OMS: COVID-19 generó crisis mundial de salud mental 

OMS

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reveló que la pandemia del COVID-19 generó una crisis mundial de salud mental, alimentando el estrés a corto y largo plazo, lo que socavó la salud psíquica de millones de personas en el mundo. 

En el Informe Mundial sobre la Salud Mental, publicado por la OMS, se explicó que los trastornos de ansiedad y depresión aumentaron más de 25% durante el primer año de pandemia. “Los servicios de salud mental se han visto gravemente perturbados y la brecha terapéutica de los trastornos mentales se amplió”, se lee en el documento. 

Para la OMS, en todos los países, los trastornos mentales son muy frecuentes. Se calcula que una de cada ocho personas en el mundo sufre algún trastorno mental. “La prevalencia de los distintos trastornos mentales varía en función del sexo y la edad. Los trastornos de ansiedad y depresivos son los más comunes, tanto en hombres como mujeres”, sostuvo la OMS. 

Sobre el suicidio, la OMS enfatizó que afecta a millones de personas personas, y a sus familias. “A nivel mundial, puede haber 20 intentos de suicidio por cada fallecimiento, y, sin embargo, el suicidio representa más de uno de cada 100 fallecimientos. Es una de las principales causas de muerte entre los jóvenes”, reveló. 

La OMS alertó que los trastornos mentales son la principal causa de años perdidos por discapacidad (APD), y representan uno de cada seis casos de APD en el mundo. “La esquizofrenia, que afecta a aproximadamente uno de cada 200 adultos, es una de las principales preocupaciones: en sus estados agudos es el más perjudicial de todos los trastornos mentales. Las personas que padecen esquizofrenia u otros trastornos mentales graves fallecen, en promedio, entre 10 y 20 años antes que la población general, a menudo por enfermedades físicas prevenibles”, agregó. 

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Consecuencias económicas

Para la OMS las consecuencias económicas de los trastornos mentales son enormes. Las pérdidas de productividad y otros costos indirectos para la sociedad suelen superar con creces los costos de la atención de salud. “Desde el punto de vista económico, la esquizofrenia es el trastorno mental más costoso por persona para la sociedad”, se lee en el documento. 

Destacó que los trastornos depresivos y de ansiedad son mucho menos costosos por persona, pero son mucho más frecuentes y, por lo tanto, contribuyen en gran medida a los gastos totales a nivel nacional. “Además de ser generalizados y costosos, los trastornos mentales están gravemente desatendidos. Los sistemas de salud mental adolecen en todo el mundo de importantes deficiencias y desequilibrios en materia de información e investigación, gobernanza, recursos y servicios”, denunció la OMS. 

En el informe de la OMS, se detalló que los gobiernos del mundo a menudo dan prioridad a otras afecciones de salud en detrimento de los trastornos mentales; “y en el contexto de los presupuestos de salud mental, la atención de salud mental en la comunidad carece sistemáticamente de fondos suficientes”. 

Reveló que, en promedio, los países dedican menos del 2% de sus presupuestos de atención de salud a la salud mental. En los países de ingresos medianos, más del 70% del gasto en salud mental se destina a los hospitales psiquiátricos. “Casi la mitad de la población mundial vive en países en los que solo hay un psiquiatra por, al menos, cada 200 000 habitantes. Y la disponibilidad de medicamentos psicotrópicos esenciales asequibles es limitada, especialmente en los países de ingresos bajos”, se lee en el documento. 

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Falta de tratamiento

La OMS enfatizó que la mayoría de las personas que sufren trastornos mentales no reciben ningún tipo de tratamiento. “En todos los países, las lagunas en la cobertura de servicios se ven agravadas por la variable calidad de la atención. Varios factores impiden que las personas busquen ayuda para sus trastornos mentales, como la mala calidad de los servicios, los bajos niveles de conocimientos sobre salud mental y la estigmatización y discriminación. En numerosos lugares no existen servicios formales de salud mental. Y aun cuando esos servicios están disponibles, suelen ser inaccesibles o inasequibles. A menudo, las personas optarán por sufrir un malestar mental sin alivio antes que arriesgarse a la discriminación y el ostracismo que conlleva el acceso a los servicios de salud mental”, se lee en el informe. 

Señaló que cuando los Estados invierten en programas de salud mental representa un impulso para la salud pública, que puede reducir en gran medida el sufrimiento y mejorar la salud, la calidad de vida, la forma de desenvolverse y la esperanza de vida de las personas con trastornos mentales. 

“Una mayor cobertura y una mayor protección financiera son medidas fundamentales para cerrar la enorme brecha que existe en la atención de salud y reducir las desigualdades en la salud mental. Para ello, es vital incluir la salud mental en los conjuntos de servicios esenciales de la cobertura universal de salud”, recomendó la OMS. 

Agregó que integrar la atención de la salud mental y física, mejora la accesibilidad, reduce la fragmentación y la duplicación de recursos para satisfacer mejor las necesidades de salud de las personas. “Es necesario invertir en salud mental para poner fin a las violaciones de los derechos humanos. En todo el mundo, las personas con trastornos mentales suelen ser excluidas de la vida comunitaria y se les niega el ejercicio de derechos fundamentales”, sostuvo. 

Para la OMS, se necesitan tres tipos de compromiso político — expreso, institucional y presupuestario — para impulsar el programa de salud mental. 

“La promoción, la evidencia y el contexto político pueden influir enormemente en el fomento del compromiso y el liderazgo. En particular, las emergencias humanitarias y de salud pública representan una obligación y una oportunidad de que los países inviertan en salud mental, ya que ofrecen plataformas incomparables para el cambio”, agregó. 

La OMS destacó que para transformar los servicios de salud mental, el compromiso debe traducirse en acción mediante una financiación adecuada. “En la práctica, esto significa que las instancias normativas y los planificadores deben destinar más fondos a la salud mental. Esto se consigue bien obteniendo recursos adicionales del tesoro público o de financiadores externos, o bien redistribuyendo los recursos hacia la salud mental, tanto en el contexto del presupuesto de salud como en toda la administración”, detalló. 

En el informe se enfatizó que disponer de personal competente y motivado es vital para que un sistema de salud funcione bien. “Todos los países tienen que ampliar su personal”, puntualizó la OMS. 

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