Datos claves para no olvidar el impacto de la migración en los que se van y en los que se quedan

La migración forzada en Venezuela constituye uno de los flujos migratorios mixtos más importantes del mundo. Probablemente el más significativo en el hemisferio occidental, no tiene precedentes en nuestra historia, así como tampoco en la de Suramérica. ¿Las causas? Una emergencia humanitaria compleja; que implica un deterioro sistemático de las condiciones de vida, fractura del estado democrático, hiperinflación, servicios básicos precarios, violencia, violaciones a los derechos humanos, debilitamiento de los servicios de salud, desnutrición entre muchas otras.

Para Cecodap es importante en esta semana que se conmemora a los refugiados y las remesas que podamos mirar cómo esta realidad impacta en la vida de las familias, especialmente considerando que mucho se habla sobre la migración por el impacto que produce en los países de la región y poco se considera cuáles son los efectos que esta produce en Venezuela. 

En medio de ese contexto la plataforma R4V reporta a la fecha unos 5.636.986 migrantes y refugiados venezolanos, de los cuales 850.818 se encuentran a la espera de obtención de estatus de refugio (junio de 2021). Podemos afirmar que este fenómeno ha marcado y dejará huellas profundas en lo que somos como sociedad. 

De acuerdo a nuestro Informe Especial de Peligros y Vulneraciones a los Derechos Humanos de Niños, Niñas y Adolescentes en Contextos de Movilidad Humana del año 2020, la principal razón que motiva a los migrante a asumir el desafío de cruzar las fronteras (aún mayores en contexto pandémico)  está asociada a buscar mejores condiciones de vida para un 46,9% de los casos, así como la incertidumbre sobre la realidad económica en un 22,4%. 

15,4% de los migrantes venezolanos reportan haber dejado al menos un niño o adolescente en Venezuela; es decir, hablamos de 839.059 niños que se han visto afectados directamente por la migración de sus padres. Algunas personas consideran esto un abandono, sin embargo, nosotros en Cecodap alertamos que esos padres y madres migrantes no lo hacen porque se enemistaron con el Ávila o el Salto Ángel. No, es que se vieron forzados a buscar condiciones económicas para sostener las necesidades de sus familias.

Resultados que tardan

¿La migración les ha permitido resolver el problema? Lamentablemente debemos decir que no. Si bien el 87,5% de los encuestados reporta enviar remesas, el 52,4% de estos afirma que el monto enviado está entre 10 a 50$. Lo cual no representa ni  siquiera 2$ diarios. Quienes vivimos en Venezuela, donde opera una dolarización de facto, sabemos que no resulta suficiente para cubrir todas las necesidades materiales que pueden haber en el seno de una familia. Incluso, a partir de la pandemia cada vez se hace más complejo que los migrantes y refugiados venezolanos puedan enviar de forma constante dichos montos, dado que muchos han visto reducidos sus ingresos, perdido el trabajo o se han visto en la necesidad de sostenerse a partir de estrategias informales. 

No obstante, aunque podemos constatar que las remesas no representan una solución a las necesidades familiares, definitivamente estas constituyen un alivio. Especialmente en hogares en los que los abuelos son una de las principales figuras de cuidado en un 41,7% de los casos y que en el contexto de la familia popular venezolana suelen recibir como únicos medios de ingreso pensiones o bonos que no sobrepasan los 5$ mensuales. En ese sentido, debemos destacar la enorme vulnerabilidad a la que se ven enfrentadas las familias afectadas por la migración en Venezuela.

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Más allá de lo económico

No debemos reducir este impacto solamente a uno de índole económico, puesto que a ello es necesario añadir el daño emocional que sufren los miembros de grupos familiares en los que alguno o varios han tenido que migrar. 

Se trata de unos 25.000 salones de clases enteros de niños que hoy deben contactar a sus padres a partir de una pantalla, pero también hablamos de abuelos que han tenido que despedir a sus hijos y hoy asumir el desafío de lidiar con la crianza de sus nietos, la educación a distancia en un país donde menos de un tercio de la población goza de acceso a servicios de internet. Así mismo, encontramos madres y padres que viven el duelo de la separación de sus parejas con la promesa de un reencuentro.

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Mirar la migración venezolana no solamente requiere contabilizar cuántas personas han cruzado las fronteras, sino que demanda entender las causas estructurales que dieron lugar a ella, qué la sostiene aún en la actualidad y sobre todo el impacto social que produce en quienes vivimos acá. Menos del 1% de las familias hoy recibe algún tipo de apoyo psicosocial para enfrentar los desafíos de una emergencia que no eligieron y que hoy les exige a las familias esfuerzos descomunales.

En Cecodap queremos alzar la voz por los migrantes venezolanos, sus niños, niñas y adolescentes, así como por las familias que han tenido que cambiar sus proyectos de vida con tal de sobrevivir. Queremos resaltar el derecho que tienen a construir una vida libre de violencia, a desarrollarse y prosperar en la tierra que les vio nacer. Para ello, todos debemos participar de la construcción del país que merecemos y exigir al Estado el cumplimiento de sus obligaciones, así como solicitar a la comunidad internacional mirar con empatía y respeto una realidad que conmueve lo más hondo de nuestras fibras.

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