«Del suicidio hay que hablar», primer seminario de Cecodap sobre la prevención del suicidio infantil

Cuando el suicidio se asoma. El fenómeno del suicidio de niños, niñas y adolescentes es un problema de salud pública, no solo en Venezuela, también en el mundo. Cecodap, la organización defensora de los derechos de la niñez y la adolescencia, realizó un seminario para hablar de los factores de riesgo, recomendaciones y formas de prevenir la muerte autoinfligida en la niñez.

Este viernes 25 de mayo, en el Colegio San Ignacio de Loyola, se realizó el primer seminario sobre la prevención del suicidio en la niñez y la adolescencia. El panel de expertos estuvo compuesto por el abogado Carlos Trapani, coordinador general de Cecodap, Abel Saraiba, coordinador adjunto de Cecodap y fundador del Servicio de Atención Psicológica, Norma Barreno, psiquiatra de Cecodap y la periodista Vanessa Moreno Losada, coordinadora del área de Comunicaciones y la Agencia de Periodistas Amigos de la Niñez y Adolescencia.

Al evento, realizado gracias al apoyo de UNICEF, asistieron más de 250 personas. Estuvieron psicólogos, docentes, padres, madres, adolescentes y funcionarios públicos interesados en ahondar más sobre el fenómeno del suicidio en niños.

Factores de riesgo en niños y adolescentes

“El suicidio debe prevenirse cuidando la infancia de los padres”. Así lo retrató Norma Barreno, psiquiatra de Cecodap, durante su intervención en el Seminario, cuando el Suicidio se Asoma, realizado este viernes 27 de mayo.

Explicó que los factores de riesgo deben detectarse en el medio del ambiente familiar en el que vive el niño o niña. “La inmadurez psicológica de los padres, sumado a la crianza disfuncional, pueden ser factores en la vida de los niños con ideaciones suicidas”, sostuvo.

Enfatizó que la disforia, la agresividad y la hostilidad, como manifestaciones de un trastorno del control de los impulsos, también son señales que permiten a los padres a identificar alteraciones de los estados. “Algunas veces son niños con pobre tolerancia a las frustraciones, incapaces de prorrogar la satisfacción de sus deseos, demandantes de atención y afecto, manipuladores, celosos de los hermanos, susceptibles y rencorosos; pueden expresar ideas suicidas; otras veces son rígidos, meticulosos, ordenados, perfeccionistas, tímidos, con pobre autoestima”, sostuvo Barreno.

La psiquiatra detalló que el ambiente en el que convive el niño o niña tan importante, como la convivencia en el hogar. “Un hogar disfuncional en el que existan frecuentes discusiones entre los padres y demás miembros, asociado al maltrato físico o psicológico o un hogar sin normas”, sostuvo.

Detalló que cuando los niños y las niñas se ven expuesto al suicidio de algún familiar o compañero de clases, así como otros acontecimientos dolorosos como el divorcio de los padres o la muerte de un ser querido, puede generar consecuencias en el estado de ánimo.

“Los hechos dolorosos pueden tener efectos en los niños como problemas con las relaciones de sus padres y familiares; en las escuelas; tienen a tener más llamados de atención de los madres o maestros, hasta la depresión de inicio en la infancia”, sostuvo.

La psiquiatra agregó también que en los factores de riesgos también está el perder a una mascota o ser acosado en la escuela.

En la adolescencia, los factores de riesgos se añade la presencia de desórdenes mentales como: depresión, trastorno bipolar o psicosis. “Abuso de sustancias psicoactivas, historia familiar de suicidio, abuso sexual, delincuencia; Conflictos en la identidad de género, pueden ser factores de riesgos para que los adolescentes piensen en el suicidio”, sostuvo.

Agregó que el fracaso escolar, el acoso o bullying, y las rupturas amorosas también dan pie a que muchos adolescentes con ideaciones suicidas desarrollen aún más esta alteración del estado de ánimo. “La adolescencia es una etapa en la que ocurren tanto cambios en el cuerpos, de crecimiento y desarrollo neuroendocrino, psicológicos y sociales. Además de los cambios que suceden en el cuerpo, el control de los impulsos puede ser un elemento importante a considerar en los casos de ideaciones suicidas”, agregó.

Enfatizó que: “La gran mayoría de niños y adolescentes pueden estar expuestos a estos factores de riesgo, por lo que es importante enfatizar en su prevención; sin embargo, a nivel mundial existe un déficit de especialistas médicos que traten el tema, lo que aumenta la brecha de inequidad en la atención en pacientes con trastornos mentales en las adolescentes”.

En el casos de las adolescentes, quienes tienden a madurar más rápidamente, comienzan a desarrollar un mejor control de riesgo, la agresividad y la impulsividad. “Su prioridad se centra en relacionarse socialmente, gustar y agradar. El estrés se dispara ante los conflictos en las relaciones con los demás o ante un peligro, y se relaja con las conversaciones en las que comparten su intimidad”, explicó.

Mientras que en el caso de los hombres, la elevación de la testosterona les hace querer desaparecer del entorno social. “Disminuye en ellos el interés por el trato social, excepto en lo que se refiere al deporte y al sexo. Buscan desarrollar la competitividad y desear mantener su independencia, ya que necesitan ocupar su puesto en la jerarquía masculina”, agregó.

La psiquiatra de Cecodap detalló que en la mayoría de los casos de intento de suicidio, previo al acto, el niño o adolescente proporciona señales relacionadas con cambios en su conducta:

  1. Tendencia a la agresividad o pasividad en su actitud.
  2. Perdida o aumento del apetito.
  3. Inconsistencia nocturnas.
  4. Sueño excesivo o pesadillas.
  5. Anímicamente puede manifestar desinterés por el juego y por los amigos
  6. Frecuente preocupación por la muerte.

“Generalmente, las niñas atentan contra su vida a menor edad que los niños. Además, eligen lugares que frecuentan o habitan como el hogar, casas de amigos y el colegio”, detalló.

Enfatizó que la falta de atención a las dinámicas familiares y sociales después de una muerte por suicidio es un factor de riesgo para futuros suicidios y alteraciones mentales en los sobrevivientes.

“La prevención del suicidio, debe ser una prioridad de salud pública, no sólo por la cantidad de muertes por esta causa, sino por los efectos complejos y perdurables que tiene en la salud mental de los círculos sociales de las personas que mueren por suicidio”, agregó.

Barreno recomendó que se debe insistir en analizar el problema desmitificando el suicidio, que pueda servir para padres, educadores y amigos. “Hay que insistir en la necesidad de escuchar y prestar atención. Creo que no se ha hecho lo suficiente, y es el momento de insistir y elaborar el cometido, elaborar guías de prevención venezolana, para darnos una aproximación buena y sensible, así como protocolos de atención”.

 

Hay que hablarlo

Abel Saraiba, coordinador adjunto de Cecodap, explicó que hablar del suicidio ayuda a la prevención del acto. “Hablar del suicidio es importante, porque el problema existe, le damos un nombre y así nos podemos hacer cargo de él”, agregó.

Enfatizó que la familia no puede ocuparse de las labores del Estado en la prevención y diagnóstico de las causas del suicidio. “No creamos que el suicidio es solo una moda. Si repetimos que alguien decide acabar con su vida porque lo vio con un tweet es banalizar y minimizar la magnitud del problema. El suicidio tiene una razón mucho más profunda”, agregó.

Detalló que la confianza es fundamental, para disminuir la reactividad al momento de hablar sobre el suicidio. “La magia de la terapia es escuchar, no hay una receta. Es saber recibir lo que se nos comparte. Tenemos que detenernos y escuchar. Una vez que se escucha podemos buscar ayuda. Recordemos que los pensamientos relacionados a la muerte pueden ser frecuentes, no es un problema en sí mismo, puesto que oculta la idea de ¿quién soy yo para el otro? A lo que tenemos que estar atentos es a las ideas suicidas, de si se ha pensado en cómo ejecutarlo”.

Saraiba relató que una de las barreras para lograr una intervención temprana es la falsa creencia de que el adolescente está manipulando a sus padres. «Si un chamo o adolescente amenaza con su vida para obtener atención, el problema de comunicación es mayor. Atentos entonces con esas frases ‘ahí está la tijera’ o ‘ahí está la ventana’.  Esto está contraindicado», advirtió el especialista.

El coordinador del Servicio de Atención Psicológica Crecer sin Violencia de Cecodap expresó que la atención psicosocial no es cosa de locos. “La mayoría de la gente que sufre, no es gente que se pueda meter en lo que uno llama ‘la locura’. Si hay una señal hay que atenderla y buscar el lugar donde puedan apoyar”, agregó.

Destacó que todas las personas pueden contribuir a prevenir del suicidio. “¿Cómo hacerlo? Si no sabemos, podemos buscar ayuda para ayudar. Hay que preguntarse: ¿cómo me hubiera gustado que me trataran a mí? No se trata de hacerlo perfecto, sino de tener la capacidad de conectar con el otro y reconocer nuestras fallas o carencias”, concluyó.

Lea también: Cuatro cosas que marcan la diferencia entre la vida y el suicidio

¿Políticas públicas?

Carlos Trapani, coordinador general de Cecodap, denunció que en el país no existen verdaderas practicas gubernamentales para prevenir el suicidio en la infancia y adolescencia del país. “Como país fallamos y abandonamos la salud mental”, destacó.

Sostuvo que hablar de suicidio, en la medida que las personas se sensibilicen, puede ayudar a la opinión publica a identificar sus derechos y las obligaciones que tiene el Estado en materia de salud mental. “Sin presupuesto no hay derecho y no habrá salud mental. Si no hay políticas gubernamentales para prevenir el suicidio, qué se puede hacer. No se les puede delegar solo a las familias buscar las formas de prevenir el suicidio y otros tipos de alteraciones del estado de ánimo”, enfatizó.

Trapani enfatizó que: “Tiene que haber espacios de participación de adolescentes, la salud mental se pude fortalecer en la medida en que los niños y adolescentes tengan espacios para hablar y contar sus problemas”.

Destacó que el Estado venezolano no genera políticas públicas para la prevención del suicidio; sin embargo dijo que existen iniciativas que no se pueden confundir con un plan metódico. “No tenemos que llegar a fase morgue, tenemos que evitarla. La prevención, la protección, el fortalecimiento de los padres y el acceso a la herramientas de cuidado, así como estrategias de autocuidado es fundamental para solventar este fenómeno”, señaló.

Lea también: Cecodap: El suicidio es un problema de salud publica que no se puede delegar solo a las familias

El impacto de las redes

Vanessa Moreno Losada, coordinadora del equipo de comunicaciones de Cecodap, expuso los beneficios y riesgos que tienen las redes sociales para hablar y prevenir el suicidio infantil.

Señaló que los medios de comunicación son una parte importante para la visibilización del problema como un asunto de salud pública. Sin embargo, existen factores sociales y culturales que ponen una barrera entre la información y la publicación de estas noticias.  “En Venezuela no existen datos oficiales sobre el suicidio infantil. Además, el estigma sobre le suicidio es tan grande en Venezuela que nos lleva a no hablarlo. Tenemos miedo de incentivar una cadena de suicidios.  Aunado a este contexto, los medios viven con la sombra de la persecución”, explicó.

Con este panorama, la forma que tienen los periodistas de acceder a la información es a través de fuentes extraoficiales como la policía. Moreno Losada destacó que estos datos muchas veces vienen sesgados o incompletos.  En cuanto a las familias, solo el 11% de los periodistas que se consultaron para un informe publicado en 2020 dicen que acuden a los miembros del circulo cercano del niño o la víctima de suicidio para retratar el hecho.

Entre las recomendaciones para manejar una comunicación digital que promueva la prevención se encuentran:

  • No juzgar a la familia. Evitar comentarios que responsabilicen a padres o docentes: «Se debe recordar que el suicidio es un asunto tan complejo que no tiene una sola causa. Evitemos apuntar que un niño o niña se suicida solo porque le quitaron el celular».
  • Asegurarse de divulgar los sitios en los que las familias pueden buscar apoyo.
  • No publicar fotos de la víctima, ni del sitio, ni de las cartas o notas suicidas.

«Hay que entender que el suicidio es un fenómeno que se puede prevenir. No se trata de que «es la única opción que tuvo la víctima». Con un post o un tweet podemos hacer que una persona encuentre un sitio seguro para ser escuchado y poder hablar de su sufrimiento», dijo.

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