Ansiedad y depresión presentes en 1 de cada 3 adolescentes que utilizan Instagram o Facebook

El diario The Wall Street Journal reveló los resultados de una investigación interna en Facebook que mostró cómo Instagram es dañino para los adolescentes y cómo afecta su salud mental.

Según el reporte del diario estadounidense, durante tres años Facebook ha venido analizando el impacto de Instagram en la salud mental de sus usuarios, en especial los más jóvenes, y han podido medir el efecto «tóxico» de la red en esa población, los cuales ejemplificaron con casos documentados de personas con desórdenes alimenticios, entre otros, achacados a Instagram.

Los propios reportes internos de Facebook dejaron en evidencia que Instagram aumenta la ansiedad y la depresión. También encontraron en dichas investigaciones que Instagram afecta el autoestima con la imagen personal en una de cada tres adolescentes. Cabe anotar que se trata de sondeos realizados por la misma Facebook desde 2019.

Al respecto, el coordinador del Servicio de Atención Psicológica (SAP) Crecer sin Violencia de Cecodap, Abel Saraiba, explica que son la ansiedad y depresión algunos de los efectos más claros de Facebook e Instagram, que llegan a presentarse en 1 de cada 3 adolescentes que utilizan la plataforma. «Esto coincide con lo que hemos observado al atender a esta población en consulta en Cecodap», apuntó en su cuenta de Twitter.

El último informe del SAP Crecer sin Violencia da cuenta de un incremento sostenido de las alteraciones del estado de ánimo en los pacientes de Cecodap. Lo que para 2020 era 22% de los motivos de consulta, para el primer trimestre de 2021 subió a 39%. Esta categoría incluye la ansiedad y la depresión, así como el riesgo suicida.

Lea también: El sufrimiento emocional: la cara oculta de la pandemia #InformeSomosNoticia

Especialmente vulnerables

Saraiba también detalló las razones por las que los adolescentes son un público altamente vulnerables:

1. Porque están en un período de cambio en el que su imagen personal, gustos e intereses están en construcción.

2. Viven procesos de cambios emocionales propios de su desarrollo.

3. Durante esta etapa la aprobación o el rechazo tienen un peso muy significativo. Los likes y comentarios no son indiferentes.

4. La pandemia ha acentuado que los espacios de interacción social sean digitales.

5. Las redes sociales son plataformas donde es más fácil evadir los controles del mundo adulto.

6. Los adolescentes saben usar las plataformas pero tienen mayores dificultades para estimar riesgos.

7. Las dinámicas lúdicas como los retos son seductoras para ellos.

¿Qué podemos hacer los adultos?

La corresponsabilidad es uno de los principios de la Convención sobre los Derechos del Niño. Esto quiere decir que la familia, la sociedad y el Estado son responsables de garantizar los derechos de los niños. Desde casa y desde la escuela se pueden tomar acciones para que las estrategias de Facebook e Instagram no afecten a los adolescentes. Saraiba propone cinco:

1. No abrir cuentas de redes sociales antes de las edades mínimas permitidas (muchos padres son quienes colaboran en que sus hijos mientan al construir sus perfiles para poder tener una red social).

2. Promover el valor propio más allá del cuerpo. No centrarnos únicamente en elogios como «qué bonita eres». Destacar aspectos de su personalidad, inteligencia, comportamiento o logros personales. Es importante que enseñemos que hay valor más allá de cómo nos ven otros.

3. Informarnos sobre las redes sociales. Quizá como padres no nos interese subir contenidos digitales, pero debemos conocer cuáles son las plataformas, cómo se utilizan y cuáles son los temas que interesan a nuestros hijos. Para esto siempre debemos preguntar.

4. Supervisar. Debemos estar atentos al tipo de publicaciones que suben nuestros hijos. Saber que pueden bloquearnos de redes y no podremos acceder a los contenidos. Mantener una vigilancia activa, que sin embargo, debe ser respetuosa. No debemos actuar como no nos gustaría a nosotros.

5. Generar relaciones de confianza, lo cual implica no reaccionar de forma hostil cuando nos cuentan lo que les gusta o interesa. Debemos mostrarnos receptivos, preguntar y ayudarles a saber que si acuden a nosotros sabremos ayudarles.

«Recordemos que enseñamos más con el ejemplo que con lo que decimos, por lo que nuestra actitud es clave y debemos aprovechar las herramientas que tenemos a mano», concluyó Saraiba.

 

 

 

 

 

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