¿Se puede sacar provecho de la tristeza?

La tristeza es una emoción básica y adaptativa como lo es la rabia, el miedo, la alegría o el asco, que nos ayuda a darnos cuenta de la pérdida de algo que es significativo en nuestras vidas, ya sea una relación que hayamos establecido con una persona, con un animal o con un objeto. De acuerdo a la psicóloga Sara Montejano,  «la tristeza activa un proceso psicológico que nos permite gestionar estas situaciones dolorosas para impulsar la interiorización y cicatrización del dolor generado por ellas», lo cual nos llevará finalmente a la aceptación y adaptación de la nueva realidad.

Cuando aparece la tristeza, sentimos ganas de llorar, nos movemos más lentamente, el rostro refleja el abatimiento, se presenta la falta de apetito, problemas de sueño. Adicionalmente, los pensamientos se focalizan en la situación problemática, hay problemas de concentración. Por otro lado, la persona se encuentra desmotivada para realizar las tareas cotidianas y actividades sociales, se siente apática, cansada. Busca más bien apartarse de los demás personas y estar solo o sola. 

De acuerdo al psicólogo Borja Quicios, en el caso de los niños, la tristeza se puede manifestar de forma similar que en los adultos, otras veces esta emoción puede presentarse de manera más sutil. Lo importante como padres es estar atentos a los cambios de comportamiento que pueda experimentar el niño. El niño puede sentirse también apático, decaído, llorar por todo, solo quiere dormir, no quiere comer, habla poco cuando es un niño que le gusta hacerlo o por el contrario, se puede observar que está ansioso, no puede dormir o duerme mal o come en exceso.

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¿Cómo gestionar la tristeza?

Es importante entender que la tristeza no es una emoción permanente y para poder gestionar esta emoción es fundamental identificar la presencia de la misma, de los síntomas que la acompañan como los referidos anteriormente.

Por lo tanto, reconocer  la tristeza y permitirnos expresarla ayuda a superarla, a diferencia de lo que establece la sociedad, donde nos invita a «sacudir la tristeza» procurando que no lloremos, invitándonos a salir y distraernos. Principalmente, sucede en el caso de los hombres donde el llorar es una muestra de debilidad. 

Como señala la psicóloga Montejano, la tristeza nos puede llevar a movilizarnos para buscar soluciones, si consideramos que está en nuestras manos cambiar la situación que nos genera tristeza, por ejemplo, si se está triste por una discusión con una persona importante en nuestras vidas, como una pareja, un novio, una amiga, se puede tratar de hablar con esta persona para resolver las diferencias. 

Pero si la tristeza es el resultado de una situación que no se puede solventar, por ejemplo la muerte de un ser querido; el buscar desahogo y consuelo en aquellas personas de nuestro entorno que puedan escucharnos y comprendernos, puede ayudar a entender lo que sucedió y acoplarlo en nuestra vida e historia personal, lo cual redundará  en lograr cierto bienestar emocional, para posteriormente, adaptarnos a la nueva realidad que nos toca vivir con nuestras pérdidas, desilusiones o fracasos.

En el caso de los niños, señala el psicólogo Borjas, sugiere como padres o cuidadores no restarle importancia al motivo por el cual están tristes, aunque el motivo parezca poco importante para los adultos. Los niños pueden sentirse tristes debido a diversas razones como pueden ser: la pérdida de un juguete, un amiguito que se fue del colegio, una mudanza, un cambio de colegio, la migración de un familiar o uno de sus padres o de ambos, la muerte de su mascota, etc. A los padres o cuidadores no les gustan ver a sus hijos tristes, ni que pasen por este tipo de situaciones. Por eso, tratan de evitar que se sientan así en lugar de buscar la manera efectiva para hablar de la tristeza con ellos y poder ayudarles a expresarla y gestionarla.

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No olvidemos

  1. Reconocer y expresar la tristeza.
  2. Buscar personas de su entorno que lo puedan escuchar y comprender.
  3. Buscar pensamientos alternativos que expliquen lo que sucedió y acoplarlos a su vida.
  4. Adaptarse a la nueva realidad.
  5. Mantener las actividades diarias en la medida de lo posible. 
  6. Incrementar las actividades agradables.

Podemos acompañar la tristeza de nuestros hijos

  1. Enseñarlos a expresar sus emociones.
  2. Utilizar los abrazos.
  3. Hacer una lista con las cosas buenas que tiene.
  4. Los padres o cuidadores tratar de no ocultar la tristeza.
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