se vieron obligadas a irse con sus hijos de Venezuela por el hambre y la emergencia humanitaria. Ahora, se devolvieron por la misma situación. La mayoría lo hizo caminando hacía el país, sin tener mapas o idea de cómo regresar”, detalló.

Describió que los venezolanos migrantes caminaron semanas, algunos meses, porque iban con adultos mayores y niños. Optaron por caminar hasta Venezuela porque los gobiernos no habilitaron transportes públicos, cerraron fronteras y aeropuertos.

“Al llegar a las fronteras se enfrentaban al maltrato de las autoridades fronterizas, mayormente militares, quienes les robaban y extorsionaban para pasar. En el camino las autoridades tampoco los apoyaban, pese a que iban con niños y adultos mayores. Por lo que muchos se arriesgaron a entrar por las trochas a Venezuela”, dijo.

Militarización y xenofobia

Carolina Jiménez, secretaria regional de Amnistía Internacional en México, señaló que la militarización de las fronteras, aunada a la xenofobia expuestas por varias de las autoridades gubernamentales en las fronteras de los países latinoamericanos, en especial Perú, Chile y Colombia, se prestaron para generar una mayor situación de vulnerabilidad hacía los migrantes y refugiados venezolanos.

“Las dos medidas que afectaron más a los venezolanos migrantes fueron las restricciones de movilidad que afectó las fuentes de empleo. Le segunda el cierre de las fronteras, que imposibilitaba la posibilidad de una persona a solicitar refugio”, explicó Jiménez.

En cuanto a los retornados venezolanos, en su país, iniciaron programas de estigmatización por parte del gobierno venezolano, que enfatizaba que los venezolanos retornados trajeron la pandemia de la COVID-19 al país. “Esto es algo que no se vio en ningún otro país de la región”, agregó.

En cuanto a la militarización de las fronteras, Jiménez  lo ejemplificó con la situación ocurrida en la frontera de Ecuador-Perú, en donde militares peruanos dispararon hacia los venezolanos migrantes, sin tener en cuenta que los caminantes viajaban con niños, niñas y adolescentes.

“Una situación que evidencia la xenofobia en ese país. Algo similar ocurrió en Colombia, cuando la alcaldesa de Bogotá dijo una severa y reiterada de mensajes xenofóbicos contra los venezolanos en su país. Cuando los líderes, desde la posición de poder, dicen estos comentarios se genera una situación en cascada”, explicó Jiménez.

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