Reporte de un suicidio, entre suposiciones y certezas

Lo maltrataban en casa. Lo obligaban a hacer tareas. Fue un accidente mientras jugaba. La muerte de Miguel Domínguez García está llena de especulaciones y conjeturas apresuradas. Sus padres lo encontraron sin vida en su cuarto el 10 de mayo. El resto, es periodismo de suposición.

Entre el lunes y martes, siguientes a la fecha de la muerte, en Venezuela se encendieron las redes sociales. Policialmente, el caso se manejó como suicidio y una vez más comenzó la estigmatización hacia la víctima y la familia. La alarma estuvo marcada por las supuestas razones detrás del fallecimiento: las tareas escolares. 

Las redes de Cecodap – y los chats de sus miembros – también fueron inundadas. “Muchos padres toman esa información para dejar de cumplir con las responsabilidades a distancia”, fue parte de la angustia tipeada y enviada a nosotros. Nos pusimos a indagar.

Encontramos que tres tipos de mensajes se repetían una y otra vez; en diferentes formatos y plataformas. Después de conversar con varias fuentes, sin ser exhaustivos en la consulta y sin querer emular un fact checking, encontramos que esos textos están, por lo mínimo, llenos de imprecisiones. 

Mensaje 1:

Cecodap intentó contactar a la directiva del colegio que aparece reseñado en el mensaje. A través de Asociación Nacional de Institutos Educativos Privados (Andiep), supimos que para el 12 de mayo, a las 9:00 am, los miembros de esta institución no tenían conocimiento de la muerte de Miguel. Al menos así nos lo hicieron saber.

Mensaje 2:

No existe el Colegio de Psicólogos de Venezuela. Así lo aseveró la Federación de Psicólogos de Venezuela en un comunicado que publicaron el 12 de mayo. “Expresamos nuestro categórico rechazo a este tipo de comunicados que lejos de contribuir al acompañamiento y orientación tan necesarios en estos momentos; desorienta y causa una mayor afectación emocional a familiares, allegados e incluso a la población”, agrega el documento.

Mensaje 3:

Engañoso, como dirían los fact checkers. No hubo carta, nos aseveran los allegados, y ni padres ni forenses podrían determinar a priori la motivación del suicidio. ¿Por qué? Nadie estuvo allí. Criminalistas explican que esta respuesta requiere un examen psicológico forense.

“Lo acostaron en la noche. Cuando lo fueron a buscar había muerto. ¿Cómo?, ¿por qué? Nadie lo sabe. Su madre está destrozada”, manifestó la amiga de la familia, con quien pudimos conversar.

¿Juzgar primero, investigar después?

Este texto no tendría lugar si hubiese una política real de acceso a la información en el país. La muerte de un niño, por ser población vulnerable, debe ser de interés público, en tanto que las causas que rodean su fallecimiento pueden ser prevenibles. 

A falta de información oficial, confiable, verificable y exhaustiva, en Venezuela periodistas y ciudadanos nos hemos acostumbrado a suplir esa ausencia. Especialmente el gremio periodístico busca llenar el vacío de información de los ciudadanos y se convierte en la única fuente de registro público. Una gran responsabilidad que a veces se olvida con la premura. La verificación lleva su tiempo, esfuerzo que la audiencia desconoce. En este país ser periodista es un ejercicio de equilibrio en la cuerda floja: por un lado tienes a tu jefe que pide que corrobores cada detalle; por el otro una audiencia que necesita estar informada.

La muerte de Miguel se dio a conocer como un caso de suicidio. Medios, periodistas y particulares divulgaron esta versión. Como una bola de nieve, a cada tuit o a cada réplica en un portal digital, se le iba adhiriendo más conjeturas. Incluso una de Miguel, junto a su hermana y padres. Al final, la familia terminó con un doble dolor por la pérdida y la estigmatización. A esto se le llama revictimización.

Periodistas, padres, madres, doctores, docentes, comerciantes y todo aquel que use su derecho a expresarse: Sí. La muerte de un niño nos debe consternar y movilizar a todos; pero, cuidemos cómo transmitimos el mensaje. Son personas de las que hablamos. La buena fe de querer ejercer nuestro derecho a la información se pierde si reportamos un hecho incompleto o completamos un dato con nuestra suposición. 

En palabras del Dart Center, “no caigamos en la trampa de la causa única”: “El reducir un suicidio a una causa única como el bullying, la bancarrota o un rompimiento romántico es un error común de reporteo, especialmente al principio de la cobertura. Las explicaciones en blanco y negro son atractivas – a todos nos gustaría respuestas sencillas después de una muerte inquietante – pero el camino que lleva a una persona a terminar con su propia vida nunca se trata de una sola cosa”.

Una máxima que me ha ayudado en el camino de escribir e informar sobre muertes es preguntarme, “si me tocara a mí, vivir un duelo como éste, ¿cómo me gustaría leerlo en las noticias?”. 

Entonces, ¿no reporto?

Conversaba con una colega sobre la tendencia de los medios a no reportar casos de suicidios, apegados al respeto del dolor y a la teoría de propagación de este tipo de muertes una vez se publique una. 

Pero, después de años de investigaciones, especialistas han podido demostrar que en el suicidio las asociaciones no son lineales. No es una cuenta con una sola variable. “Otros estudios sugieren que la cobertura cuidadosa e informada puede ayudar a reducir los suicidios y a educar al público sobre temas importantes de salud mental”, apunta el Dart Center.

Cuando reportamos un suicidio no hablamos de una situación excepcional. En 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) informó que cada 40 segundos ocurre un caso en el mundo, y que por año se registran 800.000 suicidios. En Venezuela, desde 2014 los suicidios en la población infantil van en alza. El año pasado Cecodap reportó 88 casos; mientras que en 2014 eran 11.

Es decir, el suicidio es un problema de salud pública. Cuando reportamos adecuadamente no solo ayudamos a la prevención, sino también a la atención de los familiares en duelo. 

Unicef y la Red Argentina de Periodismo Científico hicieron la tarea. Crearon un manual para hacer una cobertura apegada a los derechos humanos. Les comparto aquí unas preguntas que pueden servir de guía antes de dar click en “publicar”.  

  • ¿Evitamos especular con las causas y sugerir culpas sobre la víctima o familiares? 
  • ¿Evitamos publicar notas escritas por las personas suicidas y la descripción de métodos de suicidio? 
  • ¿Se incluyeron datos de servicio, como teléfonos para pedir ayuda a profesionales en salud mental y adolescencia?
  • ¿Se comunicó en algún lugar que el suicidio es prevenible? 
  • ¿Se difundió información sobre señales de advertencia de comportamiento suicida que pueden ayudar a personas cercanas a los niños o adolescentes para estar más atentos? 

Si puedes responder con un SÍ absoluto a estas reflexiones, dale enter y envía tu nota al a web.

Vanessa Moreno Losada Cecodap